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LIBRO PRIMERO DE SAMUEL
1
1 Hubo un hombre de Ramatáyim, sufita de la montaña de Efraím,
que se llamaba Elcaná, hijo de Yeroján, hijo de Elihú, hijo de Toju,
hijo de Suf, efraimita.
2 Tenía dos mujeres: una se llamaba Ana y la otra Peninná;
Peninná tenía hijos, pero Ana no los tenía.
3 Este hombre subía de año en año desde su ciudad para adorar y
ofrecer sacrificios a Yahveh Sebaot en Silo, donde estaban Jofní y Pinjás,
los dos hijos de Elí, sacerdotes de Yahveh.
4 El día en que Elcaná sacrificaba, daba sendas porciones a su
mujer Peninná y a cada uno de sus hijos e hijas,
5 pero a Ana le daba solamente una porción, pues aunque era su
preferida, Yahveh había cerrado su seno.
6 Su rival la zahería y vejaba de continuo, porque Yahveh la había
hecho estéril.
7 Así sucedía año tras año; cuando subían al templo de Yahveh
la mortificaba. Ana lloraba de continuo y no quería comer.
8 Elcaná su marido le decía: «Ana, ¿por qué lloras y no
comes? ¿Por qué estás triste? ¿Es que no soy para ti mejor que diez
hijos?»
9 Pero después que hubieron comido en la habitación, se levantó
Ana y se puso ante Yahveh. - El sacerdote Elí estaba sentado en su
silla, contra la jamba de la puerta del santuario de Yahveh.
10 Estaba ella llena de amargura y oró a Yahveh llorando sin
consuelo,
11 e hizo este voto: «¡Oh Yahveh Sebaot! Si te dignas mirar la
aflicción de tu sierva y acordarte de mí, no olvidarte de tu sierva y
darle un hijo varón, yo lo entregaré a Yahveh por todos los días de
su vida y la navaja no tocará su cabeza.»
12 Como ella prolongase su oración ante Yahveh, Elí observaba
sus labios.
13 Ana oraba para sí; se movían sus labios, pero no se oía su voz, y
Elí creyó que estaba ebria,
14 y le dijo: «¿Hasta cuándo va a durar tu embriaguez? ¡Echa
el vino que llevas!»
15 Pero Ana le respondió: «No, señor; soy una mujer acongojada;
no he bebido vino ni cosa embriagante, sino que desahogo mi alma ante
Yahveh.
16 No juzgues a tu sierva como una mala mujer; hasta ahora sólo
por pena y pesadumbre he hablado.»
17 Elí le respondió: «Vete en paz y que el Dios de Israel te
conceda lo que le has pedido.»
18 Ella dijo: «Que tu sierva halle gracia a tus ojos.» Se fue la
mujer por su camino, comió y no pareció ya la misma.
19 Se levantaron de mañana y, después de haberse postrado ante
Yahveh, regresaron, volviendo a su casa, en Ramá. Elcaná se unió a su
mujer Ana y Yahveh se acordó de ella.
20 Concibió Ana y llegado el tiempo dio a luz un niño a quien
llamó Samuel, «porque, dijo, se lo he pedido a Yahveh».
21 Subió el marido Elcaná con toda su familia, para ofrecer a
Yahveh el sacrificio anual y cumplir su voto,
22 pero Ana no subió, porque dijo a su marido: «Cuando el niño
haya sido destetado, entonces le llevaré, será presentado a Yahveh y
se quedará allí para siempre.»
23 Elcaná, su marido, le respondió: «Haz lo que mejor te parezca, y
quédate hasta que lo destetes; así Yahveh cumpla su palabra.» Se quedó,
pues, la mujer y amamantó a su hijo hasta su destete.
24 Cuando lo hubo destetado, lo subió consigo, llevando además
un novillo de tres años, una medida de harina y un odre de vino, e hizo
entrar en la casa de Yahveh, en Silo, al niño todavía muy pequeño.
25 Inmolaron el novillo y llevaron el niño a Elí
26 y ella dijo: «Oyeme, señor. Por tu vida, señor, yo soy la
mujer que estuvo aquí junto a ti, orando a Yahveh.
27 Este niño pedía yo y Yahveh me ha concedido la petición que
le hice.
28 Ahora yo se lo cedo a Yahveh por todos los días de su vida;
está cedido a Yahveh.» Y le dejó allí, a Yahveh.
2
1 Entonces Ana dijo esta oración: «Mi corazón exulta en
Yahveh, mi cuerno se levanta en Dios, mi boca se dilata contra mis
enemigos, porque me he gozado en tu socorro.
2 No hay Santo como Yahveh, (porque nadie fuera de ti), ni roca
como nuestro Dios.
3 No multipliquéis palabras altaneras. No salga de vuestra boca la
arrogancia. Dios de sabiduría es Yahveh, suyo es juzgar las acciones.
4 El arco de los fuertes se ha quebrado, los que tambalean se ciñen
de fuerza.
5 Los hartos se contratan por pan, los hambrientos dejan su
trabajo. La estéril da a luz siete veces, la de muchos hijos se
marchita.
6 Yahveh da muerte y vida, hace bajar al seol y retornar.
7 Yahveh enriquece y despoja, abate y ensalza.
8 Levanta del polvo al humilde, alza del muladar al indigente para
hacerle sentar junto a los nobles, y darle en heredad trono de gloria,
pues de Yahveh los pilares de la tierra y sobre ellos ha sentado el
universo.
9 Guarda los pasos de sus fieles, y los malos perecen en
tinieblas, (pues que no por la fuerza triunfa el hombre).
10 Yahveh, ¡quebrantados sus rivales! el Altísimo truena desde
el cielo. Yahveh juzga los confines de la tierra, da pujanza a su Rey,
exalta el cuerno de su Ungido.»
11 Partió Elcaná para Ramá, y el niño se quedó para servir a
Yahveh a las órdenes del sacerdote Elí.
12 Los hijos de Elí eran unos malvados que no conocían a Yahveh
13 ni las normas de los sacerdotes respecto del pueblo: cuando alguien
ofrecía un sacrificio, venía el criado del sacerdote, mientras se
estaba cociendo la carne, con el tenedor de tres dientes en la mano,
14 lo hincaba en el caldero o la olla, en la cacerola o el
puchero, y todo lo que sacaba el tenedor, el sacerdote se lo quebada; y
así hacían con todos los israelitas que iban allí, a Silo.
15 Incluso antes de que quemasen la grasa, venía el criado del
sacerdote y decía al que sacrificaba: «Dame carne para asársela al
sacerdote, no te aceptará carne hervida, sino solamente carne cruda.»
16 Y si el hombre le decías: «Primero se quema la grasa, y después
tomarás cuanto se te antoje», le respondía: «No, me lo darás ahora
o lo tomo por la fuerza.»
17 El pecado de los jóvenes era muy grande ante Yahveh, porque
trataban con desprecio la ofrenda hecha a Yahveh.
18 Estaba Samuel al servicio de Yahveh, muchacho vestido con efod
de lino.
19 Le hacía su madre un vestido pequeño que le llevaba de año
en año, cuando subía con su marido para ofrecer el sacrificio anual.
20 Bendecía luego Elí a Elcaná y a su mujer diciendo: «Que
Yahveh te conceda descendencia de esta mujer, a cambio del préstamo que
ella ha cedido a Yahveh.» Y ellos se volvían a su lugar.
21 En efecto, Yahveh visitó a Ana, que concibió y dio a luz tres
hijos y dos hijas; el niño Samuel crecía ante Yahveh.
22 Elí era muy anciano; oyó todo cuanto sus hijos hacían a todo
Israel,
23 y les dijo: «¿Por qué os portáis de ese modo que yo mismo he oído
comentar a todo el pueblo?
24 No, hijos míos, los rumores que oigo no son buenos...
25 Si un hombre peca contra otro hombre, Dios será el árbitro;
pero si el hombre peca contra Yahveh ¿quién intercederá por él?»
Pero ellos no escucharon la voz de su padre, porque Yahveh deseaba
hacerles morir.
26 Cuanto al niño Samuel, iba creciendo y haciéndose grato tanto
a Yahveh como a los hombres.
27 Vino un hombre de Dios a Elí y le dijo: Así ha dicho Yahveh.
Claramente me he revelado a la casa de tu padre, cuando ellos estaban en
Egipto al servicio de la casa de Faraón.
28 Y le elegí entre todas las tribus de Israel para ser mi
sacerdote, para subir a mi altar, incensar la ofrenda y llevar el efod
en mi presencia, y he concedido a la casa de tu padre parte en todos los
sacrificios por el fuego de los hijos de Israel.
29 ¿Por qué pisoteáis el sacrificio y la oblación que yo he
ordenado y pesan tus hijos más que yo, cebándoos con lo mejor de todas
las oblaciones de mi pueblo Israel?
30 Por eso - palabra de Yahveh, Dios de Israel - yo había dicho
que tu casa y la casa de tu padre andarían siempre en mi presencia,
pero ahora - palabra de Yahveh - me guardaré bien de ello. Porque a los
que me honran, yo les honro, pero los que me desprecian son viles.
31 He aquí que vienen días en que amputarán tu brazo y el brazo
de la casa de tu padre, de suerte que en tu casa los hombres no lleguen
a madurar.
32 Tú mirarás al lado de la Morada todo el bien que yo haga a
Israel y nunca habrá hombres maduros en tu casa.
33 Conservaré a alguno de los tuyos cabe mi altar para que sus ojos se
consuman y su alma se marchite, pero la mayor parte de los tuyos perecerá
por la espada de los hombres.
34 Será para ti señal lo que va a suceder a tus dos hijos Jofní
y Pinjás: en el mismo día morirán los dos.
35 Yo me suscitaré un sacerdote fiel, que obre según mi corazón
y mis deseos, le edificaré una casa permanente y caminará siempre en
presencia de mi ungido.
36 El que quedare de tu casa vendrá a postrarse ante él para
conseguir algún dinero o una torta de pan y dirá: "Destíname,
por favor, a una función sacerdotal cualquiera, para que tenga un
bocado de pan que comer."»
3
1 Servía el niño Samuel a Yahveh a las órdenes de Elí; en
aquel tiempo era rara la palabra de Yahveh, y no eran corrientes las
visiones.
2 Cierto día, estaba Elí acostado en su habitación - sus ojos
iban debilitándose y ya no podía ver -
3 no estaba aún apagada la lámpara de Dios, y Samuel estaba acostado
en el Santuario de Yahveh, donde se encontraba el arca de Dios.
4 Llamó Yahveh: «¡Samuel, Samuel!» El respondió: «¡Aquí
estoy!»,
5 y corrió donde Elí diciendo: «¡Aquí estoy, porque me has
llamado.» Pero Elí le contestó: «Yo no te he llamado; vuélvete a
acostar.» El se fue y se acostó.
6 Volvió a llamar Yahveh: «¡Samuel!» Se levantó Samuel y se
fue donde Elí diciendo: «Aquí estoy, porque me has llamado.» Elí le
respondió: «Yo no te he llamado, hijo mío, vuélvete a acostar.»
7 Aún no conocía Samuel a Yahveh, pues no le había sido
revelada la palabra de Yahveh.
8 Tercera vez llamó Yahveh a Samuel y él se levantó y se fue
donde Elí diciendo: «Aquí estoy, porque me has llamado.» Comprendió
entonces Elí que era Yahveh quien llamaba al niño,
9 y dijo a Samuel: «Vete y acuéstate, y si te llaman, dirás:
Habla, Yahveh, que tu siervo escucha.» Samuel se fue y se acostó en su
sitio.
10 Vino Yahveh, se paró y llamó como las veces anteriores «Samuel,
Samuel!» Respondió Samuel: «¡Habla, que tu siervo escucha.»
11 Dijo Yahveh a Samuel: «Voy a ejecutar una cosa tal en Israel,
que a todo el que la oiga le zumbarán los oídos.
12 Ese día cumpliré contra Elí todo cuanto he dicho contra su
casa, desde el principio hasta el fin.
13 Tú le anunciarás que yo condeno su casa para siempre, porque sabía
que sus hijos vilipendiaban a Dios y no los ha corregido.
14 Por esto juro a la casa de Elí que ni sacrificio ni oblación
expiarán jamás la iniquidad de la casa de Elí.»
15 Samuel siguió acostado hasta la mañana y después abrió las
puertas de la Casa de Yahveh. Samuel temía contar la visión a Elí,
16 pero Elí le llamó y le dijo: «Samuel, hijo mío»; él
respondió: «Aquí estoy.»
17 El preguntó: «¿Qué es lo que te ha dicho? ¡No me ocultes
nada! Que Dios te haga esto y añada esto otro si me ocultas una palabra
de lo que te ha dicho.»
18 Entonces Samuel se lo manifestó todo, sin ocultarle nada; Elí
dijo: «El es Yahveh. Que haga lo que bien le parezca.»
19 Samuel crecía, Yahveh estaba con él y no dejó caer en tierra
ninguna de sus palabras.
20 Todo Israel, desde Dan hasta Berseba, supo que Samuel estaba
acreditado como profeta de Yahveh.
21 Yahveh continuó manifestándose en Silo, porque en Silo se
revelaba a Samuel la palabra de Yahveh.
4
1 Y la palabra de Samuel llegaba a todo Israel. Elí era muy
anciano, mientras que sus hijos persistían en su malvada conducta
respecto de Yahveh. Ocurrió en aquel tiempo que los filisteos se
reunieron para combatir a Israel, y los israelitas salieron a su
encuentro para el combate. Acamparon cerca de Eben Haézer, mientras que
los filisteos habían acampado en Afeq.
2 Se pusieron los filisteos en orden de batalla contra Israel; se
libró un gran combate y fue batido Israel por los filisteos, muriendo
en las filas, en campo abierto, cerca de 4.000 hombres.
