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ISAÍAS
1
1 Visión que Isaías, hijo de Amós, vio tocante a Judá y
Jerusalén en tiempo de Ozías, Jotam, Ajaz y Ezequías, reyes de Judá.
2 Oíd, cielos, escucha, tierra, que habla Yahveh; «Hijos crié y
saqué adelante, y ellos se rebelaron contra mí.
3 Conoce el buey a su dueño, y el asno el pesebre de su amo. Israel no
conoce, mi pueblo no discierne.»
4 ¡Ay, gente pecadora, pueblo tarado de culpa. semilla de
malvados, hijos de perdición! Han dejado a Yahveh, han despreciado al
Santo de Israel, se han vuelto de espaldas.
5 ¿En dónde golpearos ya, si seguís contumaces? La cabeza toda
está enferma, toda entraña doliente.
6 De la planta del pie a la cabeza no hay en él cosa sana:
golpes, magulladuras y heridas frescas, ni cerradas, ni vendadas, ni
ablandadas con aceite.
7 Vuestra tierra es desolación, vuestras ciudades, hogueras de
fuego; vuestro suelo delante de vosotros extranjeros se lo comen, y es
una desolación como devastación de extranjeros.
8 Ha quedado la hija de Sión como cobertizo en viña, como
albergue en pepinar, como ciudad sitiada.
9 De no habernos dejado Yahveh Sebaot un residuo minúsculo, como
Sodoma seríamos, a Gomorra nos pareceríamos.
10 Oíd una palabra de Yahveh, regidores de Sodoma. Escuchad una
instrucción de nuestro Dios, pueblo de Gomorra.
11 «¿A mí qué, tanto sacrificio vuestro? - dice Yahveh -.
Harto estoy de holocaustos de carneros y de sebo de cebones; y sangre de
novillos y machos cabríos no me agrada,
12 cuando venís a presentaros ante mí. ¿Quién ha solicitado de
vosotros esa pateadura de mis atrios?
13 No sigáis trayendo oblación vana: el humo del incienso me resulta
detestable. Novilunio, sábado, convocatoria: no tolero falsedad y
solemnidad.
14 Vuestros novilunios y solemnidades aborrece mi alma: me han
resultado un gravamen que me cuesta llevar.
15 Y al extender vosotros vuestras palmas, me tapo los ojos por no
veros. Aunque menudeéis la plegaria, yo no oigo. Vuestras manos están
de sangre llenas:
16 lavaos, limpiaos, quitad vuestras fechorías de delante de mi
vista, desistid de hacer el mal,
17 aprended a hacer el bien, buscad lo justo, dad sus derechos al
oprimido, haced justicia al huérfano, abogad por la viuda.
18 Venid, pues, y disputemos - dice Yahveh -: Así fueren vuestros
pecados como la grana, cual la nieve blanquearán. Y así fueren rojos
como el carmesí, cual la lana quedarán.
19 Si aceptáis obedecer, lo bueno de la tierra comeréis.
20 Pero si rehusando os oponéis, por la espada seréis devorados,
que ha hablado la boca de Yahveh.
21 ¡Cómo se ha hecho adúltera la villa leal! Sión llena estaba
de equidad, justicia se albergaba en ella, pero ahora, asesinos.
22 Tu plata se ha hecho escoria. Tu bebida se ha aguado.
23 Tus jefes, revoltosos y aliados con bandidos. Cada cual ama el
soborno y va tras los regalos. Al huérfano no hacen justicia, y el
pleito de la viuda no llega hasta ellos.
24 Por eso - oráculo del Señor Yahveh Sebaot, el Fuerte de
Israel -: ¡Ay! Voy a desquitarme de mis contrarios, voy a vengarme de
mis enemigos.
25 Voy a volver mi mano contra ti y purificaré al crisol tu
escoria, hasta quitar toda tu ganga.
26 Voy a volver a tus jueces como eran al principio, y a tus
consejeros como antaño. Tras de lo cual se te llamará Ciudad de
Justicia, Villa-leal.
27 Sión por la equidad será rescatada, y sus cautivos por la
justicia.
28 Padecerán quebranto rebeldes y pecadores a una, y los
desertores de Yahveh se acabarán.
29 Porque os avergonzaréis de las encinas que anhelabais, y os
afrentaréis de los jardines que preferíais.
