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EZEQUIEL
1
1 El año treinta, el día cinco el cuarto mes, encontrándome
yo entre los deportados, a orillas del río Kebar, se abrió el cielo y
contemplé visiones divinas.
2 El día cinco del mes - era el año quinto de la deportación
del rey Joaquín -
3 la palabra de Yahveh fue dirigida al sacerdote Ezequiel, hijo de Buzí,
en el país de los caldeos, a orillas del río Kebar, y allí fue sobre
él la mano de Yahveh.
4 Yo miré: vi un viento huracanado que venía del norte, una gran
nube con fuego fulgurante y resplandores en torno, y en el medio como el
fulgor del electro, en medio del fuego.
5 Había en el centro como una forma de cuatro seres cuyo aspecto
era el siguiente: tenían forma humana.
6 Tenían cada uno cuatro caras, y cuatro alas cada uno.
7 Sus piernas eran rectas y la planta de sus pies era como la
planta de la pezuña del buey, y relucían como el fulgor del bronce bruñido.
8 Bajo sus alas había unas manos humanas vueltas hacia las cuatro
direcciones, lo mismo que sus caras y sus alas, las de los cuatro.
9 Sus alas estaban unidas una con otra; al andar no se volvían;
cada uno marchaba de frente.
10 En cuanto a la forma de sus caras, era una cara de hombre, y
los cuatro tenían cara de león a la derecha, los cuatro tenían cara
de toro a la iquierda, y los cuatro tenían cara de águila.
11 Sus alas estaban desplegadas hacia lo alto; cada uno tenía dos
alas que se tocaban entre sí y otras dos que le cubrían el cuerpo;
12 y cada uno marchaba de frente; donde el espíritu les hacía
ir, allí iban, y no se volvían en su marcha.
13 Entre los seres había algo como brasas incandescentes, con aspecto
de antorchas, que se movía entre los seres; el fuego despedía un
resplandor, y del fuego salían rayos.
14 Y los seres iban y venían con el aspecto del relámpago.
15 Miré entonces a los seres y vi que había una rueda en el
suelo, al lado de los seres de cuatro caras.
16 El aspecto de las ruedas y su estructura era como el destello
del crisólito. Tenían las cuatro la misma forma y parecían dispuestas
como si una rueda estuviese dentro de la otra.
17 En su marcha avanzaban en las cuatro direcciones; no se volvían
en su marcha.
18 Su circunferencia tenía gran altura, era imponente, y la
circunferencia de las cuatro estaba llena de destellos todo alrededor.
19 Cuando los seres avanzaban, avanzaban las ruedas junto a ellos,
y cuando los seres se elevaban del suelo, se elevaban las ruedas.
20 Donde el espíritu les hacía ir, allí iban, y las ruedas se
elevaban juntamente con ellos, porque el espíritu del ser estaba en las
ruedas.
21 Cuando avanzaban ellos, avanzaban ellas, cuando ellos se
paraban, se paraban ellas, y cuando ellos se elevaban del suelo, las
ruedas se elevaban juntamente con ellos, porque el espíritu del ser
estaba en las ruedas.
22 Sobre las cabezas del ser había una forma de bóveda
resplandeciente como el cristal, extendida por encima de sus cabezas,
23 y bajo la bóveda sus alas estaban rectas, una paralela a la otra;
cada uno tenía dos que le cubrían el cuerpo.
24 Y oí el ruido de sus alas, como un ruido de muchas aguas, como
la voz de Sadday; cuando marchaban, era un ruido atronador, como ruido
de batalla; cuando se paraban, replegaban sus alas.
25 Y se produjo un ruido.
26 Por encima de la bóveda que estaba sobre sus cabezas, había
algo como una piedra de zafiro en forma de trono, y sobre esta forma de
trono, por encima, en lo más alto, una figura de apariencia humana.
27 Vi luego como el fulgor del electro, algo como un fuego que
formaba una envoltura, todo alrededor, desde lo que parecía ser sus
caderas para arriba; y desde lo que parecía ser sus caderas para abajo,
vi algo como fuego que porducía un resplandor en torno,
28 con el aspecto del arco iris que aparece en las nubes los días
de lluvia: tal era el aspecto de este resplandor, todo en torno. Era
algo como la forma de la gloria de Yahveh. A su vista caí rostro en
tierra y oí una voz que hablaba.
2
1 Me dijo: «Hijo de hombre, ponte en pie, que voy a hablarte».
2 El espíritu entró en mí como se me había dicho y me hizo
tenerme en pie; y oí al que me hablaba.
3 Me dijo: «Hijo de hombre, yo te envío a los israelitas, a la nación
de los rebeldes, que se han rebelado contra mí. Ellos y sus padres me
han sido contumaces hasta este mismo día.
4 Los hijos tienen la cabeza dura y el corazón empedernido; hacia
ellos te envío para decirles: Así dice el señor Yahveh.
5 Y ellos, escuchen o no escuchen, ya que son una casa de rebeldía,
sabrán que hay un profeta en medio de ellos.
6 Y tú, hijo de hombre, no les tengas miedo, no tengas miedo de
sus palabras si te contradicen y te desprecian y si te ves sentado sobre
escorpiones. No tengas miedo de sus palabras, no te asustes de ellos,
porque son una casa de rebeldía.
7 Les comunicarás mis palabras, escuchen o no escuchen, porque
son una casa de rebeldía.
8 «Y tú, hijo de hombre, esucha lo que voy a decirte, no seas
rebelde como esa casa de rebeldía. Abre la boca y come lo que te voy a
dar.»
9 Yo miré: vi una mano que estaba tendida hacia mí, y tenía
dentro un libro enrollado.
10 Lo desenrolló ante mi vista: estaba escrito por el anverso y
por el reverso; había escrito: «Lamentaciones, gemidos y ayes.»
3
1 Y me dijo: «Hijo de hombre, come lo que se te ofrece; come
este rollo y ve luego a hablar a la casa de Israel.»
2 Yo abrí mi boca y él me hizo comer el rollo,
3 y me dijo: «Hijo de hombre, aliméntate y sáciate de este rollo que
yo te doy.» Lo comí y fue en mi boca dulce como la miel.
4 Entonces me dijo: «Hijo de hombre, ve a la casa de Israel y háblales
con mis palabras.
5 Pues no eres enviado a un pueblo de habla oscura y de lengua difícil,
sino a la casa de Israel.
6 No a pueblos numerosos, de habla oscura y de lengua difícil
cuyas palabras no entenderías. Si te enviara a ellos, ¿no es verdad
que te escucharían?
7 Pero la casa de Israel no quiere escucharte a ti porque no
quiere escucharme a mí, ya que toda la casa de Israel tiene la cabeza
dura y el corazón empedernido.
8 Mira, yo he hecho tu rostro duro como su rostro, y tu frente tan
dura como su frente;
9 yo te hecho tu frente dura como el diamante, que es más duro
que la roca. No los temas, no tengas miedo de ellos, porque son una casa
de rebeldía.»
10 Luego me dijo: «Hijo de hombre, todas las palabras que yo te
dirija, guárdalas en tu corazón y escúchalas atentamente,
11 y luego, anda, ve donde los deportados, donde los hijos de tu
pueblo; les hablarás y les dirás: "Así dice el Señor
Yahveh", escuchen o no escuchen.»
12 Entonces, el espíritu me levantó y oí detrás de mí el
ruido de una gran trepidación: «Bendita sea la gloria de Yahveh, en el
lugar donde está»,
13 el ruido que hacían las alas de los seres al batir una contra otra,
y el ruido de las ruedas junto a ellos, ruido de gran trepidación.
14 Y el espíritu me levantó y me arrebató; yo iba amargado con
quemazón de espíritu, mientras la mano de Yahveh pesaba fuertamente
sobre mí.
15 Llegué donde los deportados de Tel Abib que residían junto al
río Kebar - era aquí donde ellos residían -, y permanecí allí siete
días, aturdido, en medio de ellos.
16 Al cabo de los siete días, la palabra de Yahveh me fue
dirigida en estos términos:
17 «Hijo de hombre, yo te he puesto como centinela de la casa de
Israel. Oirás de mi boca la palabra y les advertirás de mi parte.
18 Cuando yo diga al malvado: "Vas a morir", si tú no
le adviertes, si no hablas para advertir al malvado que abandone su mala
conducta, a fin de que viva, él, el malvado, morirá por su culpa, pero
de su sangre yo te pediré cuentas a ti.
19 Si por el contrario adviertes al malvado y él no se aparta de
su maldad y de su mala conducta, morirá él por su culpa, pero tú habrás
salvado tu vida.
20 Cuando el justo se aparte de su justicia para cometer
injusticia, yo pondré un obstáculo ante él y morirá; por no haberle
advertido tú, morirá él por su pecado y no se recordará la justicia
que había practicado, pero de su sangre yo te pediré cuentas a ti.
21 Si por el contrario adviertes al justo que no peque, y él no
peca, vivirá él por haber sido advertido, y tú habrás salvado tu
vida.»
22 Allí fue sobre mí la mano de Yahveh; me dijo: «Levántate,
sal a la vega, y allí te hablaré.»
23 Me levanté y salí a la vega, y he aquí que la gloria de Yahveh
estaba parada allí, semejante a la gloria que yo había visto junto al
río Kebar, y caí rostro en tierra.
24 Entonces, el espíritu entró en mí y me hizo tenerme en pie,
y me habló. Me dijo: «Ve a encerrarte en tu casa.
25 Hijo de hombre, he aquí que se te van a echar cuerdas con las
que serás atado, para que no aparezcas en medio de ellos.
26 Yo haré que tu lengua se te pegue al paladar, quedarás mudo y
dejarás de ser su censor, porque son una casa de rebeldía.
27 Mas cuando yo te hable, abriré tu boca y les dirás: Así dice
el Señor Yahveh; quien quiera escuchar, que escuche, y quien no quiera,
que lo deje; porque son una casa de rebeldía.»
4
1 Tú, hijo de hombre, toma un ladrillo y ponlo delante de ti;
grabarás en él una ciudad, Jerusalén,
2 y emprenderás contra ella un asedio: construirás contra ella
trincheras, levantarás contra ella terraplenes, emplazarás contra ella
campamentos, instalarás contra ella arietes, todo alrededor.
3 Toma luego una sartén de hierro y colócala como un muro de hierro
entre ti y la ciudad. Fijarás tu rostro sobre ella, y quedará en
estado de sitio: tú la sitiarás. Es una señal para la casa de Israel.
4 Acuéstate del lado izquierdo y pon sobre ti la culpa de la casa
de Israel. Todo el tiempo que estés acostado así, llevarás su culpa.
5 Yo te he impuesto los años de su culpa en una duración de
trescientos noventa días, durante los cuales cargarás con la culpa de
la casa de Israel.
6 Cuando hayas terminado estos últimos, te acostarás otra vez
del lado derecho, y llevarás la culpa de la casa de Judá durante
cuarenta días. Yo te he impuesto un día por año.
7 Después fijarás tu rostro y tu brazo desnudo sobre el asedio
de Jerusalén, y profetizarás contra ella.
8 He aquí que yo te he atado con cuerdas, y no te darás vuelta
de un lado a otro hasta que no hayas cumplido los días de tu reclusión.
9 Toma, pues, trigo, cebada, habas, lentejas, mijo, espelta: ponlo
en una misma vasija y haz con ello tu pan. Durante todo el tiempo que
estés acostado de un lado - trescientos noventa días - comerás de
ello.
10 El alimento que comas será de un peso de veinte siclos por día,
que comerás de tal a tal hora.
11 También beberás el agua con medida, beberás la sexta parte
de un sextario, de tal a tal hora.
12 Comerás este alimento en forma de galleta de cebada que será
cocida, a la vista de ellos, sobre excrementos humanos.»
13 Y dijo Yahveh: «Así comerán los israelitas su alimento impuro en
medio de las naciones donde yo los arrojaré.»
14 Yo dije entonces: «¡Ah, Señor Yahveh!, mi alma no está
impura. Desde mi infancia hasta el presente jamás he comido bestia
muerta o despedazada, ni carne corrompida entró en mi boca.»
15 El me dijo: «Bien, en lugar de excrementos humanos te permito
usar boñiga de buey para que hagas tu pan encima.»
16 Luego me dijo: «Hijo de hombre, he aquí que yo voy a destruir
la provisión de pan en Jerusalén: comerán el pan con peso y con
angustia; y el agua con medida y con ansiedad la beberán,
17 porque faltarán el pan y el agua: quedarán pasmados todos
juntos y se consumirán por sus culpas.»
5
1 Tú, hijo de hombre, toma una espada afilada, tómala como
navaja de barbero, y pásatela por tu cabeza y tu barba. Luego tomarás
una balanza y dividirás en partes lo que hayas cortado.
2 A un tercio le prenderás fuego en medio de la ciudad, al
cumplirse los días del asedio. El otro tercio lo tomarás y lo cortarás
con la espada todo alrededor de la ciudad. El último tercio lo espacirás
al viento, y yo desenvainaré la espada detrás de ellos.