3 Volvió el ejército al campamento, y los ancianos de Israel dijeron:
«¿Por qué nos ha derrotado hoy Yahveh delante de los filisteos? Vamos
a buscar en Silo el arca de nuestro Dios; que venga en medio de nosotros
y que nos salve del poder de nuestros enemigos.»
4 El pueblo envió a Silo y sacaron de allí el arca de Yahveh
Sebaot que está sobre los querubines; acompañaron al arca Jofní y
Pinjás, los dos hijos de Elí.
5 Cuando el arca de Yahveh llegó al campamento, todos los
israelitas lanzaron un gran clamor que hizo retumbar las tierras.
6 Los filisteos oyeron el estruendo del clamoreo y dijeron: «¿Qué
significa este gran clamor en el campamento de los hebreos?» Y se
enteraron de que el arca de Yahveh había llegado al campamento.
7 Temieron entonces los filisteos, porque se decían: «Dios ha
venido al campamento.» Y exclamaron: «¡Ay de nosotros! Nunca había
sucedido tal cosa.
8 ¡Ay de nosotros! ¿Quién nos librará de la mano de estos
dioses poderosos? ¡Estos son los dioses que castigaron a Egipto con
toda clase de plagas en el desierto!
9 ¡Cobrad ánimo y sed hombres, filisteos, para no tener que
servir a los hebreos como ellos os han servido a vosotros; sed hombres y
pelead!»
10 Trabaron batalla los filisteos. Israel fue batido y cada cual
huyó a sus tiendas; la mortandad fue muy grande, cayendo de Israel
30.000 infantes.
11 El arca de Dios fue capturada y murieron Jofní y Pinjás, los
dos hijos de Elí.
12 Un hombre de Benjamín salió corriendo del campo de batalla y
llegó a Silo aquel mismo día, con los vestidos rotos y la cabeza
cubierta de polvo.
13 Cuando llegó, estaba Elí en su asiento, a la puerta, atento al
camino, porque su corazón temblaba por el arca de Dios. Vino, pues,
este hombre a traer la noticia a la ciudad, y toda la ciudad comenzó a
gritar.
14 Oyó Elí los gritos y preguntó: «¿Qué tumulto es éste?»
Diose prisa el hombre y se lo anunció a Elí.
15 Contaba éste 98 años, tenía las pupilas inmóviles y
no podía ver.
16 El hombre dijo a Elí: «Vengo del campo de batalla, he huido
hoy del campo.» Elí preguntó: ¿Qué ha pasado, hijo mío?»
17 El mensajero respondió: «Israel ha huido ante los filisteos.
Además el ejército ha sufrido una gran derrota, también han muerto
tus dos hijos y hasta el arca de Dios ha sido capturada.»
18 A la mención del arca de Dios, cayó Elí de su asiento, hacia
atrás, en medio de la puerta, se rompió la nuca y murió, pues era
anciano y estaba ya torpe. Había sido juez en Israel durante cuarenta años.
19 Su nuera, la mujer de Pinjás, estaba encinta y para dar a luz.
Cuando oyó la noticia de que el arca de Dios había sido capturada y la
muerte de su suegro y su marido, se encogió y dio a luz, pues la habían
acometido sus dolores.
20 Estando a la muerte, las que la asistían le dijeron: «Animo,
que es un niño lo que has dado a luz», pero ella no respondió ni
prestó atención.
21 Llamó al niño Ikabod, diciendo: «La gloria ha sido
desterrada de Israel», aludiendo a la captura del arca de Dios, a su
suegro y a su marido.
22 Y dijo: «La gloria ha sido desterrada de Israel, porque el
arca de Dios ha sido capturada.»
5
1 Los filisteos, por su parte, tomaron el arca de Dios y la
llevaron de Eben Haézer a Asdod.
2 Tomaron los filisteos el arca de Dios, la introdujeron en el
templo de Dagón y la colocaron al lado de Dagón.
3 A la mañana siguiente vinieron los asdodeos al templo de Dagón y he
aquí que Dagón estaba caído de bruces en tierra, delante del arca de
Yahveh. Levantaron a Dagón y le volvieron a su sitio.
4 Pero a la mañana siguiente temprano, Dagón estaba caído de
bruces en tierra, delante del arca de Yahveh y la cabeza de Dagón y sus
dos manos estaban rotas en el umbral; sólo quedaba el tronco de Dagón.
5 Por eso los sacerdotes de Dagón y todos los que entran en el
templo de Dagón no pisan el umbral de Dagón en Asdod hasta el día de
hoy.
6 La mano de Yahveh cayó pesadamente sobre los asdodeos hiriéndolos
con tumores, a Asdod y su comarca.
7 Cuando los vecinos de Asdod vieron lo que sucedía, dijeron: «Que
no se quede entre nosotros el arca del Dios de Israel, porque su mano se
ha endurecido contra nosotros y contra nuestro dios Dagón.»
8 Hicieron, pues, convocar junto a ellos a todos los tiranos de
los filisteos y dijeron: «¿Qué debemos hacer con el arca del Dios de
Israel?» Decidieron: «El arca del Dios de Israel se trasladará a Gat.»
Y trasladaron allí el arca del Dios de Israel.
9 Pero así que la trasladaron, la mano de Yahveh cayó sobre la
ciudad provocando gran terror; los varones de la ciudad, desde el más
pequeño hasta el mayor, fueron castigados, saliéndoles tumores.
10 Enviaron entonces el arca de Dios a Ecrón, exclamaron los
ecronitas: Han encaminado hacia mí el arca del Dios de Israel para
hacerme perecer con mi pueblo.»
11 Hicieron convocar a todos los tiranos de los filisteos y
dijeron: «Devolved el arca del Dios de Israel; que vuelva a su sitio y
no me haga morir a mí y a mi pueblo.» Pues había un terror mortal en
toda la ciudad, porque descargó allí duramente la mano de Dios.
12 Los que no murieron fueron atacados de tumores y los alaridos
de angustia de la ciudad subieron hasta el cielo.
6
1 Siete meses estuvo el arca de Yahveh en territorio filisteo.
2 Llamaron los filisteos a los sacerdotes y adivinos y
preguntaron: «¿Qué debemos hacer con el arca de Yahveh? Hacednos
saber cómo la hemos de enviar a su sitio.»
3 Ellos respondieron: «Si queréis devolver el arca del Dios de Israel,
no la devolváis de vacío, ofrecedle una reparación y entonces sanaréis
y sabréis por qué no se ha apartado su mano de vosotros.»
4 Preguntaron ellos: «¿Qué reparación hemos de ofrecer?» Y
respondieron: «Conforme al número de los tiranos de los filisteos,
cinco tumores de oro y cinco ratas de oro, porque el mismo castigo sufrís
vosotros que vuestros tiranos.
5 Haced imágenes de vuestros tumores y de vuestras ratas que
devastan el país y dad gloria al Dios de Israel. Acaso aligere su mano
de sobre vosotros, vuestros dioses y vuestra tierra.
6 ¿Por qué habéis de endurecer vuestros corazones como
endurecieron su corazón los egipcios y Faraón? ¿No los tuvieron que
dejar partir después que Dios los hubo maltratado?
7 Ahora, pues tomad y preparad una carreta nueva y dos vacas que
estén criando y que no hayan llevado yugo; unciréis las vacas a la
carreta y haréis volver sus becerros al establo.
8 Tomaréis el arca de Yahveh y la pondréis sobre la carreta.
Cuanto a los objetos de oro que le habéis ofrecido como reparación,
los meteréis en un cofre a su lado, y la dejaréis marchar.
9 Y fijaos: si toma el camino de su país, hacia Bet Semes, es él
el que nos ha causado esta gran calamidad; si no, sabremos que no ha
sido su mano la que nos ha castigado y que todo esto nos ha sucedido por
casualidad.»
10 Así lo hicieron aquellos hombres: tomaron dos vacas que
estaban criando y las uncieron a la carreta, pero retuvieron las crías
en el establo.
11 Colocaron sobre la carreta el arca de Yahveh y el cofre con las
ratas de oro y las imágenes de sus tumores.
12 Tomaron las vacas en derechura por el camino de Bet Semes y
mantuvieron la misma ruta; caminaban mugiendo, sin desviar ni a derecha
ni a izquierda. Los tiranos de los filisteos las siguieron hasta los
confines de Bet Semes.
13 Estaban los de Bet Semes segando el trigo en el valle, y alzando la
vista vieron el arca y fueron gozosos a su encuentro.
14 Al llegar la carreta al campo de Josué de Bet Semes, se
detuvo; había allí una gran piedra. Astillaron la madera de la carreta
y ofrecieron las vacas en holocausto a Yahveh.
15 Los levitas bajaron el arca de Yahveh y el cofre que estaba a
su lado y que contenía los objetos de oro, y lo depositaron todo sobre
la gran piedra. Los de Bet Semes ofrecieron aquel día holocaustos e
hicieron sacrificios a Yahveh.
16 Cuando los cinco tiranos filisteos lo vieron, se tornaron a Ecrón
el mismo día.
17 Estos son los tumores de oro que los filisteos ofrecieron en
reparación a Yahveh: uno por Asdod, uno por Gaza, uno por Ascalón, uno
por Gat, uno por Ecrón.
18 Y ratas de oro, tantas cuantas son las ciudades de los
filisteos, las de los cinco tiranos, desde las ciudades fortificadas
hasta las aldeas abiertas. Testigo, la gran piedra sobre la que se colocó
el arca de Yahveh y que está en el campo de Josué de Bet Semes, hasta
el día de hoy.
19 De entre los habitantes de Bet Semes, los hijos de Jeconías no
se alegraron cuando vieron el arca de Yahveh y castigo Yahveh a setenta
de sus hombres. El pueblo hizo duelo porque Yahveh los había castigado
duramente.
20 Dijeron entonces las gentes de Bet Semes: «¿Quién podrá
resistir delante de Yahveh, el Dios Santo? ¿A quién subirá, alejándose
de nosotros?
21 Enviaron mensajeros a los habitantes de Quiryat Yearim para
decirles: «Los filisteos han devuelto el arca de Yahveh. Bajad y
subidla con vosotros.»
7
1 Vinieron las gentes de Quiryat Yearim y subieron el arca de
Yahveh. La llevaron a la casa de Abinadab, en la loma, y consagraron a
su hijo Eleazar para que custodiase el arca de Yahveh.
2 Pasaron muchos días - veinte años - desde el día en que el
arca se instaló en Quiryat Yearim, y toda la casa de Israel suspiró
por Yahveh.
3 Entonces Samuel habló así a toda la casa de Israel: «Si os volvéis
a Yahveh con todo vuestro corazón, quitad de en medio de vosotros los
dioses extranjeros y las Astartés, fijad vuestro corazón en Yahveh y
servidle a él solo y entonces él os librará de la mano de los
filisteos.»
4 Los israelitas quitaron los Baales y las Astartés y sirvieron sólo
a Yahveh.
5 Samuel dijo: «Congregad a todo Israel en Mispá y yo suplicaré
a Yahveh por vosotros.»
6 Se congregaron, pues, en Mispá, sacaron agua, que derramaron
ante Yahveh, ayunaron aquel día y dijeron: «Hemos pecado contra
Yahveh.» Samuel juzgó a los israelitas en Mispá.
7 Cuando los filisteos supieron que los israelitas se habían
reunido en Mispá, subieron los tiranos de los filisteos contra Israel.
Habiéndolo oído los israelitas, temieron a los filisteos
8 y dijeron los israelitas a Samuel: «No dejes de invocar a
Yahveh nuestro Dios, para que él nos salve de la mano de los filisteos.»
9 Tomó Samuel un cordero lechal y lo ofreció entero en
holocausto a Yahveh, invocó a Yahveh en favor de Israel y Yahveh le
escuchó.
10 Estaba Samuel ofreciendo el holocausto, cuando los filisteos
presentaron batalla a Israel, pero tronó Yahveh aquel día con gran
estruendo sobre los filisteos, los llenó de terror y fueron batidos
ante Israel.
11 Los hombres de Israel salieron de Mispá y persiguieron a los
filisteos desbaratándolos hasta más abajo de Bet Kar.
12 Tomó entonces Samuel una piedra y la erigió entre Mispá y
Yesaná y le dio el nombre de Eben Haézer, diciendo: «Hasta aquí nos
ha socorrido Yahveh.»
13 Los filisteos fueron humillados. No volvieron más sobre el
territorio de Israel y la mano de Yahveh pesó sobre los filisteos
durante toda la vida de Samuel.
14 Las ciudades que los filisteos habían tomado a los israelitas
fueron devueltas a Israel, desde Ecrón hasta Gat, liberando Israel su
territorio del dominio de los filisteos. Y hubo paz entre Israel y los
amorreos.
15 Samuel juzgó a Israel todos los días de su vida.
16 Hacía cada año un recorrido por Betel, Guilgal, Mispá,
juzgando a Israel en todos estos lugares.
17 Después se volvía a Ramá porque allí tenía su casa, y
juzgaba a Israel. Y edificó allí un altar a Yahveh.
8
1 Cuando Samuel se hizo viejo, puso a sus hijos como jueces en
Israel.
2 Su primogénito se llamaba Joel y el otro, Abías; juzgaban en
Israel en Berseba.
3 Pero sus hijos no siguieron su camino: fueron atraídos por el lucro,
aceptaron regalos y torcieron el derecho.
4 Se reunieron, pues, todos los ancianos de Israel y se fueron
donde Samuel a Ramá,
5 y le dijeron: «Mira, tú te has hecho viejo y tus hijos no
siguen tu camino. Pues bien, ponnos un rey para que nos juzgue, como
todas las naciones.»
6 Disgustó a Samuel que dijeran: «Danos un rey para que nos
juzgue» e invocó a Yahveh. .