30 Porque seréis como encina que se le cae la hoja, y como jardín
que a falta de agua está.
31 El hombre fuerte se volverá estopa, y su trabajo, chispa:
arderán ambos a una, y no habrá quien apague.
2
1 Lo que vio Isaías, hijo de Amós, tocante a Judá y Jerusalén.
2 Sucederá en días futuros que el monte de la Casa de Yahveh será
asentado en la cima de los montes y se alzará por encima de las
colinas. Confluirán a él todas las naciones,
3 y acudirán pueblos numerosos. Dirán: «Venid, subamos al monte de
Yahveh, a la Casa del Dios de Jacob, para que él nos enseñe sus
caminos y nosotros sigamos sus senderos.» Pues de Sión saldrá la Ley,
y de Jerusalén la palabra de Yahveh.
4 Juzgará entre las gentes, será árbitro de pueblos numerosos.
Forjarán de sus espadas azadones, y de sus lanzas podaderas. No
levantará espada nación contra nación, ni se ejercitarán más en la
guerra.
5 Casa de Jacob, andando, y vayamos, caminemos a la luz de Yahveh.
6 Has desechado a tu pueblo, la Casa de Jacob, porque estaban
llenos de adivinos y evocadores, como los filisteos, y con extraños
chocan la mano;
7 se llenó su tierra de plata y oro, y no tienen límite sus
tesoros; se llenó su tierra de caballos, y no tienen límite sus
carros;
8 se llenó su tierra de ídolos, ante la obra de sus manos se
inclinan, ante lo que hicieron sus dedos.
9 Se humilla el hombre, y se abaja el varón: pero no les
perdones.
10 Entra en la peña, húndete en el polvo, lejos de la presencia
pavorosa de Yahveh y del esplendor de su majestad, cuando él se alce
para hacer temblar la tierra.
11 Los ojos altivos del hombre serán abajados, se humillará la
altanería humana, y será exaltado Yahveh solo en aquel día.
12 Pues será aquel día de Yahveh Sebaot para toda depresión,
que sea enaltecida, y para todo lo levantado, que será rebajado:
13 contra todos los cedros del Líbano altos y elevados, contra todas
las encinas del Basán,
14 contra todos los montes altos, contra todos los cerros
elevados,
15 contra toda torre prominente, contra todo muro inaccesible,
16 contra todas las naves de Tarsis, contra todos los barcos
cargados de tesoros.
17 Se humillará la altivez del hombre, y se abajará la altanería
humana; será exaltado Yahveh solo, en aquel día,
18 y los ídolos completamente abatidos.
19 Entrarán en las grietas de las peñas y en las hendiduras de
la tierra, lejos de la presencia pavorosa de Yahveh y del esplendor de
su majestad, cuando él se alce para hacer temblar la tierra.
20 Aquel día arrojará el hombre a los musgaños y a los topos
los ídolos de plata y los ídolos de oro que él se hizo para postrarse
ante ellos,
21 y se meterá en los agujeros de las peñas y en las hendiduras
de las piedras, lejos de la presencia pavorosa de Yahveh y del esplendor
de su majestad, cuando él se alce para hacer temblar la tierra.
22 Desentendeos del hombre, en cuya nariz sólo hay aliento,
porque ¿qué vale él?
3
1 Pues he aquí que el Señor Yahveh Sebaot está quitando de
Jerusalén y de Judá todo sustento y apoyo: (todo sustento de pan y
todo sustento de agua);
2 el valiente y el guerrero, el juez y el profeta, el augur y el
anciano,
3 el jefe de escuadra y el favorito, el consejero, el sabio hechicero y
el hábil encantador.
4 Les daré mozos por jefes, y mozalbetes les dominarán.
5 Querrá mandar la gente, cada cual en cada cual, los unos a los
otros y cada cual en su compañero. Se revolverá el mozo contra el
anciano, y el vil contra el hombre de peso.
6 Pues agarrará uno a su hermano al de su mismo apellido, diciéndole:
«Túnica gastas: príncipe nuestro seas, toma a tu cargo esta ruina.»
7 Pero el otro exclamará aquel día: «No seré vuestro médico;
en mi casa no hay pan ni túnica: no me pongáis por príncipe del
pueblo.»