3 Pero de aquí tomarás una pequeña cantidad que recogerás en el
vuelo de tu manto,
4 y de éstos tomarás todavía un poco, lo echarás en medio del
fuego y lo quemarás en él. De ahí saldrá el fuego hacia toda la casa
de Israel.
5 Así dice el Señor Yahveh: Esta es Jerusalén; yo lo había
colocado en medio de las naciones, y rodeado de países.
6 Pero ella se ha rebelado contra mis normas con más perversidad
que las naciones, y contra mis decretos más que los países que la
rodean. Sí, han rechazado mis normas y no se han conducido según mis
decretos.
7 Por eso, así dice el Señor Yahveh: Porque vuestro tumulto es
mayor que el de las naciones que os rodean, porque no os habéis
conducido según mis decretos ni habéis observado mis normas, y ni
siquiera os habéis ajustado a las normas de las naciones que os rodean,
8 por eso, así dice el Señor Yahveh: También yo me declaro
contra ti, ejecutaré mis juicios en medio de ti a los ojos de las
naciones,
9 y haré contigo lo que jamás he hecho y lo que no volveré a
hacer jamás, a causa de todas tus abominaciones.
10 Por eso, los padres devorarán a sus hijos, en medio de ti, y
los hijos devorarán a sus padres. Yo haré justicia de ti y esparciré
lo que quede de ti a todos los vientos.
11 Por eso, por mi vida, oráculo del Señor Yahveh, que de la
misma manera que tú has contaminado mi santuario con todos tus horrores
y todas tus abominaciones, yo también te rechazaré a ti sin una mirada
de piedad, tampoco yo perdonaré.
12 Un tercio de los tuyos morirá de peste o perecerá de hambre
en medio de ti, otro tercio caerá a espada, en tus alrededores, y al
otro tercio lo esparciré yo a todos los vientos, desenvainando la
espada detrás de ellos.
13 Mi cólera se desahogará y saciaré en ellos mi furor; me vengaré y
sabrán entonces que yo, Yahveh, he hablado en mi celo, cuando desahogue
mi furor en ellos.
14 Y haré de ti una ruina, un oprobio entre las naciones que te
rodean, a los ojos de todos los transeúntes.
15 Serás oprobio y blanco de insultos, ejemplo y asombro para las
naciones que te rodean, cuando yo haga justicia de ti con cólera y
furor, con furiosos escarmientos. Yo, Yahveh, he hablado.
16 Cuando lance contra ellos las terribles flechas del hambre, que
causan el exterminio, y que yo enviaré para exterminaros, añadiré el
hambre contra vosotros, y destruiré vuestras provisiones de pan.
17 Enviaré contra vosotros el hambre y las bestias feroces, que
te dejarán sin hijos; la peste y la sangre pasarán por ti, y haré
venir contra ti la espada. Yo, Yahveh, he hablado.
6
1 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
2 Hijo de hombre, vuelve tu rostro hacia los montes de Israel y
profetiza contra ellos.
3 Dirás: Montes de Israel, escuchad la palabra del Señor Yahveh. Así
dice el Señor Yahveh a los montes, a las colinas, a los barrancos y a
los valles: He aquí que yo voy a hacer venir contra vosotros la espada
y destruiré vuestros altos.
4 Vuestros altares serán devastados, vuestros braseros de
incienso serán rotos, haré caer a vuestros habitantes, acribillados,
delante de vuestras basuras,
5 pondré los cadáveres de los israelitas delante de sus basuras,
y esparciré sus huesos alrededor de vuestros altares.
6 En todo lugar donde habitéis, las ciudades quedarán en ruinas
y los altos serán devastados, de forma que vuestros altares queden en
ruinas, como cosa culpable, vuestras basuras sean destrozadas y
aventadas, vuestros braseros de incienso hechos pedazos y aniquiladas
vuestras obras.
7 Caerán las víctimas en medio de vosotros, y sabréis que yo
soy Yahveh.
8 Pero haré que os queden, entre las naciones, algunos
supervivientes de la espada, cuando seáis dispersados por los países.
9 Y vuestros supervivientes se acordarán de mí, entre las
naciones adonde hayan sido deportados, aquellos a quienes yo haya
quebrantado el corazón adúltero que se apartó de mí y los ojos que
se prostituyeron detrás de sus basuras. Tendrán horror de sí mismos
por las maldades que cometieron con todas sus abominaciones.
10 Y sabrán que yo soy Yahveh: no había hablado en vano de
infligirles todos estos males.
11 Así dice el Señor Yahveh. Bate las manos, patalea y di: «¡Ay!»,
por todas las execrables abominaciones de la casa de Israel, que va a
caer por la espada, el hambre y la peste.
12 El que esté lejos morirá de peste, el que esté cerca caerá
a espada, el que quede sitiado morirá de hambre, porque yo desahogaré
mi furor en ellos.
13 Y sabréis que yo soy Yahveh, cuando sus víctimas queden allí entre
sus basuras alrededor de sus altares, en toda colina elevada, en la cima
de todos los montes, bajo todo árbol verde, bajo toda encina frondosa,
dondequiera que ofrecen calmante aroma a todas sus basuras.
14 Extenderé mi mano contra ellos y haré de esta tierra una
soledad desolada, desde el desierto hasta Riblá, en todo lugar donde
habiten; y sabrán que yo soy Yahveh.
7
1 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
2 Hijo de hombre, di: Así dice el Señor Yahveh a la tierra de
Israel: ¡El fin! Llega el fin sobre los cuatro extremos de esta tierra.
3 Ahora es el fin para ti; voy a desencadenar mi cólera contra ti, para
juzgarte según tu conducta y pedirte cuentas de todas tus
abominaciones.
4 No tendré para ti una mirada de piedad, no te perdonaré, sino
que te pediré cuentas de tu conducta; aparecerán tus abominaciones en
medio de ti, y sabréis que yo soy Yahveh.
5 Así dice el Señor Yahveh: ¡Desgracia única! ¡Ya viene la
desgracia!
6 Se acerca el fin, el fin se acerca vigilante sobre ti, es ya
inminente.
7 Te llega el turno, habitante del país. Llega el tiempo, está
cercano el día, consternación, que no ya ¡hurra!, en los montes.
8 Ahora voy a derramar sin tregua mi furor sobre ti y a desahogar
mi cólera en ti; voy a juzgarte según tu conducta y a pedirte cuentas
de todas tus abominaciones.
9 No tendré una mirada de piedad, no perdonaré; te pediré
cuentas de tu conducta; tus abominaciones aparecerán en medio de ti, y
sabréis que yo soy Yahveh, el que hiere.
10 He aquí el día, hele que viene: sale el turno, la vara está
florida, florida la insolencia.
11 Se ha erguido la violencia para hacerse vara de maldad...
12 Ha llegado el momento, está cercano el día. No se alegre el
comprador, no se entristezca el vendedor, porque la ira es contra toda
su multitud.
13 El vendedor no volverá a lo vendido, mientras viva entre los vivos,
pues la ira contra toda su multitud no será revocada; y nadie, por su
iniquidad, tendrá segura su vida.
14 Se tocará la trompeta, todo estará a punto, pero nadie
marchará al combate, porque mi ira es contra toda su multitud.
15 Está la espada afuera, la peste y el hambre dentro. El que se
encuentre en el campo morirá a espada, y al que esté en la ciudad, el
hambre y la peste lo devorarán.
16 Sus supervivientes escaparán, andarán por los montes, como
las palomas de los valles, todos ellos gimiendo, cada uno por sus
culpas.
17 Todas las manos desmayarán, todas las rodillas se irán en
agua.
18 Se ceñirán ellos de sayal, un escalofrío los invadirá. En
todos los rostros la vergüenza, todas las cabezas rasuradas.
19 Arrojarán su plata por las calles y su oro se convertirá en
inmundicia; ni su plata, ni su oro les podrán salvar el día del enojo
de Yahveh. No se saciarán más, no llenarán más su vientre, porque
ello era la ocasión de su culpa.
20 De la hermosura de sus joyas hicieron el objeto de su orgullo:
con ellas fabricaron las imágenes de sus monstruos abominables; por eso
yo se lo convertiré en inmundicia.
21 Yo lo entregaré al saqueo de los extranjeros, al despojo de
los más impíos de la tierra, que lo profanarán.
22 Retiraré mi rostro de ellos, mi tesoro será profanado: los
invasores penetrarán en él y lo profanarán.
23 Haz una cadena, porque esta tierra está llena de delitos de sangre,
la ciudad repleta de violencia.
24 Yo haré venir a las naciones más crueles, que se apoderarán
de sus casas. Pondré fin al orgullo de los poderosos y sus santuarios
serán profanados.
25 Llega el terror; ellos buscarán la paz, pero no la habrá.
26 Vendrá desastre tras desastre, noticia tras noticia: se pedirá
al profeta una visión, le faltará al sacerdote la ley, el consejo a
los ancianos.
27 El rey estará en duelo, el príncipe hundido en la desolación,
las manos del pueblo de la tierra temblarán. Yo los trataré según su
conducta, los juzgaré según sus juicios, y sabrán que yo soy Yahveh.
8
1 El año sexto, el día cinco del sexto mes, estaba yo sentado
en mi casa y los ancianos de Judá sentados ante mí, cuando se posó
allí sobre mí la mano del Señor Yahveh.
2 Miré: había allí una forma con aspecto de hombre. Desde lo
que parecían ser sus caderas para abajo era de fuego, y desde sus
caderas para arriba era algo como un resplandor, como el fulgor del
electro.
3 Alargó una especie de mano y me agarró por un mechón de mi cabeza;
el espíritu me elevó entre el cielo y la tierra y me llevó a Jerusalén,
en visiones divinas, a la entrada del pórtico interior que mira al
norte, allí donde se alza el ídolo de los celos, que provoca los
celos.
4 Y he aquí que la gloria del Dios de Israel estaba allí; tenía
el aspecto de lo que yo había visto en la vega.
5 El me dijo: «Hijo de hombre, lévanta tus ojos hacia el norte.»
Levanté mis ojos hacia el norte y vi que al norte del pórtico del
altar estaba este ídolo de los celos, a la entrada.
6 Me dijo: «Hijo de hombre, ¿ves lo que hacen éstos, las
grandes abominaciones que la casa de Israel comete aquí para alejarme
de mi santuario? Todavía has de ver otras grandes abominaciones».
7 Me llevó a la entrada del atrio. Yo miré: había un agujero en
la pared.
8 Y me dijo: «Hijo de hombre, perfora la pared.» Perforé la
pared y se hizo una abertura.
9 Y me dijo: «Entra y contempla las execrables abominaciones que
éstos cometen ahí.»
10 Entré y observé: toda clase de representaciones de reptiles y
animales repugnantes, y todas las basuras de la casa de Israel estaban
grabados en la pared, todo alrededor.
11 Y setenta hombres, de los ancianos de la casa de Israel - uno
de ellos era Yazanías, hijo de Safán -, estaban de pie delante de
ellos cada uno con su incensario en la mano. Y el perfume de la nube de
incienso subía.
12 Me dijo entonces: «¿Has visto, hijo de hombre, lo que hacen
en la oscuridad los ancianos de la casa de Israel, cada uno en su
estancia adornada de pinturas? Están diciendo: "Yahveh no nos ve,
Yahveh ha abandonado esta tierra."»
13 Y me dijo: «Todavía les verás cometer otras grandes abominaciones.»
14 Me llevó a la entrada del pórtico de la Casa de Yahveh que
mira al norte, y vi que allí estaban sentadas las mujeres, plañiendo a
Tammuz.
15 Me dijo: «¿Has visto, hijo de hombre? Todavía verás
abominaciones mayores que éstas.»
16 Me condujo luego al atrio interior de la Casa de Yahveh. Y he
aquí que a la entrada del santuario de Yahveh, entre el vestíbulo y el
altar, había unos veinticinco hombres que, vuelta la espalda al
santuario de Yahveh y la cara a oriente, se postraban en dirección a
oriente hacia el sol.
17 Y me dijo: «¿Has visto, hijo de hombre? ¿Aún no le bastan a
la casa de Judá las abominaciones que cometen aquí, para que llenen
también la tierra de violencia y vuelvan a irritarme? Mira cómo se
llevan el ramo a la nariz.
18 Pues yo también he de obrar con furor; no tendré una mirada
de piedad, no perdonaré. Con voz fuerte gritarán a mis oídos, pero yo
no les escucharé.
9
1 Entonces gritó a mis oídos con voz fuerte: «¡Se acercan
los castigos de la ciudad, cada uno con su azote en la mano!»
2 Y en esto vinieron, de la dirección del pórtico superior que
mira al norte, seis hombres, cada cual con su azote en la mano. En medio
de ellos había un hombre vestido de lino con una cartera de escriba a
la cintura. Entraron y se detuvieron ante al altar de bronce.