7 Pero Yahveh dijo a Samuel: «Haz caso a todo lo que el pueblo te
dice. Porque no te han rechazado a ti, me han rechazado a mí, para que
no reine sobre ellos.
8 Todo lo que ellos me han hecho desde el día que los saqué de
Egipto hasta hoy, abandonándome y sirviendo a otros dioses, te han
hecho también a ti.
9 Escucha, sin embargo, su petición. Pero les advertirás
claramente y les enseñarás el fuero del rey que va a reinar sobre
ellos.»
10 Samuel repitió todas estas palabras de Yahveh al pueblo que le
pedía un rey,
11 diciendo: «He aquí el fuero del rey que va a reinar sobre
vosotros. Tomará vuestros hijos y los destinará a sus carros y a sus
caballos y tendrán que correr delante de su carro.
12 Los empleará como jefes de mil y jefes de cincuenta; les hará
labrar sus campos, segar su cosecha, fabricar sus armas de guerra y los
arreos de sus carros.
13 Tomara vuestras hijas para perfumistas, cocineras y panaderas.
14 Tomará vuestros campos, vuestras viñas y vuestros mejores
olivares y se los dará a sus servidores.
15 Tomará el diezmo de vuestros cultivos y vuestras viñas para dárselo
a sus eunucos y a sus servidores.
16 Tomará vuestros criados y criadas, y vuestros mejores bueyes y
asnos y les hará trabajar para él.
17 Sacará el diezmo de vuestros rebaños y vosotros mismos seréis
sus esclavos.
18 Ese día os lamentaréis a causa del rey que os habéis
elegido, pero entonces Yahveh no os responderá.»
19 El pueblo no quiso eschuchar a Samuel y dijo: «¡No! Tendremos
un rey
20 y nosotros seremos también como los demás pueblos: nuestro
rey nos juzgará, irá al frente de nosotros y combatirá nuestros
combates.»
21 Oyó Samuel todas las palabras del pueblo y las repitió a los
oídos de Yahveh.
22 Pero Yahveh dijo a Samuel: «Hazles caso y ponles un rey.»
Samuel dijo entonces a todos los hombres de Israel: «Volved cada uno a
vuestra ciudad.»
9
1 Había un hombre de Benjamín, llamado Quis, hijo de Abiel,
hijo de Seror, hijo de Bekorat, hijo de Afiaj. Era un benjaminita y
hombre bien situado.
2 Tenía un hijo llamado Saúl, joven aventajado y apuesto. Nadie
entre los israelitas le superaba en gallardía; de los hombros arriba
aventajaba a todos.
3 Se habían extraviado unas asnas pertenecientes a su padre Quis. Dijo
Quis a su hijo Saúl: «Toma contigo uno de los criados y vete a buscar
las asnas.»
4 Atravesaron la montaña de Efraím y cruzaron el territorio de
Salisá sin encontrar nada; crusaron el país de Saalim, pero no estaban
allí, atravesaron el país de Benjamín sin encontrar nada.
5 Cuando llegaron a la comarca de Suf, dijo Saúl a su criado que
le acompañaba: «Vamos a volvernos, no sea que mi padre olvidando las
asnas se inquiete por nosotros.»
6 Pero él respondió: «Cabalmente hay en esta ciudad un hombre
de Dios. Es hombre acreditado: todo lo que dice se cumple con seguridad.
Vamos, pues, allá y acaso nos oriente acerca del viaje que hemos
emprendido.»
7 Saúl dijo a su criado: «Vamos a ir, pero ¿qué ofreceremos a
ese hombre? No queda pan en nuestros zurrones y no tenemos ningún
regalo que llevar al hombre de Dios. ¿Qué le podemos dar?»
8 Replicó el criado y dijo a Saúl: «Es el caso que tengo en mi
poder un cuarto de siclo de plata; se lo daré al hombre de Dios y nos
orientará sobre nuestro viaje.»
9 Antes, en Israel, cuando alguien iba a consultar a Dios, decía:
«Vayamos al vidente,» porque en vez de «profeta» como hoy, antes se
decía «vidente».
10 Saúl dijo a su criado: «Tienes razón; vamos, pues.» Y se
fueron a la ciudad donde se encontraba el hombre de Dios.
11 Cuando subían por la cuesta de la ciudad, encontraron a unas
muchachas que salían a sacar agua y les preguntaron: «¿Está aquí el
vidente?»
12 Ellas les respondieron con estas palabras: «Sí, ahí delante
está el vidente. Cabalmente acaba de llegar ahora a la ciudad, porque
hay hoy un sacrificio por el pueblo en el alto.
13 En cuanto entréis en la ciudad, le encontraréis antes de que suba
al alto para la comida. El pueblo no comerá antes que él llegue,
porque es él quien ha de bendecir el sacrificio; y a continuación
comerán los invitados. Subid ahora y al momento le encontraréis.»
14 Subieron, pues, a la ciudad. Entraban ellos por la puerta,
cuando Samuel salía en dirección a ellos para subir al alto.
15 Ahora bien, la víspera de la venida de Saúl había hecho
Yahveh está revelación a Samuel:
16 «Mañana, a esta misma hora, te enviaré un hombre de la
tierra de Benjamín, le ungirás como jefe de mi pueblo Israel y él
librará a mi pueblo de la mano de los filisteos, porque he visto la
aflicción de mi pueblo y su clamor ha llegado hasta mí.»
17 Y cuando Samuel vio a Saúl, Yahveh le indicó: «Este es el
hombre del que te he hablado. El regirá a mi pueblo.»
18 Saúl se acercó a Samuel en medio de la puerta, y le dijo: «Indícame,
por favor, dónde está la casa del vidente.»
19 Samuel respondió a Saúl: Yo soy el vidente; sube delante de mí
al alto y comeréis hoy conmigo. Mañana por la mañana te despediré y
te descubriré todo lo que hay en tu corazón.
20 No te preocupes por las asnas que perdiste hace tres días,
porque ya han aparecido. Por lo demás, ¿para quién es lo mejor de
Israel? ¿No es para ti y para la casa de tu padre?»
21 Saúl respondió: ¿No soy yo de Benjamín, la menor de las
tribus de Israel? ¿No es mi familia la más pequeña de todas las de la
tribu de Benjamín? ¿Cómo me dices estas cosas?»
22 Tomó Samuel a Saúl y a su criado y los hizo entrar en la
sala, y les dio un asiento a la cabecera de los invitados, que eran unos
treinta.
23 Después dijo Samuel al cocinero: «Sirve la porcíon que te entregué,
la que te dije que pusieras aparte.»
24 Tomó el cocinero la pierna y el rabo poniéndolos delante de
Saúl. Y dijo: «Aquí tienes, ante ti, lo que se guardó. Come...»
Aquel día Saúl comió con Samuel.
25 Bajaron del alto a la ciudad. Se extendió una estera para Saúl
en el terrado,
26 y se acostó. Cuando apuntó el alba, llamó Samuel a Saúl en
el terrado y le dijo: «Levántate, que voy a despedirte.» Se levantó
Saúl y salieron ambos afuera, Samuel y Saúl.
27 Habían bajabo hasta las afueras de la ciudad, cuando Samuel
dijo a Saúl: «Manda a tu criado que se adelante, y tú quédate ahora
para que te de a conocer la palabra de Dios.»
10
1 Tomó Samuel el cuerno de aceite y lo derramó sobre la
cabeza de Saúl, y después le besó diciendo: «¿No es Yahveh quien te
ha ungido como jefe de su pueblo Israel? Tú regirás al pueblo de
Yahveh y le librarás de la mano de los enemigos que le rodean. Y ésta
será para ti la señal de que Yahveh te ha ungido como caudillo de su
heredad.
2 En cuanto te separes hoy de mí, encontrarás dos hombres junto
a la tumba de Raquel, sobre la frontera de Benjamín... y ellos te dirán:
"Las asnas que has ido a buscar ya han aparecido. Ahora tu padre ha
olvidado el asunto de las asnas y está preocupado por vosotros,
diciendo: ¿Qué debo hacer por mi hijo?"
3 Pasando más allá, y en llegando a la Encina del Tabor, encontrarás
tres hombres que suben hacia Dios, a Betel, uno llevará tres cabritos,
otro llevará tres tortas de pan, y el tercero llevará un odre de vino.
4 Te saludarán y te darán dos panes, que tú tomarás de su
mano.
5 Llegarás después a Guibeá de Dios (donde se encuentra el
gobernador de los filisteos) y a la entrada de la ciudad tropezarás con
un grupo de profetas que bajan del alto, precedidos del añafil, el
adufe, la flauta y la cítara, en trance profético.
6 Te invadirá entonces el espíritu de Yahveh, entrarás en
trance con ellos y quedarás cambiado en otro hombre.
7 Cuando se te hayan cumplido estas señales, haz lo que te
viniere a mano, porque Dios está contigo.
8 Bajarás delante de mí a Guilgal, y yo me reuniré allí
contigo para ofrecer holocaustos y sacrificios de comunión. Esperarás
siete días a que yo vaya a tu encuentro y te diré lo que debes hacer.»
9 Apenas volvió las espaldas para dejar a Samuel, le cambió Dios
el corazón y todas las señales se realizaron aquel mismo día.
10 Desde allí fueron a Guibeá, y he aquí que venía frente a él
un grupo de profetas; le invadió el espíritu de Dios y se puso en
trance en medio de ellos.
11 Los que le conocían de toda la vida le vieron profetizando con
los profetas, y todos los del pueblo se decían entre sí: «¿Qué le
ha pasado al hijo de Quis? ¿Conque también Saúl anda entre los
profetas?»
12 Replicó uno de allá: «Y ¿quién es su padre?» Y así pasó
a proverbio: «¿Conque también Saúl entre los profetas?».
13 Y cuando salió del trance se fue a casa.
14 El tío de Saúl le dijo a él y a su criado: «¿A dónde habéis
ido?» Contestó: «A buscar las asnas. Y como no vimos nada, acudimos a
Samuel.»
15 Dijo el tío de Saúl: Vamos, cuéntame qué os ha dicho
Samuel.»
16 Saúl dijo a su tío: «Sencillamente, nos avisó que las asnas
habían aparecido.» Pero no le dijo ni palabra de lo que le había
dicho Samuel acerca del reino.
17 Samuel convocó al pueblo en Mispá junto a Yahveh.
18 Y dijo a los israelitas: Así ha dicho Yahveh, el Dios de
Israel: Yo hice subir a Israel de Egipto y os libré de los egipcios y
de todos los reinos que os tenían oprimidos.
19 Pero vosotros ahora habéis rechazado a vuestro Dios, a aquel
mismo que os salvó de todos vuestros males y aprietos, y le habéis
dicho: "No: tú ponnos un rey." Ahora, pues, compareced
delante de Yahveh distribuidos por tribus y familias.»
20 Samuel hizo acercarse a todas las tribus de Israel y fue
designada la tribu de Benjamín.
21 Hizo que se acercara la tribu de Benjamín por familias y fue
designada la familia de Matrí, y luego mandó acercarse a la familia de
Matrí por inviduos y quedó finalmente Saúl, hijo de Quis, y le
buscaron, pero no le encontraron.
22 Entonces volvieron a interrogar a Yahveh: «¿Ha venido ése?»
Dijo Yahveh: «Aquí le tenéis escondido entre la impedimenta.»
23 Corrieron y lo sacaron de allí y, puesto en medio del pueblo, les
llevaba a todos la cabeza.
24 Dijo Samuel a todo el pueblo: «¿Veis al que ha elegido
Yahveh? No hay como él en todo el pueblo.» Y todo el pueblo gritó:
«¡Viva el rey!».
25 Samuel dictó al pueblo el fuero real y lo puso por escrito,
depositándolo delante de Yahveh, y despidió Samuel a cada cual a su
casa.
26 También Saúl se fue a su casa, a Guibeá; le acompañaron
algunos valientes a quienes Dios tocó el corazón.
27 Pero algunos malvados dijeron: «Qué nos va a salvar ése!» Y
le despreciaron y no le llevaron regalos. Cosa de un mes más tarde,
11
1 subió Najás el ammonita, y acampó contra Yabés de Galaad.
Y todos los de Yabés dijeron a Najás. «Ponnos condiciones y te
serviremos.»
2 Dijo Najás el ammonita: «Estas son mis condiciones: saltar a
todos el ojo derecho y quedará en ridículo todo Israel.»
3 Y los ancianos de Yabés le dijeron: «Danos una tregua de siete días
y mandaremos mensajeros por todo el territorio de Israel y, si no hay
quien nos socorra, entonces nos rendiremos a ti.»
4 Llegaron los mensajeros a Guibeá de Saúl, y dijeron estas
palabras a oídos del pueblo, y todo el pueblo lloró a voces.
5 He aquí que venía Saúl del campo detrás de los bueyes y
dijo:«¿Qué tiene el pueblo que esta llorando?», y le contaron las
palabras de los de Yabés.
6 Invadió a Saúl el espíritu de Dios en oyendo estas palabras,
y se irritó sobremanera.
7 Y tomando una yunta de bueyes los despedazó y los repartió por
todo el territorio de Israel por medio de mensajeros, diciendo: «Así
se hará con los bueyes del que no salga detrás de Saúl.» Y el temor
de Yahveh cayó sobre el pueblo, y salieron como un solo hombre.
8 Les pasó revista en Bézeq, y eran los israelitas 300.000 y los
de Judá 30.000.
9 Dijeron a los mensajeros que habían venido: «Así diréis a
los de Yabés de Galaad: Mañana, cuando el sol apriete , seréis
liberados.» Fueron los mensajeros y lo anunciaron a los de Yabés, que
se alegraron.