8 Así que tropezó Jerusalén, y Judá ha caído; pues sus
lenguas y sus fechorías a Yahveh han llegado, irritando los ojos de su
majestad.
9 La expresión de su rostro les denuncia, y sus pecados como
Sodoma manifiestan, no se ocultan. ¡Ay de ellos, porque han merecido su
propio mal!
10 Decid al justo que bien, que el fruto de sus acciones comerá.
11 ¡Ay del malvado! que le irá mal, que el mérito de sus manos
se le dará.
12 A mi pueblo le oprime un mozalbete, y mujeres le dominan.
Pueblo mío, tus regidores vacilan y tus derroteros confunden.
13 Se levanta a pleitear Yahveh y está en pie para juzgar a los
pueblos.
14 Yahveh demanda en juicio a los ancianos de su pueblo y a sus
jefes. «Vosotros habéis incendiado la viña, el despojo del mísero
tenéis en vuestras casas.
15 Pero ¿qué os importa? Machacáis a mi pueblo y moléis el
rostro de los pobres» - oráculo del Señor Yahveh Sebaot -.
16 Dice Yahveh: «Por cuanto son altivas las hijas de Sión, y
andan con el cuello estirado y guiñando los ojos, y andan a pasitos
menudos, y con sus pies hacen tintinear las ajorcas»,
17 rapará el Señor el cráneo de las hijas de Sión, y Yahveh
destapará su desnudez.
18 Aquel día quitará el Señor el adorno de las ajorcas, los
solecillos y las lunetas;
19 los aljófares, las lentejuelas y los cascabeles;
20 los peinados, las cadenillas de los pies, los ceñidores, los
pomos de olor y los amuletos,
21 los anillos y aretes de nariz;
22 los vestidos preciosos, los mantos, los chales, los bolsos,
23 los espejos, las ropas finas, los turbantes y las mantillas.
24 Por debajo del bálsamo habrá hedor, por debajo de la faja,
soga, por debajo de la peluca, rapadura, y por debajo del traje, refajo
de arpillera. y por debajo de la hermosura, vergüenza.
25 Tus gentes a espada caerán, y tus campeones en guerra.
26 Y darán ayes y se dolerán a las puertas, y tú, asolada, te
sentarás por tierra.
4
1 Asirán siete mujeres a un hombre en aquel día diciendo: «Nuestro
pan comeremos, y con nuestras túnicas nos vestiremos. Tan sólo déjanos
llevar tu nombre: quita nuestro oprobio.»
2 Aquel día el germen de Yahveh será magnífico y glorioso, y el
fruto de la tierra será la prez y ornato de los bien librados de
Israel.
3 A los restantes de Sión y a los que quedaren de Jerusalén, se les
llamará santos: serán todos los apuntados como vivos en Jerusalén.
4 Cuando haya lavado el Señor la inmundicia de las hijas de Sión,
y las manchas de sangre de Jerusalén haya limpiado del interior de ella
con viento justiciero y viento abrasador,
5 creará Yahveh sobre todo lugar del monte de Sión y sobre toda
su reunión, nube y humo de día, y resplandor de fuego llameante de
noche. Y por encima la gloria de Yahveh será toldo
6 y tienda para sombra contra el calor diurno, y para abrigo y
reparo contra el aguacero y la lluvia.
5
1 Voy a cantar a mi amigo la canción de su amor por su viña.
Una viña tenía mi amigo en un fértil otero.
2 La cavó y despedregó, y la plantó de cepa exquisita. Edificó
una torre en medio de ella, y además excavó en ella un lagar. Y esperó
que diese uvas, pero dio agraces.
3 Ahora, pues, habitantes de Jerusalén y hombres de Judá, venid a
juzgar entre mi viña y yo:
4 ¿Qué más se puede hacer ya a mi viña, que no se lo haya
hecho yo? Yo esperaba que diese uvas. ¿Por qué ha dado agraces?
5 Ahora, pues, voy a haceros saber, lo que hago yo a mi viña:
quitar su seto, y será quemada; desportillar su cerca, y será
pisoteada.
6 Haré de ella un erial que ni se pode ni se escarde. crecerá la
zarza y el espino, y a las nubes prohibiré llover sobre ella.
7 Pues bien, viña de Yahveh Sebaot es la Casa de Israel, y los
hombres de Judá son su plantío exquisito. Esperaba de ellos justicia,
y hay iniquidad; honradez, y hay alaridos.