3 La gloria del Dios de Israel se levantó de sobre los querubines sobre
los cuales estaba, hacia el umbral de la Casa. Llamó entonces al hombre
vestido de lino que tenía la cartera de escriba a la cintura;
4 y Yahveh le dijo: «Pasa por la ciudad, por Jerusalén, y marca
una cruz en la frente de los hombres que gimen y lloran por todas las
abominaciones que se cometen en medio de ella.»
5 Y a los otros oí que les dijo: «Recorred la ciudad detrás de
él y herid. No tengáis una mirada de piedad, no perdonéis;
6 a viejos, jóvens, doncellas, niños y mujeres matadlos hasta
que no quede uno. Pero al que lleve la cruz en la frente, no le toquéis.
Empezad a partir de mi santuario.» Empezaron, pues, por los ancianos
que estaban delante de la Casa.
7 Luego les dijo: «Manchad la Casa, llenad de víctimas los
atrios; salid.» Salieron y fueron hiriendo por la ciudad.
8 Mientras ellos herían, yo quedé solo allí y caí rostro en
tierra. Exclamé: «¡Ah, Señor Yahveh!, ¿vas a exterminar a todo el
resto de Israel, derramando tu furor contra Jerusalén?»
9 Me dijo: «La culpa de la casa de Israel y de Judá es muy
grande, mucho; la tierra está llena de sangre, la ciudad llena de
perversidad. Pues dicen: "Yahveh ha abandonado la tierra, Yahveh no
ve nada."
10 Pues bien, tampoco yo tendré una mirada de piedad ni perdonaré.
Haré caer su conducta sobre su cabeza».
11 En aquel momento el hombre vestido de lino que llevaba la
cartera a la cintura, vino a hacer su relación: «He ejecutado lo que
me ordenaste.»
10
1 Miré y vi que sobre el firmamento que estaba sobre la cabeza
de los querubines aparecía, semejante a la piedra de zafiro, algo como
una forma de trono, por encima de ellos.
2 Y dijo al hombre vestido de lino: «Métete entre las ruedas,
debajo de los querubines, toma a manos llenas brasas ardientes de entre
los querubines y espárcelas por la ciudad.» Y él entró, ante mis
ojos.
3 Los querubines estaban parados a la derecha de la Casa cuando el
hombre entró, y la nube llenaba el atrio interior.
4 La gloria de Yahveh se elevó de encima de los querubines hacia
el umbral de la Casa y la Casa se llenó de la nube, mientras el atrio
estaba lleno del resplandor de la gloria de Yahveh.
5 Y el ruido de las alas de los querubines llegaba hasta el atrio
exterior, semejante a la voz del Dios Sadday cuando habla.
6 Cuando dio esta orden al hombre vestido de lino: «Toma fuego de
en medio de las ruedas, de entre los querubines», el hombré fue y se
detuvo junto a la rueda;
7 el querubín alargó su mano de entre los querubines hacia el
fuego que había en medio de los querubines, lo tomó y lo puso en las
manos del hombre vestido de lino. Este lo tomó y salió.
8 Entonces apareció en los querubines una especie de mano humana
debajo de sus alas.
9 Miré: había cuatro ruedas al lado de los querubines, cada
rueda junto a cada querubín, y el aspecto de las ruedas era como el
destello del crisólito.
10 Las cuatro parecían tener la misma forma, como si una rueda
estuviese dentro de la otra.
11 En su marcha, avanzaban en las cuatro direcciones; no se volvían
en su marcha; seguían, en efecto, la dirección del lado adonde miraba
la cabeza, y no se volvían en su marcha.
12 Y todo su cuerpo, su espalda, sus manos y sus alas, así como
las ruedas, estaban llenos de destellos todo alrededor; sus ruedas, las
de los cuatro.
13 Oí que a las ruedas se les daba el nombre de «galgal».
14 Y cada uno tenía cuatro caras: la primera era la cara del
querubín, la segunda una cara de hombre, la tercera una cara de león y
la cuarta una cara de águila.
15 Los querubines se levantaron: era el ser que yo había visto
sobre el río Kebar.
16 Cuando los querubines avanzaban, avanzaban las ruedas a su
lado; cuando los querubines desplegaban sus alas para elevarse del
suelo, las ruedas no se volvían tampoco de su lado.
17 Cuando ellos se paraban, se paraban ellas, y cuando ellos se
elevaban, se elevaban con ellos las ruedas, porque el espíritu del ser
estaba en ellas.
18 La gloria de Yahveh salió de sobre el umbral de la Casa y se
posó sobre los querubines.
19 Los querubines desplegaron sus alas y se elevaron del suelo
ante mis ojos, al salir, y las ruedas con ellos. Y se detuvieron a la
entrada del pórtico oriental de la Casa de Yahveh; la gloria del Dios
de Israel estaba encima de ellos.
20 Era el ser que yo había visto debajo del Dios de Israel en el
río Kebar; y supe que eran querubines.
21 Cada uno tenía cuatro caras y cuatro alas, y bajo sus alas
formas de manos humanas.
22 En cuanto a la forma de sus caras, tenían la apariencia de las
caras que yo había visto junto al río Kebar. Cada uno marchaba de
frente a derecho.
11
1 El espíritu me elevó y me condujo al pórtico oriental de
la Casa de Yahveh, el que mira a oriente. Y he aquí que a la entrada
del pórtico había veinticinco hombres, entre los cuales vi a Yazanías,
hijo de Azzur, y a Pelatías, hijo de Benaías, jefes del pueblo.
2 El me dijo: «Hijo de hombre, éstos son los hombres que
maquinan el mal, que dan malos consejos en esta ciudad.
3 Dicen: "¡No es para pronto el construir casas! Ella es la olla y
nosotros somos la carne."
4 Por eso, profetiza contra ellos, profetiza, hijo de hombre.»
5 El espíritu de Yahveh irrumpió en mí y me dijo: «Di: Así
dice Yahveh: Eso es lo que habéis dicho, casa de Israel, conozco bien
vuestra insolencia.
6 Habéis multiplicado vuestras víctimas en esta ciudad; habéis
llenado de víctimas sus calles.
7 Por eso, así dice el Señor Yahveh: Las víctimas que habéis
tirado en medio de ella son la carne, y ella es la olla; pero yo os haré
salir de ella.
8 Teméis la espada, pues yo traeré espada contra vosotros, oráculo
del Señor Yahveh.
9 Os sacaré de la ciudad, os entregaré en mano de extranjeros, y
haré justicia de vosotros.
10 A espada caeréis; en el término de Israel os juzgaré yo, y
sabréis que yo soy Yahveh.
11 Esta ciudad no será olla para vosotros, ni vosotros seréis
carne en medio de ella; dentro del término de Israel os juzgaré yo.
12 Y sabréis que yo soy Yahveh cuyos preceptos no habéis seguido
y cuyas normas no habéis guardado - por el contrario habíes obrado según
las normas de las naciones que os circundan.»
13 En esto, mientras yo estaba profetizando, Pelatías, hijo de Benaías,
murió. Yo caí rostro en tierra y grité con voz fuerte: «¡Ah, Señor
Yahveh!, ¿vas a aniquilar al resto de Israel?»
14 Entonces me fue dirigida la palabra de Yahveh en estos términos:
15 «Hijo de hombre; de cada uno de tus hermanos, de tus parientes
y de toda la casa de Israel, dicen los habitantes de Jerusalén: Seguid
lejos de Yahveh; a nosotros se nos ha dado esta tierra en posesión.
16 Por eso, di: Así dice el Señor Yahveh: Sí, yo los he alejado
entre las naciones, y los he dispersado por los países, pero yo he sido
un santuario para ellos, por poco tiempo, en los países adonde han ido.
17 Por eso, di: Así dice el Señor Yahveh: Yo os recogeré de en
medio de los pueblos, os congregaré de los países en los que habéis
sido dispersados, y os daré la tierra de Israel.
18 Vendrán y quitarán de ella todos sus monstruos y
abominaciones;
19 yo les daré un solo corazón y pondré en ellos un espíritu
nuevo: quitaré de su carne el corazón de piedra y les daré un corazón
de carne,
20 para que caminen según mis preceptos, observen mis normas y
las pongan en práctica, y así sean mi pueblo y yo sea su Dios.
21 En cuanto a aquellos cuyo corazón va en pos de sus monstruos y
abominaciones, yo haré recaer su conducta sobre su cabeza, oráculo del
Señor Yahveh.»
22 Los querubines desplegaron sus alas y las ruedas les siguieron,
mientras la gloria del Dios de Israel estaba encima de ellos.
23 La gloria de Yahveh se elevó de en medio de la ciudad y se detuvo
sobre el monte que está al oriente de la ciudad.
24 El espíritu me elevó y me llevó a Caldea, donde los
desterrados, en visión, en el espíritu de Dios; y la visión que había
contemplado se retiró de mí.
25 Yo conté a los desterrados todo lo que Yahveh me había dado a
ver.
12
1 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
2 Hijo de hombre, tú vives en medio de la casa de rebeldía:
tienen ojos para ver y no ven, oídos para oír y no oyen, porque son
una casa de rebeldía.
3 Ahora, pues, hijo de hombre, prepárate un equipo de deportado y sal
deportado en pleno día, a sus propios ojos. Saldrás del lugar en que
te encuentras hacia otro lugar, ante sus ojos. Acaso vean que son una
casa de rebeldía.
4 Arreglarás tu equipo como un equipo de deportado, de día, ante
sus ojos. Y saldrás por la tarde, ante sus ojos, como salen los
deportados.
5 Haz a vista de ellos un agujero en la pared, por donde saldrás.
6 A sus ojos, cargarás con tu equipaje a la espalda y saldrás en
la oscuridad; te cubrirás el rostro para no ver la tierra, porque yo he
hecho de ti un símbolo para la casa de Israel.
7 Yo hice como se me había ordenado; preparé de día mi equipo,
como un equipo de deportado, y por la tarde hice un agujero en la pared
con la mano. Y salí en la oscuridad, cargando con el equipaje a mis
espaldas, ante sus ojos.
8 Por la mañana la palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
9 Hijo de hombre, ¿no te ha preguntado la casa de Israel, esta
casa de rebeldía: «Qué es lo que haces»?
10 Diles: Así dice el Señor Yahveh. Este oráculo se refiere a
Jerusalén y a toda la casa de Israel que está en medio de ella.
11 Di: Yo soy un símbolo para vosotros; como he hecho yo, así se
hará con ellos; serán deportados, irán al destierro.
12 El príncipe que está en medio de ellos cargará con su equipo
a la espalda, en la oscuridad, y saldrá; horadarán la muralla para
hacerle salir por ella; y se tapará la cara para no ver la tierra con
sus propios ojos.
13 Mas yo tenderé mi lazo sobre él y quedará preso en mi red; le
conduciré a Babilonia, al país de los caldeos; pero no lo verá, y
morirá allí.
14 Y a todo su séquito, su guardia y todas sus tropas, yo los
esparciré a todos los vientos y desenvainaré la espada detrás de
ellos.
15 Y sabrán que yo soy Yahveh cuando los disperse entre las
naciones y los esparza por los países.
16 Sin embargo, dejaré que un pequeño número de ellos escapen a
la espada, al hambre y a la peste, para que cuenten todas sus
abominaciones entre las naciones adonde vayan, a fin de que sepan que yo
soy Yahveh.
17 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
18 Hijo de hombre, comerás tu pan con temblor y beberás tu agua
con inquietud y angustia;
19 y dirás al pueblo de la tierra: Así dice el Señor Yahveh a
los habitantes de Jerusalén que andan por el suelo de Israel: comerán
su pan con angustia, beberán su agua con estremecimiento, para que esta
tierra y los que en ella se encuentran queden libres de la violencia de
todos sus habitantes.
20 Las ciudades populosas serán destruidas y esta tierra se
convertirá en desolación; y sabréis que yo soy Yahveh.
21 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
22 Hijo de hombre, ¿qué queréis decir con ese proberbio que
circula acerca del suelo de Israel: Los días se prolongan y toda visión
se desvanece?
23 Pues bien diles: Así dice el Señor Yahveh: Yo haré que calle ese
proverbio; no se le repetirá más en Israel. Diles en cambio: Llegan
los días en que toda visión se cumplirá,
24 pues ya no habrá ni visión vana ni presagio mentiroso en
medio de la casa de Israel.
25 Yo, Yahveh, hablaré, y lo que yo hablo es una palabra que
cumple sin dilación. Sí, en vuestros días, casa de rebeldía, yo
pronunciaré una palabra y la ejecutaré, oráculo del Señor Yahveh.
26 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
27 Hijo de hombre, mira, la casa de Israel está diciendo: «La
visión que éste contempla es para días lejanos, éste profetiza para
una época remota.»
28 Pues bien, diles: Así dice el Señor Yahveh: Ya no habrá más
dilación para ninguna de mis palabras. Lo que yo hablo es una palabra
que se cumple, oráculo del Señor Yahveh.
13
1 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
2 Hijo de hombre, profetiza contra los profetas de Israel;
profetiza y di a los que profetizan por su propia cuenta: Escuchad la
palabra de Yahveh.