10 Y dijeron los de Yabés a Najás: «Mañana salimos a vosotros
y hacéis con nosotros lo que mejor os parezca.»
11 A la mañana siguiente dispuso Saúl a sus hombres en tres
columnas que irrumpieron en el campamento durante la guardia de la
madrugada, y batieron a los ammonitas hasta que apretó el sol. Y los
demás huyeron no quedando dos juntos.
12 El pueblo dijo a Samuel: «¿Quién andaba preguntando si Saúl
iba a reinar sobre nosotros? Dadnos esos hombres y los haremos morir.»
13 Pero Saúl dijo: «Que no muera nadie en este día, porque Yahveh ha
realizado hoy una liberación en Israel.»
14 Samuel dijo al pueblo: «Vamos todos a Guilgal e inauguraremos
allí la monarquía.»
15 Fue todo el pueblo a Guilgal, y allí en Guilgal, proclamaron
rey a Saúl delante de Yahveh, ofreciendo allí sacrificios de communión
delante de Yahveh; y Saúl y todos los israelitas se alegraron en
extremo.
12
1 Samuel dijo a todo Israel: «Ya veis que os he atendido en
todo lo que me habéis pedido y he puesto un rey sobre vosotros.
2 En adelante, el rey marchara delante de vosotros. Cuanto a mí,
he envejecido y encanecido, y mis hijos entre vosotros están. He andado
delante de vosotros desde mi juventud hasta hoy.
3 Aquí me tenéis. Atestiguad contra mí delante de Yahveh y delante de
su ungido. ¿De quién he tomado yo el buey o de quién he tomado el
asno? ¿A quién he atropellado u oprimido? ¿Quién me ha sobornado
para que cerrara los ojos? Yo os lo restituiré.»
4 Respondieron: «No nos has atropellado ni oprimido, y nada has
recibido de nadie.»
5 El les dijo: «Yahveh es testigo contra vosotros, y su ungido es
testigo hoy de que vosotros no habéis encontrado nada en mis manos.»
Respondieron: «Es testigo.»
6 Dijo entonces Samuel al pueblo: «Testigo es aquel Yahveh que
suscitó a Moisés y Aarón y que hizo subir a vuestros padres del país
de Egipto.
7 Presentaos ahora para que yo pleitee con vosotros ante Yahveh y
para recordaros todos los beneficios que Yahveh ha llevado a cabo en
favor vuestro y de vuestros padres.
8 Cuando Jacob entró en Egipto, los egipcios los oprimieron y
vuestros padres clamaron a Yahveh. Entonces Yahveh envió a Moisés y
Aarón que sacaron a vuestros padres de Egipto y los puso en este lugar.
9 Pero ellos olvidaron a Yahveh su Dios, y él los entregó en
manos de Sísara, jefe del ejército de Jasor, en manos de los filisteos
y del rey de Moab, que combatieron contra ellos.
10 Clamaron a Yahveh diciendo: "Hemos pecado, porque hemos
abandonado a Yahveh y servido a los Baales y a las Astartés. Pero
ahora, líbranos de las manos de nuestros enemigos y te
serviremos."
11 Envió entonces Yahveh a Yerubbaal, a Baraq, a Jefté y a
Samuel, os ha librado de los enemigos que os rodeaban y habéis vivido
en seguridad.
12 Pero, en cuanto habéis visto que Najás, rey de los ammonitas,
venía contra vosotros, me habéis dicho: "¡No! Que reine un rey
sobre nosotros," siendo así que vuestro rey es Yahveh, Dios
vuestro.
13 Aquí tenéis ahora al rey que os habéis elegido. Yahveh ha
establecido un rey sobre vosotros.
14 Si teméis a Yahveh y le servís, si escucháis su voz y no os
rebeláis contra las órdenes de Yahveh; si vosotros y el rey que reine
sobre vosotros seguís a Yahveh vuestro Dios, está bien.
15 Pero si no escucháis la voz de Yahveh, si os rebeláis contra
las órdenes de Yahveh, entonces la mano de Yahveh pesará sobre
vosotros y sobre vuestro rey.
16 Una vez más, quedaos para ver este gran prodigio que Yahveh
realiza a vuestros ojos.
17 ¿No es ahora la cosecha del trigo? Pues bien, voy a invocar a
Yahveh para que haga tronar y llover. Reconoced y ved el gran mal que
habéis hecho a los ojos de Yahveh, a pedir un rey para vosotros.»
18 Invocó Samuel a Yahveh, que hizo tronar y llover aquel mismo día,
y todo el pueblo cobró mucho temor a Yahveh y a Samuel.
19 Dijo todo el pueblo a Samuel: «Suplica a Yahveh tu Dios en
favor de tus siervos, para que no muramos; hemos colmado nuestros
pecados pidiendo en rey para nosotros.»
20 Pero Samuel dijo al pueblo: «No temáis. Cierto que habéis
hecho esta maldad. Pero ahora, no os alejéis de Yahveh y servidle con
todo vuestro corazón,
21 y no os apartéis en pos de los que no son nada, que no sirven
ni salvan porque no son nada.
22 Pues Yahveh no rechazará a su pueblo por el honor de su gran
nombre, porque Yahveh se ha dignado hacer de vosotros su pueblo.
23 Por mi parte, lejos de mí pecar contra Yahveh dejando de suplicar
por vosotros y de enseñaros el camino bueno y recto.
24 Sólo a Yahveh temeréis y le serviréis fielmente, con todo
vuestro corazón, porque habéis visto esta cosa grandiosa que ha
realizado en medio de vosotros.
25 Pero si os portáis mal, pereceréis, vosotros y vuestro rey.»
13
1 Saul ya tenía... años cuando empezó a reinar, ya había
reinado dos años sobre Israel.
2 Se eligió Saúl 3.000 hombres de Israel; había 2.000 con Saúl
en Mikmás y en las montañas de Betel, y mil con Jonatán en Gueba de
Benjamín, y el resto del pueblo lo devolvió a sus tiendas.
3 Jonatán mató al gobernador de los filisteos que se hallaba en Guibeá,
y supieron los filisteos que los hebreos se habian rebelado. Saúl hizo
sonar el cuerno por toda la tierra,
4 y todo Israel oyó la noticia: «Saúl ha matado al gobernador
de los filisteos. Israel se ha hecho odioso a los filisteos.» Y se
reunió el pueblo tras Saúl en Guilgal.
5 Se concentraron los filisteos para combatir a Israel: 3.000
carros, 6.000 caballos y un ejército tan numeroso como la arena de la
orilla del mar; y acamparon en Mikmás, al este de Bet Avén.
6 Cuando los hombres de Israel se vieron en peligro, porque se les
apretaba de cerca, se escondió la gente en las cavernas, los agujeros,
las hendiduras de las peñas, los subterráneos y las cisternas.
7 Algunos hebreos pasaron también el Jordán al país de Gad y
Galaad. Saúl estaba todavía en Guilgal y todo el pueblo temblaba junto
a él.
8 Esperó siete días conforme al plazo que Samuel había fijado,
pero Samuel no llegó a Guilgal y el ejército se desbandó, abandonando
a Saúl.
9 Entonces Saúl dijo: «Acercadme el holocausto y los sacrificios
de comunión», y ofreció el holocausto.
10 Acababa él de ofrecer el holocausto, cuando llegó Samuel, y
Saúl le salió al encuentro para saludarle.
11 Samuel dijo: «¿Qué has hecho?» Y Saúl respondió: «Como
vi que el ejército me abandonaba y se desbandaba, que, por otro lado, tú
no venías en el plazo fijado, y que los filisteos estaban ya
concentrados en Mikmás,
12 me dije: Ahora los filisteos van a bajar contra mí a Guilgal y
no he apaciguado a Yahveh. Entonces me he visto forzado a ofrecer el
holocausto.»
13 Samuel dijo a Saúl: «Te has portado como un necio. Si hubieras
cumplido la orden que Yahveh tu Dios te ha dado, entonces Yahveh hubiera
afianzado tu reino para siempre sobre Israel.
14 Pero ahora tu reino no se mantendrá. Yahveh se ha buscado un
hombre según su corazón, al que ha designado caudillo de su pueblo,
porque tú no has cumplido lo que Yahveh te había ordenado.»
15 Se levantó Samuel y partió de Guilgal para seguir su camino.
Los que quedaban del pueblo subieron tras Saúl al encuentro de los
hombres de guerra, y vino de Guilgal a Gueba de Benjamín. Saúl pasó
revista a las tropas que tenía con él: había unos seiscientos
hombres.
16 Saúl, su hijo Jonatán y las tropas que estaban con ellos, se
hallaban situados en Gueba de Benjamín, mientras que los filisteos
acampaban en Mikmás.
17 La fuerza de choque salió del campo filisteo en tres columnas:
una columna tomó la dirección de Ofrá, en la comarca de Sual;
18 otra tomó la dirección de Bet Jorón y la tercera tomó la
dirección del alto que domina el valle de los Seboím, hacia el
desierto.
19 No había herreros en todo el territorio de Israel, porque los
filisteos se decían: «Que no hagan los hebreos espadas ni lanzas.»
20 Así todos los israelitas tenían que bajar a los filisteos
para vaciar cada cual su reja, su hacha, su azuela o su aguijada.
21 El precio era dos tercios de siclo por aguzar las azuelas y
enderezar la aguijada.
22 Y así ocurrió que el día de la batalla nadie, en toda la
tropa que estaba con Saúl y Jonatán, tenía en la mano espada ni
lanza. Las había sólo para Saúl y para su hijo Jonatán.
23 Una avanzadilla de filisteos partió hacia el paso de Mikmás.
14
1 Un día, Jonatán, hijo de Saúl, dijo a su escudero: «Ven,
vamos a cruzar hasta la avanzadilla de los filisteos que están en este
paso», pero nada dijo a su padre.
2 Saúl estaba situado en el límite de Gueba, bajo el granado que
está cerca de la era, y las gentes que estaban con él eran como unos
seiscientos hombres.
3 Ajías, hijo de Ajitub, hermano de Ikabod, hijo de Pinjás, hijo de Elí,
sacerdote de Yahveh en Silo, llevaba el efod. La tropa no advirtió que
Jonatán se había marchado.
4 En el paso que Jonatán intentaba franquear para llegar a la
avanzadilla de los filisteos, hay un picacho por un lado y un picacho
por el otro. Uno se llama Boses y el otro Senné;
5 el primer picacho está al norte, frente a Mikmás, el segundo
al sur, frente a Gueba.
6 Jonatán dijo a su escudero: «Ven, crucemos hasta la
avanzadilla de esos incircuncisos. Acaso Yahveh haga algo por nosotros,
porque nada impide a Yahveh dar la victoria con pocos o con muchos.»
7 Su escudero respondió: «Haz todo lo que tu corazón te dicte.
Por mi parte estoy contigo, a tu voluntad.»
8 Jonatán dijo: «Vamos a pasar hacia esa gente y nos haremos ver
de ellos.
9 Si nos dicen: "¡Alto ahí! hasta que lleguemos a
vosotros", nos quedaremos en el sitio y no subiremos a ellos.
10 Pero si nos dicen: "Subid hacia nosotros," subiremos,
porque Yahveh los ha entregado en nuestras manos; esto nos servirá de
señal.»
11 Cuando se dejaron ver de la avanzadilla de los filisteos, éstos
dijeron: «Mirad los hebreos que salen de los escondrijos donde se habían
metido.»
12 Y la gente de la avanzadilla, dirigiéndose a Jonatán y a su
escudero, dijeron: «Subid hacia nosotros, que os vamos a enseñar algo.»
Entonces Jonatán dijo a su escudero: «Sube detrás de mí, pues Yahveh
los ha entregado en manos de Israel.»
13 Subió Jonatán ayudándose de pies y manos, y su escudero le seguía.
Caían los filisteos ante Jonatán y detrás de él su escudero los iba
rematando.
14 Este primer estrago que hicieron Jonatán y su escudero fue de
una veintena de hombres...
15 Cundió el terror en el campo y en el campamento y en la gente
toda; la avanzadilla y los cuerpos de descubierta fueron presa del
espanto, la tierra tembló y hubo un terror de Dios.
16 Los escuchas de Saúl que estaban en Gueba de Benjamín vieron
que el campamento se agitaba de un lado para otro,
17 y Saúl dijo a las tropas que estaban con él: «Pasad revista
y ved quién se ha marchado de los nuestros.» Se pasó revista y vieron
que faltaban Jonatán y su escudero.
18 Entonces Saúl dijo a Ajías: «Trae el efod», porque este era
el que llevaba el efod en presencia de Israel.
19 Pero mientras Saúl hablaba al sacerdote, el tumulto del
campamento filisteo iba creciendo y Saúl dijo al sacerdote: «Retira tu
mano.»
20 Saúl y toda la tropa que estaba con él se reunieron y
llegaron al campo de batalla, y he aquí que la espada de cada uno se
volvía contra el otro, ¡un enorme desconcierto!
21 Los hebreos que de antes estaban al servicio de los filisteos y
que habían subido con ellos al campamento, también desertaron y se
pasaron a los israelitas que estaban con Saúl y Jonatán.
22 Todos los israelitas que se habían escondido en la montaña de
Efraím, al saber que los filisteos huían, los persiguieron hostigándolos.
23 Aquel día Yahveh dio la victoria a Israel. El combate se extendió más
allá de Bet Jorón.
24 Los hombres de Israel estaban en gran apuro aquel día y Saúl
pronunció una imprecación sobre el pueblo: «Maldito el hombre que
coma algo antes del anochecer, antes que me haya vengado de mis
enemigos.» Y nadie del pueblo probó bocado.
25 Había, pues, un panal de miel por el suelo,
26 y el pueblo llegó al panal cuando la miel estaba destilando,
pero nadie se llevó la mano a su boca, porque el pueblo temía la
imprecación.
27 Jonatán no había oído la imprecación que su padre había
pronunciado sobre el pueblo y alargó la punta de la vara que tenía en
la mano, la metió en el panal y después llevó la mano a su boca y le
brillaron los ojos.
28 Uno del pueblo le habló diciendo: «Tu padre ha pronunciado
solemnemente esta imprecación sobre el pueblo; ha dicho "Maldito
el hombre que coma hoy algo."»
29 Jonatán respondió: «Mi padre ha causado un trastorno al país.
Ved cómo tengo los ojos más brillantes por haber tomado este poco de
miel.
30 Pues si la tropa hubiese comido hoy del botín tomado al
enemigo ¿no hubiera sido mayor el estrago de los filisteos?»
31 Aquel día fueron batidos los filisteos desde Mikmás hasta
Ayyalón y la gente quedó extenuada.
32 La tropa se arrojó sobre el botín y tomando ganado menor,
bueyes y terneros, los immoló sobre el suelo y lo comieron con la
sangre.
33 Avisaron a Saúl: «El pueblo está pecando contra Yahveh comiendo la
sangre.» El entonces dijo: «Habéis sido infieles. Rodadme hasta aquí
una piedra grande.»
34 Luego dijo: «Repartíos entre el pueblo y decidles: que cada
uno traiga su buey o su carnero; los immolaréis aquí y comeréis, sin
pecar contra Yahveh por comerlo con sangre.» Todos los hombres llevaron
cada cual lo que tenía aquella noche y lo immolaron allí.
35 Alzó Saúl un altar a Yahveh; este fue el primer altar que
edificó.
36 Saúl dijo: «Bajemos durante la noche en persecución de los
filisteos y saqueémoslos hasta el amanecer; no dejaremos ni un solo
hombre.» Le respondieron: «Haz lo que mejor te parezca.» Pero el
sacerdote dijo: «Acerquémonos aquí a Dios.»
37 Consultó Saúl a Dios: «¿Bajaré en persecución de los
filisteos? ¿Los entregarás en manos de Israel?» Pero no respondió en
aquella ocasión.
38 Entonces dijo Saúl: «Acercaos aquí todos los principales del
pueblo. Investigad en qué ha consistido el pecado de hoy.
39 ¡Vive Yahveh! que ha salvado a Israel, que aunque se trate de
mi hijo Jonatán, morirá sin remisión.» Nadie del pueblo se atrevió
a responderle.
40 Dijo a todo Israel: «Poneos a un lado, y yo y mi hijo Jonatán
nos pondremos al otro», y el pueblo respondió a Saúl: «Haz lo que
mejor te parezca.»
41 Dijo entonces Saúl: «Yahveh Dios de Israel, ¿por qué no
respondes hoy a tu siervo? Si el pecado es mío o de mi hijo Jonatán,
Yahveh Dios de Israel, da = urim; = si el pecado es de tu pueblo Israel,
da = tummim =.» Fueron señalado Saúl y Jonatán, quedando libre el
pueblo.
42 Saúl dijo: «Sortead entre mi hijo Jonatán y yo»; y fue señalado
Jonatán.
43 Dijo entonces Saúl a Jonatán: «Cuéntame lo que has hecho.» Jonatán
respondió: «No he hecho más que probar un poco de miel con la punta
de la vara que tenía en la mano. Estoy dispuesto a morir.»
44 Saúl replicó: «Que Dios me haga esto y me añada esto otro
si no mueres, Jonatán.»
45 Pero el pueblo dijo a Saúl: «¿Es que va a morir Jonatán
siendo él quien ha conseguido esta gran victoria en Israel? ¡Dios nos
libre! ¡Vive Yahveh! que no caerá en tierra ni un cabello de su
cabeza, porque con ayuda de Dios lo hizo.» Así rescató el pueblo a
Jonatán y no murió.
46 Regresó Saúl de la persecución de los filisteos y los
filisteos alcanzaron su país.
47 Cuando Saúl se constituyó rey sobre Israel guerreó por todas
partes contre todos sus enemigos: contra Moab, los ammonitas, Edom, el
rey de Sobá y los filisteos; doquiera se dirigía resultaba vencedor.
48 Hizo proezas de valor, batió a los amalecitas y libró a
Israel del poder de los que le saqueaban.
49 Los hijos de Saúl fueron: Jonatán, Isyó y Malki Súa. Los
nombres de sus dos hijas eran: Merab la mayor y Mikal la más pequeña.
50 La mujer de Saúl se llamaba Ajinoam, hija de Ajimaas. El jefe
de su ejército se llamaba Abner, hijo de Ner, tío de Saúl:
51 Quis, padre de Saúl, y Ner, padre de Abner, eran hijos de
Abiel.
52 Hubo una guerra encarnizada contra los filisteos toda la vida
de Saúl. En cuanto Saúl veía un hombre fuerte y valeroso, se lo
incorporaba.
15
1 Samuel dijo a Saúl: «Yahveh me ha enviado para consagrarte
rey sobre su pueblo Israel. Escucha, pues, las palabras de Yahveh:
2 Esto dice Yahveh Sebaot: He decidido castigar lo que Amalec hizo
a Israel, cortándole el camino cuando subía de Egipto.
3 Ahora, vete y castiga a Amalec, consagrándolo al anatema con todo lo
que posee, no tengas compasión de él, mata hombres y mujeres, niños y
lactantes, bueyes y ovejas, camellos y asnos.»
4 Convocó Saúl al pueblo y le pasó revista en Telam: 200.000
infantes y 10.000 hombres de Judá.
5 Avanzó Saúl hasta la capital de Amalec y se emboscó en el
barranco.
6 Dijo Saúl a los quenitas: «Marchaos, apartaos de los
amalecitas, no sea que os haga desaparecer con ellos, pues os portasteis
bien con todos los israelitas cuando subían de Egipto»; y los quenitas
se apartaron de los amalecitas.
7 Batió Saúl a los amalecitas desde Javilá, en dirección de
Sur que está al este de Egipto.
8 Capturo vivo a Agag, rey de los amalecitas, y pasó a todo el
pueblo a filo de espada en cumplimiento del anatema.
9 Pero Saúl y la tropa perdonaron a Agag y a lo más escogido del
ganado mayor y menor, las reses cebadas y los corderos y todo lo bueno.
No quisieron consagrarlo al anatema, pero consagraron al anatema toda la
hacienda vil y sin valor.
10 Le fue dirigida la palabra de Dios a Samuel diciendo:
11 «Me arrepiento de haber dedo la realeza a Saúl, porque se ha
apartado de mí y no ha ejecutado mis órdenes.» Se conmovió Samuel y
estuvo clamando a Yahveh toda la noche.
12 Se levantó Samuel por la mañana al encuentro de Saúl.
Avisaron a Samuel: «Saúl ha ido a Carmelo y se ha erigido un
monumento; después ha seguido y ha bajado a Guilgal.»
13 Llegó Samuel donde Saúl y éste dijo: «Bendito seas de Yahveh. Ya
he ejecutado la orden de Yahveh.»
14 Pero Samuel preguntó: «¿Y qué son esos balidos que vienen a
mis oídos y esos mugidos que oigo?»
15 Respondió Saúl: «Los hemos traído de Amalec porque el
pueblo ha perdonado lo mejor del ganado mayor y menor con intención de
ofrecerlo en sacrificio a Yahveh tu Dios. Cuanto a lo demás, lo hemos
entregado al anatema.»
16 Pero Samuel dijo a Saúl: «Basta ya y deja que te anuncie lo
que Yahveh me ha revelado esta noche.» El le dijo: «Habla.»
17 Entonces Samuel dijo: «Aunque tú eres pequeño a tus propios
ojos ¿no eres el jefe de las tribus de Israel? Yahveh te ha ungido rey
de Israel.
18 Yahveh te ha enviado por el camino y te ha dicho: "Vete, y
consagra al anatema a estos pecadores, los amalecitas, hazles la guerra
hasta el exterminio".
19 Por qué no has eschuchado a Yahveh? ¿Por qué te has lanzado
sobre el botín y has hecho lo que desagrada a Yahveh?»
20 Saúl respondió a Samuel: «¡Yo he obedecido a Yahveh! Anduve
por el camino por el que me envió, he traído a Agag, rey de Amalec, y
he entregado al anatema a los amalecitas.
21 Del botín, el pueblo ha tomado el ganado mayor y menor, lo
mejor del anatema, para sacrificarlo a Yahveh tu Dios en Guilgal.»
22 Pero Samuel dijo: ¿Acaso se complace Yahveh en los holocaustos
y sacrificios como en la obediencia a la palabra de Yahveh? Mejor es
obedecer que sacrificar, mejor la docilidad que la grasa de los
carneros.
23 Como pecado de hechicería es la rebeldía, crimen de terafim la
contumacia. Porque has rechazado la palabra de Yahveh, él te rechaza
para que no seas rey.
24 Saúl dijo a Samuel: «He pecado traspasando la orden de Yahveh
y tus mandatos, porque tuve miedo al pueblo y le escuché.
25 Ahora, pues, perdona mi pecado, por favor, y ven conmigo para
que adore a Yahveh.»
26 Pero Samuel respondió a Saúl: «No iré más contigo; ya que
has rechazado la palabra de Yahveh, Yahveh te ha rechazado para que no
seas rey de Israel.»
27 Y como Samuel se volviera para marcharse, le asió Saúl el
extremo del manto, que se desgarró,
28 y Samuel dijo: «Hoy te ha desgarrado Yahveh el reino de Israel
y se lo ha dado a otro mejor que tú.»
29 (Y la Gloria de Israel no miente ni se arrepiente, porque no es
un hombre para arrepentirse).
30 Saúl dijo: «He pecado, pero, con todo, te ruego que me honres
ahora delante de los ancianos de mi pueblo y delante de Israel y vengas
conmigo para que adore a Yahveh tu Dios.»
31 Volvió Samuel con Saúl y éste adoró a Yahveh.
32 Después dijo Samuel: «Traedme a Agag, rey de los amalecitas»,
y vino Agag hacia él y se resistía diciendo: «En verdad es amarga la
muerte.»
33 Samuel dijo: «Como tu espada ha privado a las mujeres de sus hijos,
así entre las mujeres, privada de su hijo será tu madre», y Samuel
despedazó a Agag ante Yahveh en Guilgal.
34 Partió Samuel para Ramá, y Saúl subió a su casa en Guibeá
de Saúl.
35 Samuel no vio más a Saúl hasta el día de su muerte. Y
lloraba Samuel por Saúl, pero Yahveh se había arrepentido de haberle
hecho rey de Israel.
16
1 Dijo Yahveh a Samuel: «¿Hasta cuándo vas a estar llorando
por Saúl, después que yo le he rechazado para que no reine sobre
Israel? Llena tu cuerno de aceite y vete. Voy a enviarte a Jesé, de Belén,
porque he visto entre sus hijos un rey para mí.»
2 Samuel replicó: «¿Cómo voy a ir? Se enterará Saúl y me
matará.» Respondió Yahveh: «Lleva contigo una becerra y di: "He
venido a sacrificar a Yahveh."
3 Invitarás a Jesé al sacrificio y yo te indicaré lo que tienes que
hacer, y me ungirás a aquel que yo te diga.»
4 Hizo Samuel lo que Yahveh le había ordenado y se fue a Belén.
Salieron temblando a su encuentro los ancianos de la ciudad y le
preguntaron: «¿Es de paz tu venida, vidente?»
5 Samuel respondió: «Sí; he venido a sacrificar a Yahveh.
Purificaos y venid conmigo al sacrificio.» Purificó a Jesé y a sus
hijos y les invitó al sacrificio.
6 Cuando ellos se presentaron vio a Eliab y se dijo: «Sin duda
está ante Yahveh su ungido.»
7 Pero Yahveh dijo a Samuel: «No mires su apariencia ni su gran
estatura, pues yo le he descartado. La mirada de Dios no es como la
mirada del hombre, pues el hombre mira las apariencias, pero Yahveh mira
el corazón.»
8 Llamó Jesé a Abinadab y le hizo pasar ante Samuel, que dijo:
«Tampoco a éste ha elegido Yahveh.»
9 Jesé hizo pasar a Sammá, pero Samuel dijo: «Tampoco a éste
ha elegido Yahveh.»
10 Hizo pasar Jesé a sus siete hijos ante Samuel, pero Samuel
dijo: «A ninguno de éstos ha elegido Yahveh.»
11 Preguntó, pues, Samuel a Jesé: «¿No quedan ya más
muchachos?» El respondió: «Todavía falta el más pequeño, que está
guardando el rebaño.» Dijo entonces Samuel a Jesé: «Manda que lo
traigan, porque no comeremos hasta que haya venido.»
12 Mandó, pues, que lo trajeran; era rubio, de bellos ojos y
hermosa presencia. Dijo Yahveh: «Levántate y úngelo, porque éste es.»
13 Tomó Samuel el cuerno de aceite y le ungió en medio de sus
hermanos. Y a partir de entonces, vino sobre David el espíritu de
Yahveh. Samuel se levantó y se fue a Ramá.
14 El espíritu de Yahveh se había apartado de Saúl y un espíritu
malo que venía de Yahveh le perturbaba.
15 Dijéronle, pues, los servidores de Saúl: «Mira, un espíritu
malo de Dios te aterroriza;
16 permítenos, señor, que tus siervos que están en tu presencia
te busquen un hombre que sepa tocar la cítara, y cuando te asalte el
espíritu malo de Dios tocará y te hará bien.»
17 Dijo Saúl a sus servidores: «Buscadme, pues, un hombre que
sepa tocar bien y traédmelo.»
18 Tomó la palabra uno de los servidores y dijo: «He visto a un
hijo de Jesé el belemita que sabe tocar; es valeroso, buen guerrero, de
palabra amena, de agradable presencia y Yahveh está con él.»