3 Así dice el Señor Yahveh: ¡Ay de los profetas insensatos que siguen
su propia inspiración, sin haber visto nada!
4 Como chacales entre las ruinas, tales han sido tus profetas,
Israel.
5 No habéis escalado a las brechas, no habéis construido una
muralla en torno a la casa de Israel, para que pueda resistir en el
combate, en el día de Yahveh.
6 Tienen visiones vanas, presagio mentiroso los que dicen: «Oráculo
de Yahveh», sin que Yahveh les haya enviado; ¡y esperan que se
confirme su palabra!
7 ¿No es cierto que no tenéis más que visiones vanas, y no
anunciáis más que presagios mentirosos, cuando decís: «Oráculo de
Yahveh», siendo así que yo no he hablado?
8 Pues bien, así dice el Señor Yahveh: Por causa de vuestras
palabras vanas y vuestras visiones mentirosas, sí, aquí estoy contra
vosotros, oráculo del Señor Yahveh.
9 Extenderé mi mano contra los profetas de visiones vanas y
presagios mentirosos; no serán admitidos en la asamblea de mi pueblo,
no serán inscritos en el libro de la casa de Israel, no entrarán en el
suelo de Israel, y sabréis que yo soy el Señor Yahveh.
10 Porque, en efecto, extravían a mi pueblo diciendo: «¡Paz!»,
cuando no hay paz. Y mientras él construye un muro, ellos le recubren
de argamasa.
11 Di a los que lo recubren de argamasa: ¡Que haya una lluvia
torrencial, que caiga granizo y un viento de tormenta se desencadene,
12 y ved ahí el muro derrumbado! ¿No se os dirá entonces: «¿Dónde
está la argamasa con que lo recubristeis?»
13 Pues bien, así dice el Señor Yahveh: Voy a desencadenar en mi furor
un viento de tormenta, una lluvia torrencial habrá en mi cólera,
granizos caerán en mi furia destructora.
14 Derribaré el muro que habéis recubierto de argamasa, lo echaré
por tierra, y sus cimientos quedarán al desnudo. Caerá y vosotros
pereceréis debajo de él, y sabréis que yo soy Yahveh.
15 Cuando haya desahogado mi furor contra el muro y contra los que
lo recubren de argamasa, os diré: Ya no existe el muro ni los que lo
revocaban,
16 los profetas de Israel que profetizaban sobre Jerusalén y veían
para ella visiones de paz, cuando no había paz, oráculo del Señor
Yahveh.
17 Y tú, hijo de hombre, vuélvete hacia las hijas de tu pueblo
que profetizan pro su propia cuenta, y profetiza contra ellas.
18 Dirás: Así dice el Señor Yahveh: ¡Ay de aquellas que cosen
bandas para todos los puños, que hacen velos para cabezas de todas las
tallas, con ánimo de atrapar a las almas! Vosotras atrapáis a las
almas de mi pueblo, ¿y vais a asegurar la vida de vuestras propias
almas?
19 Me deshonráis delante de mi pueblo por unos puñados de cebada
y unos pedazos de pan, haciendo morir a las almas que no deben morir y
dejando vivir a las almas que no deben vivir, diciendo mentiras al
pueblo que escucha la mentira.
20 Pues bien, así dice el Señor Yahveh: Heme aquí contra
vuestras bandas con las cuales atrapáis a las almas como pájaros. Yo
las desgarraré en vuestros brazos, y soltaré libres las almas que
atrapáis como pájaros.
21 Rasgaré vuestros velos y libraré a mi pueblo de vuestras
manos; ya no serán más presa en vuestras manos, y sabréis que yo soy
Yahveh.
22 Porque afligís el corazón del justo con mentiras, cuando yo
no lo aflijo, y aseguráis las manos del malvado para que no se
convierta de su mala conducta a fin de salvar su vida,
23 por eso, no veréis más visiones vanas ni pronunciaréis más
presagios. Yo libraré a mi pueblo de vuestras manos, y sabréis que yo
soy Yahveh.
14
1 Algunos ancianos de Israel vinieron a mi casa y se sentaron
ante mí.
2 Entonces la palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
3 Hijo de hombre, estos hombres han erigido sus basuras en su corazón,
han puesto delante de su rostro la ocasión de sus culpas, ¿y voy a
dejarme consultar por ellos?
4 Habla, pues, y diles: Así dice el Señor Yahveh: A todo aquel
de la casa de Israel que erija sus basuras en su corazón o que ponga
delante de su rostro la ocasión de sus culpas, y luego se presente al
profeta, yo mismo, Yahveh, le responderé, a causa de la multitud de sus
basuras,
5 a fin de prender a la casa de Israel en su corazón, a aquellos
que se han alejado de mí a causa de todas sus basuras.
6 Por eso, di a la casa de Israel: Así dice el Señor Yahveh:
Convertíos, apartaos de vuestras basuras, de todas vuestras
abominaciones apartad vuestro rostro,
7 porque a todo hombre de la casa de Israel, o de los forasteros
residentes en Israel, que se aleje de mí para erigir sus basuras en su
corazón, que ponga delante de su rostro la ocasión de sus culpas, y se
presente al profeta para consultarme, yo mismo, Yahveh, le responderé.
8 Volveré mi rostro contra ese hombre, haré de él ejemplo y
proverbio, le extirparé de en medio de mi pueblo, y sabréis que yo soy
Yahveh.
9 Y si el profeta se deja seducir y pronuncia una palabra, es que
yo, Yahveh, he seducido a ese profeta; extenderé mi mano contra él y
le exterminaré de en medio de mi pueblo Israel.
10 Cargarán con el peso de sus culpas ambos: la culpa del profeta
será como la del que le consulte.
11 Así, la casa de Israel no se desviará más lejos de mí ni
seguirá manchándose con todas sus culpas. Ellos serán mi pueblo y yo
seré su Dios, oráculo del Señor Yahveh.
12 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
13 Hijo de hombre, si un país peca contra mí cometiendo infidelidad, y
yo extiendo mi mano contra él, destruyo su provisión de pan y envío
contra él el hambre para extirpar de allí hombres y bestias,
14 y en ese país se hallan estos tres hombres, Noé, Danel y Job,
ellos salvarán su vida por su justicia, oráculo del Señor Yahveh.
15 Si yo suelto las bestias feroces contra ese país para privarle
de sus hijos y convertirle en una desolación por donde nadie pase a
causa de las bestias,
16 y en ese país se hallan esos tres hombres: por mi vida, oráculo
del Señor Yahveh, que ni hijos ni hijas podrán salvar; sólo se salvarán
a sí mismos, pero el país quedará convertido en desolación.
17 O bien, si yo hago venir contra ese país la espada, si digo:
«Pase la espada por este país», y extirpo de él hombres y bestias,
18 y esos tres hombres se hallan en ese país: por mi vida, oráculo
del Señor Yahveh, que no podrán salvar ni hijos ni hijas; ellos solos
se salvarán.
19 O si envío la peste sobre ese país y derramo en sangre mi
furor contra ellos, extirpando de él hombres y bestias,
20 y en ese país se hallan Noé, Danel y Job: por mi vida, oráculo
del Señor Yahveh, que ni hijos ni hijas podrán salvar; sólo se salvarán
a sí mismos por su justicia.
21 Pues así dice el Señor Yahveh: Aun cuando yo mande contra
Jerusalén mis cuatro terribles azotes: espada, hambre, bestias feroces
y peste, para extirpar de ella hombres y bestias,
22 he aquí que quedan en ella algunos supervivientes que han
podido salir, hijos e hijas; y he aquí que salen hacia vosotros, para
que veáis su conducta y sus obras y os consoléis de la desgracia que
yo he acarreado sobre Jerusalén, de todo lo que he acarreado sobre
ella.
23 Ellos os consolarán cuando veáis su conducta y sus obras, y sabréis
que no sin motivo hice yo todo lo que hice en ella, oráculo del Señor
Yahveh.
15
1 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
2 Hijo de hombre, ¿en qué vale más el leño de la vid que el leño
de cualquier rama que haya entre los árboles del bosque?
3 ¿Se toma de él madera para hacer alguna cosa? ¿Se hace con él un
gancho para colgar algún objeto?
4 No, se tira al fuego para que lo devore: el fuego devora los dos
cabos; el centro está quemado, ¿sirve aún para hacer algo?
5 Si ya, cuando estaba intacto, no se podía hacer nada con él,
¡cuánto menos, cuando lo ha devorado el fuego y lo ha quemado, se podrá
hacer con él alguna cosa!
6 Por eso, así dice el Señor Yahveh: Lo mismo que el leño de la
vid, entre los árboles del bosque, al cual he arrojado al fuego para
que lo devore, así he entregado a los habitantes de Jerusalén.
7 He vuelto mi rostro contra ellos. Han escapado al fuego, pero el
fuego los devorará. Y sabréis que yo soy Yahveh, cuando vuelva mi
rostro contra ellos.
8 Convertiré esta tierra en desolación, porque han cometido
infidelidad, oráculo del Señor Yahveh.
16
1 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
2 Hijo de hombre, haz saber a Jerusalén sus abominaciones.
3 Dirás: Así dice el Señor Yahveh a Jerusalén: Por tu origen y tu
nacimiento eres del país de Canaán. Tu padre era amorreo y tu madre
hitita.
4 Cuando naciste, el día en que viniste al mundo, no se te cortó
el cordón, no se te lavó con agua para limpiarte, no se te frotó con
sal, ni se te envolvió en pañales.
5 Ningún ojo se apiadó de ti para brindarte alguno de estos
menesteres, por compasión a ti. Quedaste expuesta en pleno campo,
porque dabas repugnancia, el día en que viniste al mundo.
6 Yo pasé junto a ti y te vi agitándote en tu sangre. Y te dije,
cuando estabas en tu sangre: «Vive»,
7 y te hice crecer como la hierba de los campos. Tú creciste, te
desarrollaste, y llegaste a la edad núbil. Se formaron tus senos, tu
cabellera creció; pero estabas completamente desnuda.
8 Entonces pasé yo junto a ti y te vi. Era tu tiempo, el tiempo
de los amores. Extendí sobre ti el borde de mi manto y cubrí tu
desnudez; me comprometí con juramento, hice alianza contigo - oráculo
del señor Yahveh - y tú fuiste mía.
9 Te bañé con agua, lavé la sangre que te cubría, te ungí con
óleo.
10 Te puse vestidos recamados, zapatos de cuero fino, una banda de
lino fino y un manto de seda.
11 Te adorné con joyas, puse brazaletes en tus muñecas y un
collar a tu cuello.
12 Puse un anillo en tu nariz, pendientes en tus orejas, y una
espléndida diadema en tu cabeza.
13 Brillabas así de oro y plata, vestida de lino fino, de seda y
recamados. Flor de harina, miel y aceite era tu alimento. Te hiciste
cada día más hermosa, y llegaste al esplendor de una reina.
14 Tu nombre se difundió entre las naciones, debido a tu belleza,
que era perfecta, gracias al esplendor de que yo te había revestido -
oráculo del Señor Yahveh.
15 Pero tú te pagaste de tu belleza, te aprovechaste de tu fama
para prostituirte, prodigaste tu lascivia a todo transeúnte entregándote
a él.
16 Tomaste tus vestidos para hacerte altos de ricos colores y te
prostituiste en ellos.
17 Tomaste tus joyas de oro y plata que yo te había dado y te
hiciste imágenes de hombres para prostituirte ante ellas.
18 Tomaste tus vestidos recamados y las recubriste con ellos; y
pusiste ante ellas mi aceite y mi incienso.
19 El pan que yo te había dado, la flor de harina, el aceite y la
miel con que yo te alimentaba, lo presentaste ante ellas como calmante
aroma. Y sucedió incluso - oráculo del Señor Yahveh -
20 que tomaste a tus hijos y a tus hijas que me habías dado a luz
y se los sacrificaste como alimento. ¿Acaso no era suficiente tu
prostitución,
21 que inmolaste también a mis hijos y los entregaste haciéndoles
pasar por el fuego en su honor?
22 Y en medio de todas tus abominaciones y tus prostituciones no
te acordaste de los días de tu juventud, cuando estabas completamente
desnuda, agitándote en tu sangre.
23 Y para colmo de maldad - ¡ay, ay de ti!, oráculo del Señor Yahveh
-
24 te construiste un prostíbulo, te hiciste una altura en todas
las plazas.
25 En la cabecera de todo camino te construiste tu altura y allí
contaminaste tu hermosura, entregaste tu cuerpo a todo transeúnte y
multiplicaste tus prostituciones.
26 Te prostituiste a los egipcios, tus vecinos, de cuerpos
fornidos, y multiplicaste tus prostituciones para irritarme.
27 Entonces yo levanté mi mano contra ti. Disminuí tu ración y
te entregué a la animosidad de tus enemigas, las hijas de los
filisteos, que se avergonzaban de la infamia de tu conducta.
28 Y no harta todavía, te prostituiste a los asirios; te
prostituiste sin hartarte tampoco.
29 Luego, multiplicaste tus prostituciones en el país de los
mercaderes, en Caldea, y tampoco esta vez quedaste harta.
30 ¡Oh, qué débil era tu corazón - oráculo del Señor Yahveh
- para cometer todas estas acciones, dignas de una prostituta descarada!
31 Cuando te contruías un prostíbulo a la cabecera de todo
camino, cuando te hacías una altura en todas las plazas, despreciando
el salario, no eras como la prostituta.
32 La mujer adúltera, en lugar de su marido, toma ajenos.
33 A toda prostituta se le da un regalo. Tú, en cambio, dabas regalos a
todos tus amantes, y los atraías con mercedes para que vinieron a ti de
los alrededores y se prestasen a tus prostituciones.
34 Contigo ha pasado en tus prostituciones al revés que con las
otras mujeres; nadie andaba solicitando detrás de ti; eras tú la que
pagabas, y no se te pagaba: ¡ha sido al revés!
35 Pues bien, prostituta, escucha la palabra de Yahveh.
36 Así dice el Señor Yahveh: Por haber prodigado tu bronce y
descubierto tu desnudez en tus prostituciones con tus amantes y con
todas tus abominables basuras, por la sangre de tus hijos que les has
dado,
37 por esto he aquí que yo voy a reunir a todos los amantes a
quienes complaciste, a todos los que amaste y también a los que
aborreciste; los voy a congregar de todas partes contra ti, y descubriré
tu desnudez delante de ellos, para que vean toda tu desnudez.
38 Voy a aplicarte el castigo de las mujeres adúlteras y de las
que derraman sangre: te entregaré al furor y a los celos,
39 te entregaré en sus manos, ellos arrasarán tu prostíbulo y
demolerán tus alturas, te despojarán de tus vestidos, te arrancarán
tus joyas y te dejarán completamente desnuda.
40 Luego, incitarán a la multitud contra ti, te lapidarán, te
acribillarán con sus espadas,
41 prenderán fuego a tus casas y harán justicia de ti, a la
vista de una multitud de mujeres; yo pondré fin a tus prostituciones, y
no volverás a dar salario de prostituta.
42 Desahogaré mi furor en ti; luego mis celos se retirarán de
ti, me apaciguaré y no me airaré más.
43 Porque no te has acordado de los días de tu juventud, y con todas
estas cosas me has provocado, he aquí que también yo por mi parte haré
recaer tu conducta sobre tu cabeza, oráculo del Señor Yahveh. Pues ¿no
has cometido infamia con todas tus abominaciones?
44 Mira, todos los autores de proverbios harán uno a propósito
de ti, diciendo: «Cual la madre, tal la hija.»
45 Hija eres, sí, de tu madre, que dejó de amar a sus maridos y
a sus hijos, y hermana de tus hermanas, que dejaron de amar a sus
maridos y a sus hijos. Vuestra madre era una hitita y vuestro padre un
amorreo.
46 Tu hermana mayor es Samaria, que habita a tu izquierda con sus
hijas. Tu hermana menor es Sodoma, que habita a tu derecha con sus
hijas.
47 No has sido parca en imitar su conducta y en cometer sus
abominaciones; te has mostrado más corrompida que ellas en toda tu
conducta.
48 Por mi vida, oráculo del Señor Yahveh, que tu hermana Sodoma
y sus hijas no obraron como habéis obrado vosotras, tú y tus hijas.
49 Este fue el crimen de tu hermana Sodoma: orgullo, voracidad,
indolencia de la dulce vida tuvieron ella y sus hijas; no socorrieron al
pobre y al indigente,
50 se enorgullecieron y cometieron abominaciones ante mí: por eso
las hice desaparecer, como tú viste.
51 En cuanto a Samaria, ni la mitad de tus pecados ha cometido. Tú
has cometido muchas más abominaciones que ellas y, al cometer tantas
abominaciones, has hecho parecer justas a tus hermanas.
52 Así, pues, carga con tu ignominia por haber decidido el fallo
en favor de tus hermanas: a causa de los pecados que has cometido, mucho
más abominables que los suyos, ellas resultan ser más justas que tú.
Avergüénzate, pues, y carga con tu ignominia por hacer parecer justas
a tus hermanas.
53 Yo las restableceré. Restableceré a Sodoma y a sus hijas,
restableceré a Samaria y a sus hijas, y después te restableceré a ti
en medio de ella,
54 a fin de que soportes tu ignominia y te avergüences de todo lo
que has hecho, para consuelo de ellas.
55 Tu hermana Sodoma y sus hijas serán restablecidas en su
antiguo estado. Samaria y sus hijas serán restablecidas en su antiguo
estado. Tú y tus hijas seréis restablecidas también en vuestro
antiguo estado.
56 ¿No hiciste burla de tu hermana Sodoma, el día de tu orgullo,
57 antes que fuese puesta al descubierto tu desnudez? Como ella,
eres tú ahora el blanco de las burlas de las hijas de Edom y de todas
las de los alrededores, de las hijas de los filisteos, que por todas
partes te agobian a desprecios.
58 Tú misma soportas las consecuencias de tu infamia y tus
abominaciones, oráculo de Yahveh.
59 Pues así dice el Señor Yahveh: Yo haré contigo como has
hecho tú, que menospreciaste el juramento, rompiendo la alianza.
60 Pero yo me acordaré de mi alianza contigo en los días de tu
juventud, y estableceré en tu favor una alianza eterna.
61 Y tú te acordarás de tu conducta y te avergonzarás de ella,
cuando acojas a tus hermanas, las mayores y las menores, y yo te las dé
como hijas, si bien no en virtud de tu alianza.
62 Yo mismo restableceré mi alianza contigo, y sabrás que yo soy
Yahveh,
63 para que te acuerdes y te avergüences y no oses más abrir la boca
de vergüenza, cuando yo te haya perdonado todo lo que has hecho, oráculo
del Señor Yahveh.
17
1 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
2 Hijo de hombre, propón un enigma, presenta una parábola a la
casa de Israel.
3 Dirás: Así dice el Señor Yahveh: El águila grande, de grandes
alas, de enorme envergadura, de espeso plumaje abigarrado, vino al Líbano
y cortó la cima del cedro;
4 arrancó la punta más alta de sus ramas, la llevó a un país
de mercaderes y la colocó en una ciudad de comerciantes.
5 Luego, tomó de la semilla de la tierra y la puso en un campo de
siembra; junto a una corriente de agua abundante la colocó como un
sauce.
6 Y brotó y se hizo una vid desbordante, de pequeña talla, que
volvió sus ramas hacia el águila, mientras sus raíces estaban bajo
ella. Se hizo una vid, echó cepas y alargó sarmientos.
7 Había otra águila grande, de grandes alas, de abundante
plumaje, y he aquí que esta vid tendió sus raíces hacia ella, hacia
ella alargó sus ramas, para que la regase desde el terreno donde estaba
plantada.
8 En campo fértil, junto a una corriente de agua abundante,
estaba plantada, para echar ramaje y dar fruto, para hacerse una vid
magnífica.
9 Di: Así dice el Señor Yahveh: ¿Le saldrá bien acaso? ¿No
arrancará sus raíces el águila, no cortará sus frutos, de suerte que
se sequen todos los brotes tiernos que eche, sin que sea menester brazo
grande ni pueblo numeroso para arrancarla de raíz?
10 Vedla ahí plantada, ¿prosperará tal vez? Al soplar el viento
del este, ¿no se secará totalmente? En el terreno en que brotó, se
secará.
11 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
12 Di a esa casa de rebeldía: ¿No sabéis lo que significa esto?
Di: Mirad, el rey de Babilonia vino a Jerusalén; tomó al rey y a los
príncipes y los llevó con él a Babilonia.
13 Escogió luego a uno de estirpe real, concluyó un pacto con él y le
hizo prestar juramento, después de haberse llevado a los grandes del país,
14 a fin de que el reino quedase modesto y sin ambición, para
guardar su alianza y mantenerla.
15 Pero este príncipe se ha rebelado contra él enviando
mensajeros a Egipto en busca de caballos y tropas en gran número. ¿Le
saldrá bien? ¿Se salvará el que ha hecho esto? Ha roto el pacto ¡y
va a salvarse!
16 Por mi vida, oráculo del Señor Yahveh, que en el lugar del
rey que le puso en el trono, cuyo juramento despreció y cuyo pacto
rompió, allí en medio de Babilonia morirá.
17 Ni con su gran ejército y sus numerosas tropas le salvará
Faraón en la guerra, cuando se levanten terraplenes y se hagan
trincheras para exterminar muchas vidas humanas.
18 Ha despreciado el juramento, rompiendo el pacto; aun después
de haber dado su mano, ha hecho todo esto: ¡no tendrá remedio!
19 Por eso, así dice el Señor Yahveh: Por mi vida que el
juramento mío que ha despreciado, mi alianza que ha roto, lo haré
recaer sobre su cabeza.
20 Extenderé mi lazo sobre él y quedará preso en mi red; le
llevaré a Babilonia y allí le pediré cuentas de la infidelidad que ha
cometido contra mí.
21 Lo más selecto, entre todas sus tropas, caerá a espada, y los
que queden serán dispersados a todos los vientos. Y sabréis que yo,
Yahveh, he hablado.
22 Así dice el Señor Yahveh: También yo tomaré de la copa del
alto cedro, de la punta de sus ramas escogeré un ramo y lo plantaré yo
mismo en una montaña elevada y excelsa:
23 en la alta montaña de Israel lo plantaré. Echará ramaje y producirá
fruto, y se hará un cedro magnífico. Debajo de él habitarán toda
clase de pájaros, toda clase de aves morarán a la sombra de sus ramas.
24 Y todos los árboles del campo sabrán que yo, Yahveh, humillo
al árbol elevado y elevo al árbol humilde, hago secarse al árbol
verde y reverdecer al árbol seco. Yo, Yahveh, he hablado y lo haré.
18
1 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
2 ¿Por qué andáis repitiendo este proverbio en la tierra de
Israel: Los padres comieron el agraz, y los dientes de los hijos sufren
la dentera?
3 Por mi vida, oráculo del Señor Yahveh, que no repetiréis más este
proverbio en Israel.
4 Mirad: todas las vidas son mías, la vida del padre lo mismo que
la del hijo, mías son. El que peque es quien morirá.
5 El que es justo y practica el derecho y la justicia,
6 no come en los montes ni alza sus ojos a las basuras de la casa
de Israel, no contamina a la mujer de su prójimo, ni se acerca a una
mujer durante su impureza,
7 no oprime a nadie, devuelve la prenda de una deuda, no comete
rapiñas, da su pan al hambriento y viste al desnudo,
8 no presta con usura ni cobra intereses, aparta su mano de la
injusticia, dicta un juicio honrado entre hombre y hombre,
9 se conduce según mis preceptos y observa mis normas, obrando
conforme a la verdad, un hombre así es justo: vivirá sin duda, oráculo
del Señor Yahveh.
10 Si éste engendra un hijo violento y sanguinario, que hace
alguna de estas cosas
11 que él mismo no había hecho, un hijo que come en los montes,
contamina a la mujer de su prójimo,
12 oprime al pobre y al indigente, comete rapiñas, no devuelve la
prenda, alza sus ojos a las basuras, comete abominación,
13 presta con usura y cobra intereses, éste no vivirá en modo alguno
después de haber cometido todas estas abominaciones; morirá sin
remedio, y su sangre recaerá sobre él.
14 Y si éste, a su vez, engendra un hijo que ve todos los pecados
que ha cometido su padre, que los ve sin imitarlos,
15 que no come en los montes ni alza sus ojos a las basuras de la
casa de Israel, no contamina a la mujer de su prójimo,
16 no oprime a nadie, no guarda la prenda, no comete rapiñas, da
su pan al hambriento, viste al desnudo,
17 aparta su mano de la injusticia, no presta con usura, ni cobra
intereses, practica mis normas y se conduce según mis preceptos, éste
no morirá por la culpa de su padre, vivirá sin duda.
18 Su padre, porque fue violento, cometió rapiñas y no obró
bien en medio de su pueblo, por eso morirá a causa de su culpa.
19 Y vosotros decís: «¿Por qué no carga el hijo con la culpa
de su padre?» Pero el hijo ha practicado el derecho y la justicia, ha
observado todos mis preceptos y los ha puesto en práctica: vivirá sin
duda.
20 El que peque es quien morirá; el hijo no cargará con la culpa
de su padre, ni el padre con la culpa de su hijo: al justo se le imputará
su justicia y al malvado su maldad.
21 En cuanto al malvado, si se aparta de todos los pecados que ha
cometido, observa todos mis preceptos y practica el derecho y la
justicia, vivirá sin duda, no morirá.
22 Ninguno de los crímenes que cometió se le recordará más;
vivirá a causa de la justicia que ha practicado.
23 ¿Acaso me complazco yo en la muerte del malvado - oráculo del Señor
Yahveh - y no más bien en que se convierta de su conducta y viva?
24 Pero si el justo se aparta de su justicia y comete el mal,
imitando todas las abominaciones que comete el malvado, ¿vivirá acaso?