19 Despachó Saúl mensajeros a Jesé que le dijeran: «Envíame a
tu hijo David, el que está con el rebaño.»
20 Tomó Jesé cinco panes, un odre de vino y un cabrito y lo envió
a Saúl con su hijo David.
21 Llegó David donde Saúl y se quedó a su servicio. Saúl le
cobró mucho afecto y le hizo su sescudero.
22 Mandó Saúl a decir a Jesé: «Te ruego que tu hijo David se
quede a mi servicio, porque ha hallado gracia a mis ojos.»
23 Cuando el espíritu de Dios asaltaba a Saúl, tomaba David la cítara,
la tocaba, Saúl, encontraba calma y bienestar y el espíritu malo se
apartaba de él.
17
1 Reunieron los filisteos sus tropas para la guerra y se
concentraron en Soko de Judá, acampando entre Soko y Azeca, en Efes
Dammim.
2 Se reunieron Saúl y los hombres de Israel, acamparon en el
valle del Terebinto y se ordenaron en batalla frente a los filisteos.
3 Ocupaban los filisteos una montaña por un lado y los israelitas
ocupaban la montaña frontera, quedando el valle por medio.
4 Salió de las filas de los filisteos un hombre de las tropas de
choque, llamado Goliat, de Gat, de seis codos y un palmo de estatura;
5 tenía un yelmo de bronce sobre su cabeza y estaba revestido de
una coraza de escamas, siendo el peso de la coraza 5.000 siclos de
bronce.
6 Tenía en las piernas grebas de bronce y una jabalina de bronce
entre los hombros.
7 El asta de su lanza era como enjullo de tejedor y la punta de su
lanza pesaba seiscientos siclos de hierro. Su escudero le precedía.
8 Goliat se plantó y gritó a las filas de Israel diciéndoles:
«¿Para qué habéis salido a poneros en orden de batalla? ¿Acaso no
soy yo filisteo y vosotros servidores de Saúl? Escogeos un hombre y que
baje contra mí.
9 Si es capaz de pelear conmigo y me mata, seremos vuestros
esclavos pero si yo le venzo y le mato, seréis nuestros esclavos y nos
serviréis.»
10 Y añadió el filisteo: «Yo desafío hoy a las filas de
Israel; dadme un hombre y lucharemos mano a mano.»
11 Oyó Saúl y todo Israel estas palabras del filisteo y se
consternaron y se llenaron de miedo.
12 Era David hijo de un efrateo de Belén de Judá, llamado Jesé,
que tenía ocho hijos. En tiempo de Saúl este hombre era ya anciano,
muy entrado en años.
13 Los tres hijos mayores de Jesé se fueron a la guerra con Saúl; el
nombre de los tres hijos suyos que marcharon a la guerra era Eliab, el
primogénito, Abinadab, el segundo, y Sammá, el tercero.
14 David era el más pequeño; cuanto a los tres mayores, habían
seguido a Saúl.
15 (David alternaba sus viajes al campamento de Saúl con el
cuidado del rebaño de su padre en Belén).
16 El filisteo se acercaba mañana y tarde y se presentó así
durante cuarenta días.
17 Jesé dijo a su hijo David: «Lleva a tus hermanos esta medida
de trigo tostado y estos diez panes y corre al campamento a donde tus
hermanos.
18 Y estos diez requesones llévalos al jefe de millar; entérate
de la salud de tus hermanos y toma señal de recibo de ellos.
19 Están Saúl, ellos y todos los hombres de Israel en el valle
del Terebinto, guerreando con los filisteos.»
20 Se levantó David de madrugada, dejó el rebaño al guarda y,
tomado las cosas, se fue como le había mandado Jesé, y llegó al círculo
del campamento justo cuando salía el ejército para ordenarse en
batalla, lanzando el grito de guerra.
21 Israel y los filisteos se pusieron en orden de batalla, fila
contra fila.
22 Dejó David las cosas en manos del guardia de la impedimenta y
corrió a las filas y fue a preguntar a sus hermanos cómo estaban.
23 Mientras hablaba con ellos el hombre de las tropas de choque, llamado
Goliat, el filisteo de Gat, subía de las filas de los filisteos,
diciendo las mismas palabras, y le oyó David.
24 En viéndole todos los hombres de Israel huyeron delante de él,
llenos de miedo.
25 Los hombres de Israel decían: «¿Habéis visto a este hombre
que sube? Sube a provocar a Israel. A quien lo mate colmará el rey de
grandes riquezas y le dará su hija y librará de tributo la casa de su
padre en Israel.»
26 Preguntó, pues, David a los hombres que estaban a su lado:
«¿Qué se hará al hombre que mate a ese filisteo y aparte la afrenta
de Israel? Pues ¿quién es ese filisteo incircunciso para injuriar a
las huestes de Dios vivo?»
27 Y el pueblo le repitió las mismas palabras: «Así se hará al
hombre que lo mate.»
28 Se enteró Eliab, su hermano mayor, de su pregunta a los
hombres y se encendió en cólera Eliab contra David, y le dijo: «¿Para
qué has bajado, y a quién has dejado aquel pequeño rebaño en el
desierto? Ya sé yo tu atrevimiento y la maldad de tu corazón. Has
bajado para ver la batalla.»
29 Respondió David: «Pues ¿qué he hecho yo? ¿es que uno no
puede hablar?»
30 Y volviéndose se dirigió a otro y preguntó lo mismo y la
gente le respondió como la primera vez.
31 Fueron oídas las palabras que decía David y se lo contaron a
Saúl, que le hizo venir.
32 Dijo David a Saúl: «Que nadie se acobarde por ése. Tu siervo
irá a combatir con ese filisteo.»
33 Dijo Saúl a David: «No puedes ir contra ese filisteo para luchar
con él, porque tú eres un niño y él es hombre de guerra desde su
juventud.»
34 Respondió David a Saúl: «Cuando tu siervo estaba guardando
el rebaño de su padre y venía el león o el oso y se llevaba una oveja
del rebaño,
35 salía tras él, le golpeaba y se la arrancaba de sus fauces, y
si se revolvía contra mí, lo sujetaba por la quijada y lo golpeaba
hasta matarlo.
36 Tu siervo ha dado muerte al león y al oso, y ese filisteo
incircunciso será como uno de ellos, pues ha insultado a las huestes de
Dios vivo.»
37 Añadió David: «Yahveh que me ha librado de las garras del león
y del oso, me librará de la mano de ese filisteo.» Dijo Saúl a David:
«Vete, y que Yahveh sea contigo.»
38 Mandó Saúl que vistieran a David con sus propios vestidos y
le puso un casco de bronce en la cabeza y le cubrió con una coraza.
39 Ciñó a David su espada sobre su vestido. Intentó David
caminar, pues aún no estaba acostumbrado, y dijo a Saúl: «No puedo
caminar con esto, pues nunca lo he hecho.» Entonces se lo quitaron.
40 Tomó su cayado en la mano, escogió en el torrente cinco
cantos lisos y los puso en su zurrón de pastor, en su morral , y con su
honda en la mano se acercó al filisteo.
41 El filisteo fue avanzando y acercándose a David, precedido de
su escudero.
42 Volvió los ojos el filisteo, y viendo a David, lo despreció,
porque era un muchacho rubio y apuesto.
43 Dijo el filisteo a David: «¿Acaso soy un perro, pues vienes contra
mí con palos?» Y maldijo a David el filisteo por sus dioses,
44 y dijo el filisteo a David: «Ven hacia mí y daré tu carne a
las aves del cielo y a las fieras del campo.»
45 Dijo David al filisteo: «Tú vienes contra mí con espada,
lanza y jabalina, pero yo voy contra ti en nombre de Yahveh Sebaot, Dios
de los ejércitos de Israel, a los que has desafiado.
46 Hoy mismo te entrega Yahveh en mis manos, te mataré y te
cortaré la cabeza y entragaré hoy mismo tu cadáver y los cadáveres
del ejército filisteo a las aves del cielo y a las fieras de la tierra,
y sabrá toda la tierra que hay Dios para Israel.
47 Y toda esta asamblea sabrá que no por la espada ni por la
lanza salva Yahveh, porque de Yahveh es el combate y os entrega en
nuestras manos.»
48 Se levantó el filisteo y fue acercándose al encuentro de
David; se apresuró David, salió de las filas y corrió al encuentro
del filisteo.
49 Metió su mano David en su zurrón, sacó de él una piedra, la
lanzó con la honda e hirió al filisteo en la frente; la piedra se clavó
en su frente y cayó de bruces en tierra.
50 Y venció David al filisteo con la honda y la piedra; hirió al
filisteo y le mató sin tener espada en su mano.
51 Corrió David, se detuvo sobre el filisteos y tomando la espada
de éste de sacó de su vaina, le mató y le cortó la cabeza. Viendo
los filisteos que había muerto su campeón, huyeron.
52 Se levantaron los hombres de Israel y de Judá y, lanzando el
grito de guerra, persiguieron a los filisteos hasta la entrada de Gat y
hasta las puertas de Ecrón. Los cadáveres de los filisteos cubrían el
camino, desde Saaráyim hasta Gat y Ecrón.
53 Cuando los hijos de Israel regresaron de perseguir sañudamente a los
filisteos, saquearon el campamento.
54 Tomó David la cabeza del filisteo, y la llevó a Jerusalén;
pero sus armas las colocó en su tienda.
55 Cuando Saúl vio a David salir al encuentro del filisteo,
preguntó a Abner, jefe del ejército: «¿De quién es hijo este
muchacho, Abner?» Abner respondió: «Por tu vida, oh rey, que no lo sé.»
56 El rey dijo: «Pregunta de quién es hijo este muchacho.»
57 Cuando volvió David de matar al filisteo, le tomó Abner y le
llevó ante Saúl con la cabeza del filisteo en la mano .
58 Saúl le preguntó: «¿De quién eres hijo, muchacho?» David
respondió: «De tu siervo Jesé, de Belén.»
18
1 En acabando de hablar David a Saúl, el alma de Jonatán se
apegó al alma de David, y le amó Jonatán como a sí mismo.
2 Le retuvo Saúl aquel día y no le permitió regresar a casa de
su padre.
3 Hizo Jonatán alianza con David, pues le amaba como a sí mismo.
4 Se quitó Jonatán el manto que llevaba y se lo dio a David, su
vestido y también su espada, su arco y su cinturón.
5 David lograba éxito en todas las campañas que Saúl le
encomendaba, y le puso Saúl al frente de hombres de guerra, y se hizo
querer de todo el pueblo, también de los servidores de Saúl.
6 A su regreso, cuando volvió David de matar al filisteo, salían
las mujeres de todas la ciudades de Israel al encuentro del rey Saúl
para cantar danzando al son de adufes y triángulos con cantos de
alegria.
7 Las mujeres, danzando, cantaban a coro: «Saúl mató sus
millares y David sus miríadas.
8 Irritóse mucho Saúl y le disgustó el suceso, pues decía: «Dan
miríadas a David y a mí millares; sólo le falta ser rey.»
9 Y desde aquel día en adelante miraba Saúl a David con ojos de
envidia.
10 Al día siguiente se apoderó de Saúl un espíritu malo de
Dios y deliraba en medio de la casa; David tocaba como otras veces. Tenía
Saúl la lanza en la mano.
11 Blandió Saúl la lanza y dijo: «Voy a clavar a David en la
pared.» Pero David le esquivó dos veces.
12 Temía Saúl a David porque Yahveh estaba con David y de Saúl
se había apartado
13 y le alejó Saúl de junto a sí, nombrándole jefe de mil y entraba
y salía a la cabeza de la tropa.
14 David ejecutaba con éxito todas sus empresas y Yahveh estaba
con él.
15 Viendo Saúl que tenía mucho éxito le temió.
16 Todo Israel y Judá quería a David, pues salía y entraba a la
cabeza de ellos.
17 Dijo Saúl a David: «Voy a darte por mujer a mi hija mayor
Merab, tan sólo con que me seas valeroso y luches las batallas de
Yahveh.» Saúl se había dicho: «Que no muera por mi mano, sino por
mano de los filisteos.»
18 Dijo David a Saúl: «¿Quién soy yo y cuál es mi linaje, la
casa de mi padre en Israel, para ser yerno del rey?»
19 Pero cuando llegó el tiempo de entregar a Merab, la hija de Saúl,
a David, fue entregada a Adriel de Mejolá.
20 Mikal, hija de Saúl, se enamoró de David; se lo dijeron a Saúl
y le agradó la noticia.
21 Dijo Saúl: «Se la entregaré, pero será para él un lazo,
pues caerá sobre él la mano de los filisteos.» (Saúl, pues, dijo dos
veces a David: «Ahora serás mi yerno.»)
22 Ordenó Saúl a sus servidores: «Insinuad a David: Mira que el
rey te estima; también te estiman todos sus servidores; procura ser
yerno del rey.»
23 Los servidores de Saúl dijeron estas palabras a oídos de David y
David replicó: «¿Os parece sencillo ser yerno del rey? Yo soy un
hombre pobre y ruin.»
24 Comunicaron a Saúl sus servidores: «Estas palabras ha dicho
David.»
25 Respondió Saúl: «Decid así a David: No quiere el rey dote,
sino cien prepucios de filisteos para vengarse de los enemigos del rey.»
Tramaba el rey hacer sucumbir a David a manos de los filisteos.
26 Los servidores comunicaron a David estas palabras y la cosa
pareció bien a David para llegar a ser yerno del rey. No se había
cumplido el plazo,
27 cuando se levantó David y partió con sus hombres. Mató a los
filisteos doscientos hombres y trajo David sus prepucios que entregó
cumplidamente al rey para ser yerno del rey. Saúl le dio a su hija
Mikal por mujer.