No, no quedará ya memoria de ninguna de las obras justas que había
practicado, sino que, a causa de la infidelidad en que ha incurrido y
del pecado que ha cometido, morirá.
25 Y vosotros decís: «No es justo el proceder del Señor.»
Escuchad, casa de Israel: ¿Que no es justo mi proceder? ¿No es más
bien vuestro proceder el que no es justo?
26 Si el justo se aparta de su justicia, comete el mal y muere, a
causa del mal que ha cometido muere.
27 Y si el malvado se aparta del mal que ha cometido para
practicar el derecho y la justicia, conservará su vida.
28 Ha abierto los ojos y se ha apartado de todos los crímenes que
había cometido; vivirá sin duda, no morirá.
29 Y sin embargo la casa de Israel dice: «No es justo el proceder
del Señor.» ¿Que mi proceder no es justo, casa de Israel? ¿No es más
bien vuestro proceder el que no es justo?
30 Yo os juzgaré, pues, a cada uno según su proceder, casa de
Israel, oráculo del Señor Yahveh. Convertíos y apartaos de todos
vuestros crímenes; no haya para vosotros más ocasión de culpa.
31 Descargaos de todos los crímenes que habéis cometido contra mí,
y haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo. ¿Por qué habéis de
morir, casa de Israel?
32 Yo no me complazco en la muerte de nadie, sea quien fuere, oráculo
del Señor Yahveh. Convertíos y vivid.
19
1 Y tú entona una elegía sobre los príncipes de Israel.
2 Dirás: ¿Qué era tu madre? Una leona entre leones. Echada
entre los leoncillos, criaba a sus cachorros.
3 Exaltó a uno de sus cachorros, que se hizo un león joven; y aprendió
a desgarrar su presa, devoró hombres.
4 Oyeron hablar de él las naciones, en su fosa quedó preso; con
garfios le llevaron al país de Egipto.
5 Vio ella que su espera era fallida, fallida su esperanza; y tomo
otro de sus cachorros, le hizo un león joven.
6 Andaba éste entre los leones, se hizo un león joven, aprendió
a desgarrar su presa, devoró hombres;
7 derribó sus palacios, devastó sus ciudades; la tierra y sus
habitantes estaban aterrados por la voz de su rugido.
8 Se alzaron contra él las naciones, las provincias circundantes;
tendieron sobre él su red y en su fosa quedó preso.
9 Con garfios le cerraron en jaula, le llevaron al rey de
Babilonia en calabozos le metieron, para que no se oyese más su voz por
los montes de Israel.
10 Tu madre se parecía a una vid plantada a orillas de las aguas.
Era fecunda, exuberante, por la abundancia de agua.
11 Tenía ramas fuertes para ser cetros reales; su talla se elevó
hasta dentro de las nubes. Era imponente por su altura, por su
abundancia de ramaje.
12 Pero ha sido arrancada con furor, tirada por tierra; el viento
del este ha agostado su fruto; ha sido rota, su rama fuerte se ha
secado, la ha devorado el fuego.
13 Y ahora está plantada en el desierto, en tierra de sequía y de sed.
14 Ha salido fuego de su rama, ha devorado sus sarmientos y su
fruto. No volverá a tener su rama fuerte, su cetro real. Esto es una
elegía; y de elegía sirvió.
20
1 El año séptimo, el día diez del quinto mes, algunos de los
ancianos de Israel vinieron a consultar a Yahveh y se sentaron ante mí.
2 Entonces me fue dirigida la palabra de Yahveh en estos términos:
3 Hijo de hombre, habla a los ancianos de Israel. Les dirás: Así dice
el Señor Yahveh: ¿A consultarme venís? Por mi vida, que no me dejaré
consultar por vosotros, oráculo del Señor Yahveh.
4 ¿Vas a juzgarlos? ¿Vas a juzgar, hijo de hombre? Hazles saber
las abominaciones de sus padres.
5 Les dirás: Así dice el Señor Yahveh: El día que yo elegí a
Israel, alcé mi mano hacia la raza de la casa de Jacob, me manifesté a
ellos en el país de Egipto, y levanté mi mano hacia ellos diciendo: Yo
soy Yahveh, vuestro Dios.
6 Aquel día alcé mi mano hacia ellos jurando sacarlos del país
de Egipto hacia una tierra que había explorado para ellos, que mana
leche y miel, la más hermosa de todas las tierras.
7 Y les dije: Arrojad cada uno los montruos que seducen vuestros
ojos, no os contaminéis con las basuras de Egipto; yo soy Yahveh,
vuestro Dios.
8 Pero ellos se rebelaron contra mí y no quisieron escucharme.
Ninguno arrojó los monstruos que seducían sus ojos; ninguno abandonó
las basuras de Egipto. Pensé entonces, derramar mi furor sobre ellos y
desahogar en ellos mi cólera, en medio del país de Egipto.
9 Pero tuve consideración a mi nombre y procedí de modo que no
fuese profanado a los ojos de las naciones entre las que ellos se
encontraban, y a la vista de las cuales me había manifestado a ellos,
sacándolos del país de Egipto.
10 Por eso, los saqué del país de Egipto y los conduje al
desierto.
11 Les di mis perceptos y les di a conocer mis normas, por las que
el hombre vive, si las pone en práctica.
12 Y les di además mis sábados como señal entre ellos y yo,
para que supieran que yo soy Yahveh, que los santifico.
13 Pero la casa de Israel se rebeló contra mí en el desierto; no se
condujeron según mis preceptos, rechazaron mis normas por las que vive
el hombre, si las pone en práctica, y no hicieron más que profanar mis
sábados. Entonces pensé en derramar mi furor sobre ellos en el
desierto, para exterminarlos.
14 Pero tuve consideración a mi nombre, y procedí de modo que no
fuese profanado a los ojos de las naciones, a la vista de las cuales los
había sacado.
15 Y, una vez más alcé mi mano hacia ellos en el desierto,
jurando que no les dejaría entrar en la tierra que les había dado, que
mana leche y miel, la más hermosa de todas las tierras.
16 Pues habían despreciado mis normas, no se habían conducido
según mis preceptos y habían profanado mis sábados; porque su corazón
se iba tras sus basuras.
17 Pero tuve una mirada de piedad para no exterminarlos, y no acabé
con ellos en el desierto.
18 Y dije a sus hijos en el desierto: No sigáis las reglas de
vuestros padres, no imitéis sus normas, no os contaminéis con sus
basuras.
19 Yo soy Yahveh, vuestro Dios. Seguid mis preceptos, guardad mis
normas y ponedlas en práctica.
20 Santificad mis sábados; que sean una señal entre yo y
vosotros, para que se sepa que yo soy Yahveh, vuestro Dios.
21 Pero los hijos se rebelaron contra mí, no se condujeron según
mis preceptos, no guardaron ni pusieron en práctica mis normas, aquéllas
por las que vive el hombre, si las pone en práctica, y profanaron mis sábados.
Entonces pensé en derramar mi furor sobre ellos y desahogar en ellos mi
cólera, en el desierto.
22 Pero retiré mi mano y tuve consideración a mi nombre,
procediendo de modo que no fuese profanado a los ojos de las naciones, a
la vista de las cuales los había sacado.
23 Pero una vez más alcé mi mano hacia ellos, en el desierto, jurando
dispersarlos entre las naciones y esparcirlos por los países.
24 Porque no habían puesto en práctica mis normas, habían
despreciado mis preceptos y profanado mis sábados, y sus ojos se habían
ido tras las basuras de sus padres.
25 E incluso llegué a darles preceptos que no eran buenos y
normas con las que no podrían vivir,
26 y los contaminé con sus propias ofrendas, haciendo que pasaran
por el fuego a todo primogénito, a fin de infundirles horror, para que
supiesen que yo soy Yahveh.
27 Por eso, hijo de hombre, habla a la casa de Israel. Les dirás:
Así dice el Señor Yahveh: En esto todavía me ultrajaron vuestros
padres siéndome infieles.
28 Yo les conduje a la tierra que, mano en alto, había jurado
darles. Allí vieron toda clase de colinas elevadas, toda suerte de árboles
frondosos, y en ellos ofrecieron sus sacrificios y presentaron sus
ofrendas provocadoras; allí depositaron el calmante aroma y derramaron
sus libaciones.
29 Y yo les dije: ¿Qué es el alto adonde vosotros vais?; y se le
puso el nombre de = Bamá =, hasta el día de hoy.
30 Pues bien, di a la casa de Israel: Así dice el Señor Yahveh:
Conque vosotros os contamináis conduciéndoos como vuestros padres,
prostituyéndoos detrás de sus monstruos,
31 presentando vuestras ofrendas, haciendo pasar a vuestros hijos
por el fuego; os contamináis con todas vuestras basuras, hasta el día
de hoy, ¿y yo voy a dejarme consultar por vosotros, casa de Israel? Por
mi vida, oráculo del Señor Yahveh, que no me dejaré consultar por
vosotros.
32 Y no se realizará jamás lo que se os pasa por la imaginación,
cuando decís: «Seremos como las naciones, como las tribus de los otros
países, adoradores del leño y de la piedra.»
33 Por mi vida, oráculo del Señor Yahveh, que yo reinaré sobre
vosotros, con mano fuerte y tenso brazo, con furor derramado.
34 Os haré salir de entre los pueblos y os reuniré de los países
donde fuisteis dispersados, con mano fuerte y tenso brazo, con furor
derramado;
35 os conduciré al desierto de los pueblos y allí os juzgaré
cara a cara.
36 Como juzgué a vuestros padres en el desierto de Egipto, así
os juzgaré a vosotros, oráculo del Señor Yahveh.
37 Os haré pasar bajo el cayado y os haré entrar por el aro de
la alianza;
38 separaré de vosotros a los rebeldes, a los que se han rebelado
contra mí: les haré salir del país en que residen, pero no entrarán
en la tierra de Israel, y sabréis que yo soy Yahveh.
39 En cuanto a vosotros, casa de Israel, así dice el Señor
Yahveh: Que vaya cada uno a servir a sus basuras; después, yo juro que
me escucharéis y no profanaréis más mi santo nombre con vuestras
ofrendas y vuestras basuras.
40 Porque será en mi santa montaña, en la alta montaña de
Israel - oráculo del Señor Yahveh - donde me servirá toda la casa de
Israel, toda ella en esta tierra. Allí los acogeré amorosamente y allí
solicitaré vuestras ofrendas y las primicias de vuestros dones, con
todas vuestras cosas santas.
41 Como calmante aroma yo os acogeré amorosamente, cuando os haya
hecho salir de entre los pueblos, y os reúna de en medio de los países
en los que habéis sido dispersados; y por vosotros me mostraré santo a
los ojos de las naciones.
42 Sabréis que yo soy Yahveh, cuando os conduzca al suelo de
Israel, a la tierra que, mano en alto, juré dar a vuestros padres.
43 Allí os acordaréis de vuestra conducta y de todas las acciones con
las que os habéis contaminado, y cobraréis asco de vosotros mismos por
todas las maldades que habéis cometido.
44 Sabréis que yo soy Yahveh, cuando actúe con vosotros por
consideración a mi nombre, y no con arreglo a vuestra mala conducta y a
vuestras corrompidas acciones, casa de Israel, oráculo del Señor
Yahveh.
21
1 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
2 Hijo de hombre, vuelve tu rostro hacia el mediodía, destila tus
palabras hacia el sur, profetiza contra el bosque de la región del Négueb.
3 Dirás al bosque del Négueb: Escucha la palabra de Yahveh. Así dice
el Señor Yahveh: He aquí que yo te prendo fuego, que devorará todo árbol
verde y todo árbol seco; será una llama que no se apagará, y arderá
todo, desde el Négueb hasta el Norte.
4 Todo el mundo verá que yo, Yahveh, lo he encendido; y no se
apagará.
5 - Yo dije: ¡Ah, Señor Yahveh!, ésos andan diciendo de mí:
«¿No es éste un charlatán de parábolas?» -
6 Entonces, la palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
7 Hijo de hombre, vuelve tu rostro hacia Jerusalén, destila tus
palabras hacia su santuario y profetiza contra la tierra de Israel.
8 Dirás a la tierra de Israel: Así dice el Señor Yahveh: Aquí
estoy contra ti; voy a sacar mi espada de la vaina y extirparé de ti al
justo y al malvado.
9 Para extirpar de ti al justo y al malvado va a salir mi espada
de la vaina, contra toda carne, desde el Négueb hasta el Norte.
10 Y todo el mundo sabrá que yo, Yahveh, he sacado mi espada de
la vaina; no será envainada.
11 Y tú, hijo de hombre, lanza gemidos, con corazón quebrantado.
Lleno de amargura, lanzarás gemidos ante sus ojos.
12 Y si acaso te dicen: «¿Por qué esos gemidos?», dirás: «Por
causa de una noticia a cuya llegada todos los corazones desfallecerán,
desmayarán todos los brazos, todos los espíritus se amilanarán, y
todas las rodillas se irán en agua. Ved que ya llega; es cosa hecha, oráculo
del Señor Yahveh.»