28 Temió Saúl, pues sabía que Yahveh estaba con David y que
toda la casa de Israel le amaba.
29 Aumentó el temor de Saúl hacia David y fue siempre hostil a
David.
30 Salían los jefes de los filisteos, pero en todas sus
incursiones obtenía David más éxito que los demás servidores de Saúl,
y su nombre se hizo muy famoso.
19
1 Saúl dijo a su hijo Jonatán y a todos sus servidores que
haría morir a David; pero Jonatán, hijo de Saúl, amaba mucho a David,
2 y avisó Jonatán a David diciéndole: «Mi padre Saúl te busca
para matarte. Anda sobre aviso mañana por la mañana; retírate a un
lugar oculto y escóndete.
3 Yo saldré y estaré junto a mi padre en el campo, donde tú estés, y
hablaré por ti a mi padre; veré lo que hay y te avisaré.»
4 Habló Jonatán a Saúl su padre en favor de David y dijo: «No
peque el rey contra su siervo David, porque él no ha pecado contra ti,
sino que te ha hecho grandes servicios.
5 Puso su vida en peligro, mató al filisteo y concedió Yahveh
una gran victoria para todo Israel. Tú lo viste y te alegraste. ¿Por
qué, pues, vas a pecar contra sangre inocente haciendo morir a David
sin motivo?»
6 Escuchó Saúl las palabras de Jonatán y juró: «¡Vive
Yahveh!, no morirá.»
7 Llamó entonces Jonatán a David, le contó todas estas palabras
y llevó a David donde Saúl, y se quedó a su servicio como antes.
8 Reanudada la guerra, partió David para combatir a los
filisteos, les causó una gran derrota y huyeron ante él.
9 Se apoderó de Saúl un espíritu malo de Yahveh; estaba sentado
en medio de la casa con su lanza en su mano y David tocaba.
10 Intentó Saúl clavar con su lanza a David en la pared; esquivó
David a Saúl y la lanza se clavó en la pared; huyó David y se puso a
salvo. Aquella misma noche
11 envió Saúl gente a la casa de David para vigilarle y matarle
por la mañana, pero su mujer Mikal advirtió a David: «Si no te pones
a salvo esta misma noche, mañana morirás.»
12 Mikal hizo bajar a David por la ventana. El partió y huyó
poniéndose a salvo.
13 Tomó Mikal uno de los terafim y lo puso en el lecho, colocó una
estera de pelos de cabra a la cabecera y la cubrió con un vestido.
14 Cuando Saúl mandó gente para prender a David, ella dijo: «Está
enfermo.»
15 Pero Saúl envió de nuevo los emisarios para ver a David y les
dijo: «Traédmelo en su lecho, para matarlo.»
16 Entraron los enviados y hallaron un terafim en el lecho y la
estera de pelos de cabra en la cabecera.
17 Dijo Saúl a Mikal: «¿Por qué me has engañado y has dejado
escapar a mi enemigo para que se salve?» Respondió Mikal a Saúl: «El
me dijo: déjame escapar o te mato.»
18 Huyó, pues, David y se puso a salvo, yéndose a donde Samuel,
en Ramá, y le contó cuanto Saúl le había hecho. Después, él y
Samuel se fueron a habitar en las celdas.
19 Avisaron a Saúl: «Mira, David está en las celdas de Ramá.»
20 Mandó Saúl emisarios para prender a David; vieron éstos la
agrupación de los profetas en trance de profetizar, con Samuel a la
cabeza. Vino sobre los emisarios de Saúl el espíritu de Dios y también
ellos se pusieron en trance.
21 Se lo comunicaron a Saúl y envió nuevos emisarios que también
se pusieron en trance. Saúl volvió a enviar mensajeros por tercera vez
y también éstos se pusieron en trance.
22 Entonces partió él mismo para Ramá y llegó a la gran
cisterna de la era que está en Seku y preguntó: «¿Dónde están
Samuel y David?», y le dijeron: «Están en las celdas de Ramá.»
23 Se fue de allí a las celdas de Ramá y vino también sobre él el
espíritu de Dios e iba caminando en trance hasta que llegó a las
celdas de Ramá.
24 También él se quitó sus vestidos y se puso en trance profético
ante Samuel, y quedó desnudo en tierra todo aquel día y toda aquella
noche, por lo que se suele decir: «¿Conque también Saúl entre los
profetas?»
20
1 Huyó David de las celdas de Ramá y se fue a decir a Jonatán:
«¿Qué he hecho, cuál es mi falta y en qué he pecado contra tu padre
para que busque mi muerte?»
2 Jonatán le dijo: «De ninguna manera, no morirás. Mi padre no
hace ninguna cosa, grande o pequeña, sin descubrírmela; ¿por qué me
había de ocultar mi padre este asunto? ¡No puede ser!»
3 Pero David volvió a jurar: «Save muy bien tu padre que me tienes
mucho afecto y se ha dicho: "Que no lo sepa Jonatán para que no se
apene." Y, con todo, por Yahveh y por tu vida, que no hay más que
un paso entre yo y la muerte.»
4 Dijo Jonatán a David: «Dime lo que deseas y te lo haré.»
5 Dijo David a Jonatán: «Mira, mañana es el novilunio; yo tendría
que sentarme con el rey a comer, pero tú me dejarás marchar y me
esconderé en el campo hasta la noche.
6 Si tu padre nota mi ausencia, dirás: "David me ha pedido
con insistencia que le deje hacer una escapada a Belén, su ciudad,
porque se celebra el sacrificio anual de toda la familia."
7 Si tu padre dice: "Está bien," tu siervo está a
salvo; pero si se enfurece, sabrás que por su parte está decretada la
ruina.
8 Haz este favor a tu siervo ya que hiciste que tu siervo
estableciera contigo alianza de Yahveh; si hay falta en mí, dame tú
mismo la muerte; ¿para qué llevarme hasta tu padre?»
9 Respondió Jonatán: «¡Lojos de ti! Si yo supiera con certeza
que por parte de mi padre está decretado que venga la ruina sobre ti,
¿no te lo avisaría?»
10 Respondió David a Jonatán: «¿Quién me avisará si tu padre
te responde con aspereza?»
11 Respondió Jonatán a David: «Ven, salgamos al campo.» Y
salieron ambos al campo.
12 Dijo Jonatán a David: «Por Yahveh, Dios de Israel, te juro
que mañana a esta misma hora sondearé a mi padre; si la cosa se pone
bien para David y no envío quien te lo haga saber,
13 que Yahveh haga esto a Jonatán y añada esto otro. Si mi padre
decide hacerte mal, te lo haré saber para que te pongas a salvo y vayas
en paz. Y que Yahveh sea contigo como lo fue con mi padre.
14 Si para entonces estoy vivo todavía, usa conmigo la bondad de
Yahveh y, si muerto,
15 nunca apartes tu misericordia de mi casa. Y cuando Yahveh haya
exterminado a los enemigos de David de la faz de la tierra,
16 que no sea exterminado Jonatán con la casa de Saúl; de lo
contrario, que Yahveh pida cuentas a David.»
17 Juró de nuevo Jonatán a David por el amor que le tenía, pues
le amaba como a sí mismo.
18 Jonatán le dijo: «Mañana es novilunio y se notará tu
ausencia, porque mirarán tu asiento.
19 Pasado mañana se notará más; tú irás al sitio en que te
escondiste el día del suceso aquel, y te pones junto a la loma que tú
sabes.
20 Ese mismo día iré a lanzar flechas por esa parte, como para
tirar al blanco.
21 Mandaré al muchacho: "Anda, busca la flecha." Si
digo al muchacho: "La flecha está más acá de ti, tómala,"
vienes, porque todo va bien para ti y no hay nada, por Yahveh.
22 Pero si digo al muchacho: "La flecha está más allá de
ti," vete, porque Yahveh quiere que te vayas.
23 Cuanto a la palabra que tú y yo tenemos hablada, mira, Yahveh está
entre los dos para siempre.»
24 David se escondió en el campo. Llegado el novilunio, el rey se
puso a la mesa para comer.
25 Se sentó el rey en su asiento, como de costumbre, en el
asiento de la pared; Jonatán se sentó enfrente y Abner al lado de Saúl;
el asiento de David quedó vacío.
26 Saúl no dijo nada aquel día, porque pensó: «Será un
accidente, no estará puro por no haberse purificado.»
27 Al día siguiente del novilunio, el segundo día, se fijaron en
el asiento de David, y Saúl dijo a su hijo Jonatán: ¿Por qué no ha
venido a comer ni ayer ni hoy el hijo de Jesé?»
28 Jonatán respondió a Saúl: «David me pidió con insistencia
poder ir a Belén.
29 Me dijo: "Déjame ir, por favor, porque es nuestro
sacrificio de familia en la ciudad y mis hermanos me han reclamado. Así
que, si he hallado gracia a tus ojos, déjame hacer una escapada para
ver a mis hermanos." Por esto no ha venido a la mesa del rey.»
30 Se encendió la cólera de Saúl contra Jonatán y le dijo:
«¡Hijo de una perdida! ¿Acaso no sé yo que prefieres al hijo de Jesé
para vergüenza tuya y vergüenza de la desnudez de tu madre?
31 Pues mientras viva sobre el suelo el hijo de Jesé, no estarás
a salvo ni tú ni tu realeza; así que manda a buscarlo y tráemelo,
porque es reo de muerte.»
32 Respondió Jonatán a su padre Saúl y le dijo: «¿Por qué ha
de morir? ¿Qué ha hecho?»
33 Blandió Saúl su lanza contra él para herirle y comprendió Jonatán
que por parte de su padre la muerte de David era cosa decidida.
34 Se levantó Jonatán de la mesa ardiendo en ira y no comió el
segundo día del novilunio, pues estaba afligido por David, porque su
padre le había injuriado.
35 A la mañana siguiente salió Jonatán con un muchacho al
campo, a la hora acordada con David.
36 Dijo al muchacho: «Corre a buscar las flechas que voy a tirar.»
Corrió el muchacho, y entonces Jonatán lanzó las flechas más allá
de él.
37 Cuando el muchacho llegaba al lugar donde había lanzado la
flecha Jonatán, éste gritó detrás de él: «¿ Acaso no está la
flecha más allá de ti?»,
38 y siguió gritando detrás del muchacho: «Pronto, date prisa,
no te detengas.» Tomó el muchacho de Jonatán la flecha y volvió
donde su señor.
39 El muchacho no se enteró de nada. Solamente lo entendían
Jonatán y David.
40 Dio Jonatán sus armas al muchacho que estaba con él y le
dijo: «Anda, llévalas a la ciudad.»
41 Se marchó el muchacho y David se levantó de junto a la loma
y, cayendo sobre su rostro en tierra, se postró tres veces. Se
abrazaron los dos y lloraron copiosamente.
42 Dijo Jonatán a David: Vete en paz, ya que nos hemos jurado en
nombre de Yahveh: "Que Yahveh esté entre tú y yo, entre mi
descendencia y la tuya para siempre."»
21
1 Se levantó David y se fue, y Jonatán volvió a la ciudad.
2 Llegó David a Nob, donde el sacerdote Ajimélek; vino Ajimélek
temblando al encuentro de David y le preguntó: « Por qué vienes solo
y no hay nadie contigo?»
3 Respondió David al sacerdote Ajimélek: «El rey me ha dado una orden
y me ha dicho: «Que nadie sepa el asunto a que te mando y lo que te
ordeno.» A los muchachos los he citado en tal lugar.
4 Así pues, ¿qué tienes a mano? Dame cinco panes o lo que haya.»
5 Respondió el sacerdote a David: «No tengo a mano pan profano,
pero hay pan consagrado, si es que los muchachos se han abstenido al
menos del trato con mujeres.»
6 Respondió David al sacerdote:» Ciertamente que la mujer nos
está prohibida, como siempre que salgo a campaña, y los cuerpos de los
muchachos están puros; aunque es un viaje profano, cierto que hoy sus
cuerpos están puros.»
7 Diole entonces el sacerdote panes consagrados, porque no había
allí otro pan sino el pan de la presencia, el retirado de delante de
Yahveh para colocar pan reciente el día que tocaba retirarlo.
8 Estaba allí aquel día uno de los servidores de Saúl, detenido
ante Yahveh; se llamaba Doeg, edomita, el más robusto de los pastores
de Saúl.
9 Dijo David a Ajimélek: «¿No tienes aquí a mano una lanza o
una espada? Porque ni siquera he cogido mi espada y mis armas, pues urgía
la orden del rey.»
10 Respondió el sacerdote: «Ahí está la espada de Goliat el
filisteo que mataste en el valle del Terebinto, envuelta en un paño
detrás del efod; si la quieres tómala; fuera de ésta, no hay otra.»
Dijo David: «Ninguna mejor. Dámela.»
11 Se levantó David y huyó aquel día de Saúl, yendo donde Akís,
rey de Gat.
12 Los servidores de Akís le dijeron: «¿No es este David, rey
de la tierra? ¿No es éste a quien cantaban en corro : Saúl mató sus
millares y David sus miríadas?»
13 Meditó David estas palabras y temió mucho a Akís, rey de Gat.
14 Y se fingió demente ante sus ojos haciéndose el loco en medio
de ellos; tamborileaba sobre el batiente de la puerta y dejaba caer la
saliva sobre su barba.
15 Dijo pues Akís a sus servidores: «Mirad, este hombre está
loco. ¿Para qué me lo habéis traído?
16 ¿Es que me hacen falta locos, que me habéis traído a este
para que haga el loco a mi costa? ¿Va a entrar éste en mi casa?»
22
1 Yéndose de allí David se refugió en la caverna de Adullam.
Lo supieron sus hermanos y toda la casa de su padre y bajaron allí,
junto a él.