13 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
14 Hijo de hombre, profetiza. Dirás: Así dice el Señor. Di: ¡Espada,
espada! Afilada está, bruñida.
15 Para la matanza está afilada, para centellear está bruñida...
16 Se la ha hecho bruñir para empuñarla; ha sido afilada la
espada, ha sido bruñida para ponerla en mano de matador.
17 Grita, da alaridos, hijo de hombre, porque está destinada a mi
pueblo, a todos los príncipes de Israel destinados a la espada con mi
pueblo. Por eso golpéate el pecho,
18 pues la prueba está hecha... oráculo del Señor Yahveh.
19 Y tú, hijo de hombre, profetiza y bate palmas. ¡Golpee la
espada dos, tres veces, la espada de las víctimas, la espada de la gran
víctima, que les amenaza en torno!
20 A fin de que desmaye el corazón y abunden las ocasiones de caída,
en todas las puertas he puesto yo matanza por la espada, hecha para
centellear, bruñida para la matanza.
21 ¡Toma un rumbo: a la derecha, vuélvete a la izquierda, donde
tus filos sean requeridos!
22 Yo también batiré palmas, saciaré mi furor. Yo, Yahveh, he
hablado.
23 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
24 Y tú, hijo de hombre, marca dos caminos por donde venga la
espada del rey de Babilonia, que salgan los dos del mismo país, y marca
una señalización, márcala en la cabecera del camino de la ciudad;
25 trazarás el camino para que venga la espada hacia Rabbá de
los ammonitas y hacia Judá, a la fortaleza de Jerusalén.
26 Porque el rey de Babilonia se ha detenido en el cruce, en la
cabecera de los dos caminos, para consultar a la suerte. Ha sacudido las
flechas, ha interrogado a los terafim, ha observado el hígado.
27 En su mano derecha está la suerte de Jerusalén: para situar
arietes, dar la orden de matanza, lanzar el grito de guerra, situar
arietes contra las puertas, levantar un terraplén, hacer trincheras.
28 Para ellos y a sus ojos, no es más que un vano presagio: se
les había dado un juramento. Pero él recuerda las culpas por las que
caerán presos.
29 Por eso, así dice el Señor Yahveh: Por haber hecho recordar
vuestras culpas, descubriendo vuestros crímenes, haciendo aparecer
vuestros pecados en todas vuestras acciones, y porque así se os ha
recordado, caeréis presos en su mano.
30 En cuanto a ti, vil criminal, príncipe de Israel, cuya hora ha
llegado con la última culpa,
31 así dice el Señor Yahveh: La tiara se quitará, se depondrá
la corona, todo será transformado; lo humilde será elevado, lo elevado
será humillado.
32 Ruina, ruina, ruina, eso es lo que haré con él, como jamás
la hubo, hasta que llegue aquel a quien corresponde el juicio y a quien
yo se lo entregaré.
33 Y tú, hijo de hombre, profetiza y di: Así dice el Señor Yahveh a
los ammonitas y sus burlas. Dirás: ¡La espada, la espada está
desenvainada para la matanza, bruñida para devorar, para centellear
34 - mientras se tienen para ti visiones vanas, y para ti se
presagia la mentira -, para degollar a los viles criminales cuya hora ha
llegado con la última culpa!
35 Vuélvela a la vaina. En el lugar donde fuiste creada, en tu
tierra de origen, te juzgaré yo;
36 derramaré sobre ti mi ira, soplaré contra ti el fuego de mi
furia, y te entregaré en manos de hombres bárbaros, agentes de
destrucción.
37 Serás pasto del fuego, tu sangre correrá en medio del país,
no quedará de ti recuerdo alguno, porque yo, Yahveh, he hablado.
22
1 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
2 Y tú, hijo de hombre, ¿no vas a juzgar? ¿No vas a juzgar a la
ciudad sanguinaria? Hazle saber todas sus abominaciones.
3 Dirás: Así dice el Señor Yahveh: Ciudad que derramas sangre en
medio de ti para que llegue tu hora, que haces basuras en tu suelo para
contaminarte,
4 por la sangre que derramaste te has hecho culpable, con las
basuras que hiciste te has contaminado; has adelantado tu hora, ha
llegado el término de tus años. Por eso yo he hecho de ti la burla de
las naciones y la irrisión de todos los países.
5 Próximos y lejanos, se reirán de ti, ciudad de nombre impuro,
llena de desórdenes.
6 Ahí están dentro de ti los príncipes de Israel, cada uno según
su poder, sólo ocupados en derramar sangre.
7 En ti se desprecia al padre y a la madre, en ti se maltrata al
forastero residente, en ti se oprime al huérfano y a la viuda.
8 No tienes respeto a mis cosas sagradas, profanas mis sábados.
9 Hay en ti gente que calumnia para verter sangre. En ti se come
en los montes, y se comete infamia.
10 En ti se descubre la desnudez del propio padre, en ti se hace
violencia a la mujer en estado de impureza.
11 Un comete abominación con la mujer de su prójimo, el otro se
contamina de manera infame con su nuera, otro hace violencia a su
hermana, la hija de su propio padre;
12 en ti se acepta soborno para derramar sangre; tomas a usura e
interés, explotas a tu prójimo con violencia, y te has olvidado de mí,
oráculo del Señor Yahveh.
13 Mira, yo voy a batir palmas a causa de los actos de pillaje que has
cometido y de la sangre que corre en medio de ti.
14 ¿Podrá tu corazón resistir y tus manos seguir firmes el día
en que yo actúe contra ti? Yo, Yahveh, he hablado y lo haré.
15 Te dispersaré entre las naciones, te esparciré por los países,
borraré la impureza que hay en medio de ti,
16 por ti misma te verás profanada a los ojos de las naciones, y
sabrás que yo soy Yahveh.
17 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
18 Hijo de hombre, la casa de Israel se me ha convertido en
escoria; todos son cobre, estaño, hierro, plomo, en medio de un horno;
¡escoria son!
19 Por eso, así dice el Señor Yahveh: Por haberos convertido
todos vosotros en escoria, por eso voy a juntaros en medio de Jerusalén.
20 Como se pone junto plata, cobre, hierro, plomo y estaño en el
horno, y se atiza el fuego por debajo para fundirlo todo, así os juntaré
yo en mi cólera y mi furor; os pondré y os fundiré.
21 Os reuniré, atizaré contra vosotros el fuego de mi furia, y
os fundiré en medio de la ciudad.
22 Como se funde la plata en medio del horno, así seréis
fundidos vosotros en medio de ella, y sabréis que yo, Yahveh, he
derramado mi furor sobre vosotros.
23 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
24 Hijo de hombre, dile: Eres una tierra que no ha tenido lluvia
ni inundación en el día de la Ira;
25 los príncipes que en ella residen son como un león rugiente
que desgarra su presa. Han devorado a la gente, se han apoderado de
haciendas y joyas, han multiplicado las viudas en medio de ella.
26 Sus sacerdotes han violado mi ley y profanado mis cosas
sagradas; no han hecho diferencia entre lo sagrado y lo profano, ni han
enseñado a distinguir entre lo puro y lo impuro; se han tapado los ojos
para no ver mis sábados, y yo he sido deshonrado en medio de ellos.
27 Sus jefes, en medio de ella, son como lobos que desgarran su
presa, que derraman sangre, matando a las personas para robar sus
bienes.
28 Sus profetas los han recubierto de argamasa con sus vanas
visiones y sus presagios mentirosos, diciendo: «Así dice el Señor
Yahveh», cuando Yahveh no había hablado.
29 El pueblo de la tierra ha hecho violencia y cometido pillaje,
ha oprimido al pobre y al indigente, ha maltratado al forastero sin ningún
derecho.
30 He buscado entre ellos alguno que construyera un muro y se
mantuviera de pie en la brecha ante mí, para proteger la tierra e
impedir que yo la destruyera, y no he encontrado a a nadie.
31 Entonces he derramado mi ira sobre ellos; en el fuego de mi
furia los he exterminado: he hecho caer su conducta sobre su cabeza, oráculo
del Señor Yahveh.
23
1 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
2 Hijo de hombre: Había dos mujeres, hijas de la misma madre.
3 Se prostituyeron en Egipto; se prostituyeron en su juventud. Allí
fueron palpados sus pechos y acariciado su seno virginal.
4 Estos eran sus nombres: Oholá, la mayor, y Oholibá, su
hermana. Fueron mías y dieron a luz hijos e hijas. Sus nombres: Oholá
es Samaria; Oholibá, Jerusalén.
5 Oholá se prostituyó cuando me pertenecía a mí; se enamoró
perdidamente de sus amantes, los asirios sus vecinos,
6 vestidos de púrpura, gobernadores y prefectos, todos ellos jóvenes
apuestos y hábiles caballeros.
7 Les otorgó sus favores - eran todos ellos la flor de los
asirios - y, con todos aquellos de los que se había enamorado, se
contaminó al contacto de todas sus basuras.
8 No cejó en sus prostituciones comenzadas en Egipto, donde se
habían acostado con ella en su juventud, acariciando su seno virginal,
y desahogando con ella su lascivia.
9 Por eso yo la entregué en manos de sus amantes, en manos de los
asirios de los que se había enamorado.
10 Estos descubrieron su desnudez, se llevaron a sus hijos y sus
hijas, y a ella misma la mataron a espada. Vino así a ser ejemplo para
las mujeres, porque se había hecho justicia de ella.
11 Su hermana Oholibá vio esto, pero su pasión y sus
prostituciones fueron todavía más escandalosas que las de su hermana.
12 Se enamoró de los asirios, gobernadores y prefectos, vecinos
suyos, magníficamente vestidos, hábiles caballeros, y todos ellos jóvenes
apuestos.
13 Yo vi que estaba impura; la conducta era la misma para las dos,
14 pero ésta superó sus prostituciones: vio hombres pintados en
la pared, figuras de caldeos pintadas con bermellón,
15 con cinto en las caderas y amplios turbantes en sus cabezas,
con aspecto de escuderos todos ellos, que representaban a los
babilonios, caldeos de origen,
16 y en cuanto los vio se enamoró de ellos y les envió
mensajeros a Caldea.
17 Los babilonios vinieron donde ella, a compartir el lecho de los
amores y a contaminarla con su lascivia; y cuando se contaminó con
ellos, su deseo se apartó de ellos.
18 Dejó así al descubierto sus prostituciones y su desnudez; y
yo me aparté de ella como me había apartado de su hermana.
19 Pero ésta multiplicó sus prostituciones, acordándose de los
días de su juventud, cuando se prostituía en el país de Egipto,
20 y se enamoraba de aquellos disolutos de carne de asnos y
miembros de caballos.
21 Has renovado así la inmoralidad de tu juventud, cuando en
Egipto acariciaban tu busto palpando tus pechos juveniles.
22 Pues bien, Oholibá, así dice el Señor Yahveh: He aquí que
yo suscito contra ti a todos tus amantes, de los que te has apartado;
los voy a traer contra ti de todas partes,
23 a los babilonios y a todos los caldeos, los de Pecod, de Soa y de
Coa, y con ellos a todos los asirios, jóvenes apuestos, gobernadores y
prefectos, todos ellos escuderos de título y hábiles caballeros;
24 y vendrán contra ti desde el norte carros y carretas, con una
asamblea de pueblos. Por todas partes te opondrán el pavés, el escudo
y el yelmo. Yo les daré el encargo de juzgarte y te juzgarán conforme
a su derecho.
25 Desencadenaré mis celos contra ti, y te tratarán con furor,
te arrancarán la nariz y las orejas, y lo que quede de los tuyos caerá
a espada; se llevarán a tus hijos y a tus hijas, y lo que quede de los
tuyos será devorado por el fuego.
26 Te despojarán de tus vestidos y se apoderarán de tus joyas.
27 Yo pondré fin a tu inmoralidad y a tus prostituciones
comenzadas en Egipto; no levantarás más tus ojos hacia ellos, ni
volverás a acordarte de Egipto.
28 Porque así dice el Señor Yahveh: He aquí que yo te entrego
en manos de los que detestas, en manos de aquellos de los que te has
apartado.
29 Ellos te tratarán con odio, se apoderarán de todo el fruto de
tu trabajo y te dejarán completamente desnuda. Así quedará al
descubierto la vergüenza de tus prostituciones. Tu inmoralidad y tus
prostituciones
30 te han acarreado todo esto, por haberte prostituido a las
naciones, por haberte contaminado con sus basuras.
31 Has imitado la conducta de tu hermana, y yo pondré su cáliz
en tu mano.
32 Así dice el Señor Yahveh: Beberás el cáliz de tu hermana, cáliz
ancho y profundo, que servirá de burla e irrisión, tan grande es su
cabida.
33 Te empaparás de embriaguez y de aflicción. Cáliz de desolación y
de angustia, el cáliz de tu hermana Samaria.
34 Lo beberás, lo apurarás; roerás hasta los cascotes, y te
desgarrarás el seno. Porque he hablado yo, oráculo del Señor Yahveh.