2 Todos los entrampados y desesperados se unieron a él y fue jefe
de ellos. Había con él unos cuatrocientos hombres.
3 De allí se fue David a Mispé de Moab y dijo al rey de Moab: «Permite
que mi padre y mi madre se queden con vosostros hasta que yo sepa qué
va a hacer conmigo Dios.»
4 Los dejó con el rey de Moab, y se quedaron con él todo el
tiempo que David estuvo en el refugio.
5 El profeta Gad dijo a David: «No te quedes en el refugio. Vete
y penetra en las tierras de Judá.» Partió David y entró en el bosque
de Jéret.
6 Oyó Saúl que David y los hombres que estaban con él habían
sido descubiertos. Estaba Saúl en Guibeá, en el alto, debajo del
tamarisco, con la lanza en la mano, rodeado de todos sus servidores.
7 Dijo Saúl a todos los servidores que le rodeaban: «Oídme
todos, benjaminitas: ¿también a cada uno de vosotros os va a dar el
hijo de Jesé campos y viñas y os va a nombrar a todos jefes de
millares y jefes de cien,
8 pues conspiráis todos contra mí y no ha habido quien me
descubriera la alianza de mi hijo con el hijo de Jesé, nadie que se
compadeciera de mí y me avisara que mi hijo hacía que mi servidor
atentase contra mí, como ocurre hoy mismo?»
9 Respondió Doeg el edomita, que estaba entre los servidores de
Saúl: «Yo he visto al hijo de Jesé venir a Nob, donde Ajimélek, hijo
de Ajitub.
10 Consultó por él a Yahveh, le dio víveres e incluso llegó a
entregarle la espada de Goliat el filisteo.»
11 Mandó el rey llamar al sacerdote Ajimélek, hijo de Ajitub, y
a toda la casa de su padre, a los sacerdotes que había en Nob, y
vinieron todos donde el rey.
12 Dijo Saúl: «Oye, hijo de Ajitub.» Este respondió: «Aquí
estoy, mi señor.»
13 Díjole Saúl: «¿Por qué conspiráis contra mí tú y el hijo de
Jesé, pues le diste pan y una espada y consultaste a Dios por él, para
que se alzase contra mí, como ahora está sucediendo?»
14 Respondió Ajimélek al rey: «¿Y quién, entre todos tus
servidores, es como David, el fiel, el yerno del rey y el jefe de tu
guardia personal y honrado en tu propia casa?
15 ¿Es que he comenzado hoy a consultar a Dios por él? ¡Líbreme
Dios! No achaque el rey a su siervo y a toda la casa de mi padre una
cosa tal porque nada sabe tu siervo de esto, ni poco ni mucho.»
16 Respondió el rey: «Vas a morir, Ajimélek, tú y toda la casa
de tu padre.»
17 Dijo pues el rey a los corredores que estaban a su lado: «Acercaos
y dad muerte a los sacerdotes de Yahveh porque también su mano está
con David y, sabiendo que él huía, no me lo hicieron saber.» Pero los
servidores del rey no quisieron alzar su mano para herir a los
sacerdotes de Yahveh.
18 Dijo, pues, el rey a Doeg: «Acércate tú y hiere a los
sacerdotes.» Acercóse Doeg el edomita y él mismo hirió a los
sacerdotes; mató aquel día a 85 hombres que llevaban efod de
lino.
19 Saúl pasó a filo de espada a Nob, la ciudad de los
sacerdotes, hombres, mujeres, niños y lactantes, bueyes, asnos y
ovejas, todos a cuchillo.
20 Pudo escapar un hijo de Ajimélek, hijo de Ajitub, llamado
Abiatar, y huyó donde David.
21 Abiatar notificó a David que Saúl había dado muerte a los
sacerdotes de Yahveh.
22 David dijo a Abiatar: «Ya sabía yo aquel día que, estando
allí Doeg el edomita, no dejaría de avisar a Saúl. Yo soy el
responsable de todas las vidas de la casa de tu padre.
23 Quédate conmigo y no temas, que quien busca tu muerte busca la mía,
y junto a mí estarás bien custodiado.»
23
1 Avisaron a David: «Mira, los filisteos están atacando a
Queilá y han saqueado las eras.»
2 Consultó David a Yahveh: «¿Debo ir a batir a esos filiesteos?»
Yahveh respondió a David: «Vete, batirás a los filisteos y salvarás
a Queilá.»
3 Dijeron a David sus hombres: «Mira, ya en Judá estamos con temor ¿y
todavía vamos a marchar a Queilá contra las huestes de los filisteos?»
4 David consultó de nuevo a Yahveh. Yahveh respondió: «Levántate,
baja a Queilá porque he entregado a los filisteos en tus manos.»
5 Fue David con sus hombres a Queilá, atacó a los filisteos, se
llevó sus rebaños, les causó una gran mortandad y libró David a los
habitantes de Queilá.
6 Cuando Abiatar, hijo de Ajimélek, huyó a donde David, descendió
también a Queilá, llevando en su mano el efod.
7 Se avisó a Saúl que David había entrado en Queilá y dijo: «Dios
lo ha entregado en mis manos, pues él mismo se ha encerrado yendo a una
ciudad con puertas y cerrojos.»
8 Llamó Saúl a todo el pueblo a las armas para bajar a Queilá y
cercar a David y sus hombres.
9 Supo David que Saúl tramitaba su ruina, y dijo al sacerdote
Abiatar: «Acerca el efod.»
10 Dijo David: «Yahveh, Dios de Israel, tu siervo ha oído que Saúl
intenta venir a Queilá para destruir la ciudad por mi causa.
11 ¿Descenderá de verdad Saúl como tu siervo ha oído? Yahveh,
Dios de Israel, hazlo saber por favor a tu siervo.» Yahveh respondió:
«Bajará.»
12 Preguntó David: «¿Me entregarán los vecinos de Queilá, a mí
y a mis hombres, en manos de Saúl?» Respondió Yahveh: «Te entregarán.»
13 Se levantó David con sus hombres, que eran unos trescientos;
salieron de Queilá, y anduvieron errando. Avisaron a Saúl que David se
había escapado de Queilá y suspendió la expedición.
14 David se asentó en el desierto, en refugios, y se quedó en la
montaña del desierto de Zif; Saúl le buscaba sin cesar, pero Dios no
le entregó en sus manos.
15 Se enteró David de que Saúl había salido a campaña para
buscar su muerte. Estaba entonces David en el desierto de Zif, en Jorsa.
16 Jonatán, hijo de Saúl, se levantó y fue donde David, en
Jorsa, le dio ánimos en Dios,
17 y le dijo: «No temas, porque la mano de Saúl, mi padre, no te
alcanzará; tú reinarás sobre Israel y yo seré tu segundo. Hasta mi
padre Saúl lo tiene sabido.»
18 Hicieron ambos una alianza ante Yahveh; David se quedó en
Jorsa, y Jonatán se volvió a su casa.
19 Subieron algunos zifitas a Guibeá, donde Saúl, para decirle:
«¿No se esconde David entre nosotros, en los refugios de Jorsa, en la
colina de Jakilá, que está al sur de la estepa?
20 Tú deseas con toda tu alma, oh rey, descender. Desciende y es
cosa nuestra entregarlo en manos del rey.»
21 Respondió Saúl: «Que Yahveh os bendiga por haberos
compadecido de mí.
22 Id, pues; aseguraos bien, enteraos, mirad el lugar donde se
pone su pie y quién le ha visto allí, porque me han dicho que es muy
astuto.
23 Mirad y reconoced todos los escondrijos en que pueda esconderse, y
volved a mí cuando estéis seguros y subiré con vosotros, y si está
en la comarca le rebuscaré entre todas las familias de Judá.»
24 Se levantaron y se fueron a Zif, precediendo a Saúl. Estaban
David y sus hombres en el desierto de Maón, en la llanura, al sur del
desierto.
25 Fue Saúl con sus hombres en su busca; avisaron a David y bajó
al tajo que está en el desierto de Maón. Lo oyó Saúl y persiguió a
David en el desierto de Maón.
26 Iba Saúl y sus hombres por un lado de la montaña, y David y
sus hombres por el lado de la otra. Huía David a toda prisa ante Saúl,
mientras Saúl y sus hombres intentaban pasar a la parte de David y sus
hombres para apresarlos,
27 cuando he aquí que llegó un mensajero a Saúl y le dijo: «Date
prisa y ven, porque los filisteos han invadido la tierra.»
28 Abandonó Saúl la persecución de David y marchó al encuentro
de los filisteos. Por eso se llamó aquel lugar «Peña de la Separación.»
24
1 Subió de allí David y se asentó en los refugios de Engadí.
2 Cuando regresó Saúl de perseguir a los filisteos, le avisaron:
«David está en el desierto de Engadí.»
3 Tomó entonces Saúl 3.000 hombres selectos de todo Israel y partió
en busca de David y de sus hombres al este del roquedal de Yeelim.
4 Llegó a unos rediles de ganado junto al camino; había allí
una cueva y Saúl entró en ella para hacer sus necesidades. David y sus
hombres estaban instalados en el fondo de la cueva.
5 Los hombres de David le dijeron: «Mira, este es el día que
Yahveh te anunció: Yo pongo a tu enemigo en tus manos, haz de él lo
que te plazca.» Levantóse David y silenciosamente cortó la punta del
manto de Saúl.
6 Después su corazón le latía fuertemente por haber cortado la
punta del manto de Saúl,
7 y dijo a sus hombres: «Yahveh me libre de hacer tal cosa a mi
señor y de alzar mi mano contra él, porque es el ungido de Yahveh.»
8 David habló con energía a sus hombres para que no se lanzasen
contra Saúl. Saúl marchó de la cueva y continuó su camino,
9 tras lo cual se levantó David, salió de la cueva y gritó detrás
de Saúl: «¡Oh rey, mi señor!» Volvió Saúl la vista, e inclinándose
David, rostro en tierra, se postró ante él,
10 y dijo David a Saúl: «¿Por qué escuchas a las gentes que te
dicen: David busca tu ruina?
11 Hoy mismo han visto tus ojos que Yahveh te ha puesto en mis
manos en la cueva, pero no he querido matarte, te he perdonado, pues me
he dicho: No alzaré mi mano contra mi señor, porque es el ungido de
Yahveh.
12 Mira, padre mío, mira la punta de tu manto en mi mano; si he
cortado la punta de tu manto y no te he matado, reconoce y mira que no
hay en mi camino maldad ni crimen, ni he pecado contra ti, mientras que
tú me pones insidias para quitarme la vida.
13 Que juzgue Yahveh entre los dos y que Yahveh me vengue de ti, pero mi
mano no te tocará,
14 pues como dice el antiguo proverbio: De los malos sale malicia,
pero mi mano no te tocará.
15 ¿Contra quién sale el rey de Israel, a quién estás
persiguiendo? A un perro muerto, a una pulga.
16 Que Yahveh juzgue y sentencie entre los dos, que él vea y
defienda mi causa y me haga justicia librándome de tu mano.»
17 Cuando David hubo acabado de decir estas palabras a Saúl, dijo
Saúl: «¿Es ésta tu voz, hijo mío David?» Y alzando Saúl su voz,
rompió a llorar,
18 y dijo a David: «Más justo eres tú que yo, pues tú me haces
beneficios y yo te devuelvo males;
19 hoy has mostrado tu bondad, pues Yahveh me ha puesto en tus
manos y no me has matado.
20 ¿Qué hombre encuentra a su enemigo y le permite seguir su
camino en paz? Que Yahveh te premie por el bien que hoy me has hecho.
21 Ahora tengo por cierto que reinarás y que el reino de Israel
se afirmará en tus manos.
22 Ahora, pues, júrame por Yahveh que no exterminarás mi
descendencia después de mí y que no borrarás mi nombre de la casa de
mi padre.»
23 David se lo juró a Saúl. Saúl se fue a su casa y David y sus
hombres subieron al refugio.
25
1 Samuel murió. Todo Israel se congregó para llorarle y lo
sepultaron en su heredad, en Ramá. David se levantó y bajó al
desierto de Maón.
2 Había un hombre en Maón que tenía su hacienda en Carmelo. Era
un hombre muy rico; poseía 3.000 ovejas y mil cabras. Estaba entonces
en Carmelo, esquilando su rebaño.
3 El hombre se llamaba Nabal y su mujer se llamaba Abigaíl; ella era
muy prudente y hermosa, pero el hombre era duro y de mala conducta. Era
calebita.
4 Supo David en el desierto que Nabal estaba esquilando su rebaño
5 y mandó diez muchachos diciéndoles: «Subid a Carmelo y llegad
donde Nabal y le saludáis en mi nombre,
6 y hablad así a mi hermano; Salud para tí, salud para tu casa y
salud para todo lo tuyo.
7 He sabido que estás de esquileo; pues bien, tus pastores han
estado con nosotros y nunca les hemos molestado ni han echado en falta
nada de lo suyo mientras estuvieron en Carmelo.
8 Pregunta a tus criados y ellos te lo dirán. Que estos muchachos
encuentren, pues gracia a tus ojos, ya que hemos venido en un día de
fiesta, y dales lo que tengas a mano para tus siervos y tu hijo
David."»
9 Llegaron los muchachos de David, dijeron a Nabal todas estas
palabras en nombre de David y se quedaron esperando.
10 Pero Nabal respondió a los servidores de David: «¿Quién es
David y quién es el hijo de Jesé? Abundan hoy en día los siervos que
andan huídos de sus señores.
11 ¿Voy a tomar acaso mi pan y mi vino y las reses que he
sacrificado para los esquiladores y se las voy a dar a unos hombres que
no sé de dónde son?»
12 Los muchachos de David dieron la vuelta y se volvieron por su
camino, y en llegando le c |