35 Por eso, así dice el Señor Yahveh: Puesto que me has olvidado
y me has arrojado a tus espaldas, carga tú también con tu inmoralidad
y tus prostituciones.
36 Después, Yahveh me dijo: Hijo de hombre, ¿vas a juzgar a Oholá
y Oholibá? Repróchales sus abominaciones.
37 Han cometido adulterio, están ensangrentadas sus manos, han
cometido adulterio con sus basuras, y hasta a sus hijos, que me habían
dado a luz, los han hecho pasar por el fuego como alimento para ellas.
38 Han llegado a hacerme hasta esto: han contaminado mi santuario
en este día y han profanado mis sábados;
39 después de haber inmolado sus hijos a sus basuras, el mismo día,
han entrado en mi santuario para profanarlo. Esto es lo que han hecho en
mi propia casa.
40 Más aún, mandaron en busca de hombres que vinieran de lejos,
enviándoles un mensajero, y cuando vinieron te bañaste, te pintaste
los ojos y te pusiste las joyas;
41 luego te reclinaste en un espléndido diván, ante el cual
estaba aderezada una mesa en la que habías puesto mi incienso y mi
aceite.
42 Se oía allí el ruido de una turba indolente, por la multitud
de hombres, de bebedores traídos del desierto; ponían ellos brazaletes
en las manos de ellas y una corona preciosa en su cabeza.
43 Y yo decía de aquella que estaba gastada de adulterios: Todavía
sigue entregándose a sus prostituciones,
44 y vienen donde ella, como se viene donde una prostituta. Así
han venido donde Oholá y Oholibá, estas mujeres depravadas.
45 Pero hay hombres justos que les aplicarán el juicio reservado
a las adúlteras y a las que derraman sangre, porque ellas son adúlteras
y hay sangre en sus manos.
46 Porque así dice el Señor Yahveh: Convóquese contra ellas una
asamblea para entregarlas al terror y al pillaje,
47 y la asamblea las matará a pedradas y las acribillará a
golpes de espada; matarán a sus hijos y a sus hijas, y prenderán fuego
a sus casas.
48 Yo pondré fin a la inmoralidad en esta tierra; todas las
mujeres quedarán así avisadas y no imitarán vuestra inmoralidad.
49 Se hará recaer sobre vosotras vuestra inmoralidad, cargaréis
con los pecados cometidos con vuestras basuras, y sabréis que yo soy el
Señor Yahveh.
24
1 El año noveno, el día diez del décimo mes, la palabra de
Yahveh me fue dirigida en estos términos:
2 Hijo de hombre, escribe la fecha de hoy, de este mismo día,
porque el rey de Babilonia se ha lanzado sobre Jerusalén precisamente
en este día.
3 Compón una parábola sobre esta casa de rebeldía. Les dirás: Así
dice el Señor Yahveh: Arrima la olla al fuego, arrímala, y echa agua
en ella.
4 Amontana dentro trozos de carne, todos los trozos buenos, pierna
y espalda. Llénala de los huesos mejores.
5 Toma lo mejor del ganado menor. Apila en torno la leña debajo,
hazla hervir a borbotones, de modo que hasta los huesos se cuezan.
6 Porque así dice el Señor Yahveh: ¡Ay de la ciudad
sanguinaria, olla toda roñosa, cuya herrumbre no se le va! ¡Vacíala
trozo a trozo, sin echar suertes sobre ella!
7 Porque su sangre está en medio de ella, la ha esparcido sobre
la roca desnuda, no la ha derramado en la tierra recubriéndola de
polvo.
8 Para que el furor desborde, para tomar venganza, he puesto yo su
sangre sobre roca desnuda, para que no fuera recubierta.
9 Pues bien, así dice el Señor Yahveh: ¡Ay de la ciudad
sanguinaria! También yo voy a hacer un gran montón de leña.
10 Apila bien la leña, enciende el fuego, cuece la carne a punto,
prepara las especias, que los huesos se abrasen.
11 Y mantén la olla vacía sobre las brasas, para que se
caliente, se ponga al rojo el bronce, se funda dentro de ella su
suciedad, y su herrumbre se consuma.
12 Pero ni por el fuego se va la herrumbre de la que está roñosa.
13 De la impureza de tu inmoralidad he querido purificarte, pero tú no
te has dejado purificar de tu impureza. No serás, pues, purificada
hasta que yo no desahogue mi furor en ti.
14 Yo, Yahveh, he hablado, y cumplo la palabra: no me retraeré,
no tendré piedad ni me compadeceré. Según tu conducta y según tus
obras te juzgarán, oráculo del Señor Yahveh.
15 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
16 «Hijo de hombre, mira, voy a quitarte de golpe el encanto de
tus ojos. Pero tú no te lamentarás, no llorarás, no te saldrá una lágrima.
17 Suspira en silencio, no hagas duelo de muertos; ciñe el
turbante a tu cabeza, ponte tus sandalias en los pies, no te cubras la
barba, no comas pan ordinario.»
18 Yo hablé al pueblo por la mañana, y por la tarde murió mi
mujer; y al día siguiente por la mañana hice como se me había
ordenado.
19 El pueblo me dijo: «¿No nos explicarás qué significado
tiene para nosotros lo que estás haciendo?»
20 Yo les dije: «La palabra de Yahveh me ha sido dirigida en
estos términos:
21 Di a la casa de Israel: Así dice el Señor Yahveh: He aquí
que yo voy a profanar mi santurario, orgullo de vuestra fuerza, encanto
de vuestros ojos, pasión de vuestras almas. Vuestros hijos y vuestras
hijas que habéis abandonado, caerán a espada.
22 Y vosotros haréis como yo he hecho: no os cubriréis la barba,
no comeréis pan ordinario,
23 seguiréis llevando vuestros adornos en la cabeza y vuestras
sandalias en los pies, no os lamentaréis ni lloraréis. Os consumiréis
a causa de vuestras culpas y gemiréis los unos con los otros.
24 Ezequiel será para vosotros un símbolo; haréis todo lo que
él ha hecho. Y cuando esto suceda, sabréis que yo soy el Señor
Yahveh.»
25 Y tú, hijo de hombre, el día en que yo les quite su apoyo, su
alegre ornato, el encanto de sus ojos, el anhelo de su alma, sus hijos y
sus hijas,
26 ese día llegará donde ti el fugitivo que traerá la noticia.
27 Aquel día se abrirá tu boca para hablar al fugitivo; hablarás
y ya no seguirás mudo; serás un símbolo para ellos, y sabrán que yo
soy Yahveh.
25
1 La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
2 Hijo de hombre, vuelve tu rostro hacia los ammonitas y profetiza
contra ellos.
3 Dirás a los ammonitas: Escuchad la palabra del Señor Yahveh. Así
dice el Señor Yahveh: Por haber dicho: «¡Ja, ja!» sobre mi santuario
cuando era profanado, sobre la tierra de Israel cuando era devastada y
sobre la casa de Judá cuando marchaba al destierro,
4 por eso, he aquí que yo te entrego en posesión a los hijos de
Oriente; emplazarán en ti sus campamentos, y pondrán en ti sus
tiendas; ellos comerán tus frutos y ellos beberán tu leche.
5 Yo haré de Rabbá un establo de camellos, y de las ciudades de
Ammón un redil de ovejas. Y sabréis que yo soy Yahveh.
6 Así dice el Señor Yahveh: Por haber batido palmas y haber
pataleado, por haberte alegrado, con todo tu desprecio y animosidad, a
costa de la tierra de Israel,
7 por eso, he aquí que yo extiendo mi mano contra ti y te
entregaré al saqueo de las naciones, te extirparé de entre los pueblos
y te exterminaré de entre los países. Te destruiré, y sabrás que yo
soy Yahveh.
8 Así dice el Señor Yahveh: Porque Moab y Seír han dicho: «Mirad,
la casa de Judá es igual que todas las naciones»,
9 por eso, he aquí que yo voy a abrir las espaldas de Moab, y a
destruir de un extremo al otro sus ciudades, las joyas de ese país, Bet
Hayesimot, Baal Meón, Quiryatáyim.
10 A los hijos de Oriente, además de los ammonitas, la entrego en
posesión, para que no se recuerde más entre las naciones.
11 Haré justicia de Moab, y se sabrá que yo soy Yahveh.
12 Así dice el Señor Yahveh: Porque Edom ha ejecutado su
venganza sobre la casa de Judá y se ha hecho gravemente culpable al
vengarse de ella,
13 por eso, así dice el Señor Yahveh: Yo extenderé mi mano contra
Edom y extirparé de ella hombres y bestias. La convertiré en desierto;
desde Temán a Dedán caerán a espada.
14 Pondré mi venganza contra Edom en manos de mi pueblo Israel,
que tratará a Edom según mi cólera y mi furor, y se sabrá lo que es
mi venganza, oráculo del Señor Yahveh.
15 Así dice el Señor Yahveh: Porque los filisteos han actuado
vengativamente y han ejecutado su venganza con desprecio y animosidad,
tratando de destruir a impulsos de un odio eterno,
16 por eso, así dice el Señor Yahveh: He aquí que yo extiendo
mi mano contra los filisteos; extirparé a los kereteos y destruiré lo
que queda en el litoral del mar.
17 Ejecutaré contra ellos terribles venganzas, furiosos
escarmientos, y sabrán que yo soy Yahveh, cuando les aplique mi
venganza.
26
1 El año undécimo, el día primero del mes, la palabra de
Yahveh me fue dirigida en estos términos:
2 Hijo de hombre, porque Tiro ha dicho contra Jerusalén: «¡Ja,
ja! ahí está rota, la puerta de los pueblos; se vuelve hacia mí, su
riqueza está en ruinas»,
3 por eso, así dice el Señor Yahveh: Aquí estoy contra ti, Tiro. Voy
a hacer subir contra ti a naciones numerosas, como el mar hace subir sus
olas.
4 Derruirán las murallas de Tiro y abatirán sus torres. Yo
barreré de ella hasta el polvo y la dejaré como roca pelada.
5 Quedará, en medio del mar, como un secadero de redes. Porque he
hablado yo, oráculo del Señor Yahveh. Tiro será presa propicia para
las naciones.
6 Y sus hijas que están tierra adentro serán muertas a espada. Y
se sabrá que yo soy Yahveh.
7 Pues así dice el Señor Yahveh: He aquí que yo traigo contra
Tiro, por el norte, a Nabucodonosor, rey de Babilonia, rey de reyes, con
caballos, carros y jinetes y gran número de tropas.
8 A tus hijas que están tierra adentro las matará a espada. Hará
contra ti trincheras, levantará contra ti un terraplén, alzará contra
ti un testudo,
9 lanzará los golpes de su ariete contra tus murallas, demolerá
tus torres con sus máquinas.
10 Sus caballos son tan numerosos que su polvo te cubrirá. Al
estrépito de su caballería, de sus carros y carretas, trepidarán tus
murallas cuando entre él por tus puertas, como se entra en una ciudad,
brecha abierta.
11 Con los cascos de sus caballos hollará todas tus calles, a tu
pueblo pasará a cuchillo, y tus grandiosas estelas se desplomarán en
tierra.
12 Se llevarán como botín tus riquezas, saquearán tus mercancías,
destruirán tus murallas, demolerán tus casas suntuosas. Tus piedras,
tus vigas y tus escombros los echarán al fondo de las aguas.
13 Yo haré cesar la armonía de tus canciones, y no se volverá a oír
el son de tus cítaras.
14 Te convertiré en roca pelada, quedarás como secadero de
redes; no volverás a ser reconstruida, porque yo, Yahveh, he hablado,
oráculo del Señor Yahveh.
15 Así dice el Señor Yahveh a Tiro: Al estruendo de tu caída,
cuando giman las víctimas, cuando hierva la carnicería en medio de ti,
¿no temblarán las islas?
16 Bajarán de sus tronos todos los príncipes del mar, se quitarán
sus mantos, dejarán sus vestidos recamados. Se vestirán de pavores, se
sentarán en tierra, sin tregua temblarán y quedarán pasmados por ti.
17 Entonarán por ti una elegía y te dirán: ¡Ah! ahí estás
destruida, desaparecida de los mares, la ciudad famosa, que fue poderosa
en el mar, con tus habitantes, los que infundían el terror en todo el
continente.
18 Ahora tiemblan las islas en el día de tu caída, las islas del
mar están aterradas de tu fin.
19 Porque así dice el Señor Yahveh: Cuando yo te convierta en
una ciudad en ruinas como las ciudades despobladas, cuando yo empuje
sobre ti el océano, y te cubran las muchas aguas,
20 entonces te precipitaré con los que bajan a la fosa, con el
pueblo de antaño; te haré habitar en los infiernos, como las ruinas de
antaño, con los que bajan a la fosa, para que no vuelvas a ser
restablecida en la tierra de los vivos.
21 Haré de ti un objeto de espanto, y no existirás más. Se te
buscará y no se te encontrará jamás, oráculo del Señor Yahveh.
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