8 ¡Ay, los que juntáis casa con casa, y campo a campo anexionáis,
hasta ocupar todo el sitio y quedaros solos en medio del país!
9 Así ha jurado a mis oídos Yahveh Sebaot: «¡Han de quedar
desiertas muchas casas; grandes y hermosas, pero sin moradores!
10 Porque diez yugadas de viña darán sólo una medida, y una
carga de simiente producirá una medida.»
11 ¡Ay, los que despertando por la mañana andan tras el licor;
los que trasnochan, encandilados por el vino!
12 Sólo hay arpas y cítaras, pandero y flauta en sus libaciones,
y no contemplan la obra de Yahveh, no ven la acción de sus manos.
13 Por eso fue deportado mi pueblo sin sentirlo, sus notables estaban
muertos de hambre, y su plebe se resecaba de sed.
14 Por eso ensanchó el seol su seno dilató su boca sin medida, y
a él baja su nobleza y su plebe y su turba gozosa.
15 Se humilla el hombre, se abaja el varón, los ojos de los
altivos son abajados;
16 es ensalzado Yahveh Sebaot en jucio, el Dios Santo muestra su
santidad por su justicia.
17 Pacerán los corderos como en su pastizal, y entre las ruinas
gordos cabritos ramonearán.
18 ¡Ay, los que arrastran la culpa con coyundas de engaños y el
pecado como con bridas de novilla!
19 Los que dicen: «¡Listo, apresure su acción, de modo que la
veamos. Acérquese y venga el plan del Santo de Israel, y que lo
sepamos!»
20 ¡Ay, los que llaman al mal bien, y al bien mal; que dan
oscuridad por luz, y luz por oscuridad; que dan amargo por dulce, y
dulce por amargo!
21 ¡Ay, los sabios a sus propios ojos, y para sí mismos
discretos!
22 ¡Ay, los campeones en beber vino, los valientes para escanciar
licor,
23 los que absuelven al malo por soborno y quitan al justo su derecho.
24 Tal devora las espigas una lengua de fuego y el heno en llamas
se derrumba: la raíz de ellos será como podre, y su flor subirá como
tamo. Pues recusaron la enseñanza de Yahveh Sebaot y despreciaron el
dicho del Santo de Israel.
25 Por eso se ha encendido la ira de Yahveh contra su pueblo,
extendió su mano sobre él y le golpeó. Y mató a los príncipes: sus
cadáveres yacían como basura en medio de las calles. Con todo eso, no
se ha calmado su ira, y aún sigue extendida su mano.
26 Iza bandera a un pueblo desde lejos y le silba desde los
confines de la tierra: vedlo aquí, rápido, viene ligero.
27 No hay en él quien se canse y tropiece, quien se duerma y se
amodorre; nadie se suelta el cinturón de los lomos, ni se rompe la
correa de su calzado.
28 Sus saetas son agudas y todos sus arcos están tensos. Los
cascos de sus caballos semejan pedernal y sus ruedas, torbellino.
29 Tiene un rugido como de leona, ruge como los cachorros, brama y
agarra la presa, la arrebata, y no hay quien la libre.
30 Bramará contra él aquel día como el bramido del mar, y oteará
la tierra, y habrá densa oscuridad, pues la luz se habrá oscurecido en
la espesa tiniebla.
6
1 El año de la muerte del rey Ozías vi al Señor sentado en
un trono excelso y elevado, y sus haldas llenaban el templo.
2 Unos serafines se mantenían erguidos por encima de él; cada
uno tenía seis alas: con un par se cubrían la faz, con otro par se
cubrían los pies, y con el otro par aleteaban,
3 Y se gritaban el uno al otro: «Santo, santo, santo, Yahveh Sebaot:
llena está toda la tierra de su gloria.».
4 Se conmovieron los quicios y los dinteles a la voz de los que
clamaban, y la Casa se llenó de humo.
5 Y dije: «¡Ay de mí, que estoy perdido, pues soy un hombre de
labios impuros, y entre un pueblo de labios impuros habito: que al rey
Yahveh Sebaot han visto mis ojos!»
6 Entonces voló hacia mí uno de los serafines con una brasa en
la mano, que con las tenazas había tomado de sobre el altar,
7 y tocó mi boca y dijo: «He aquí que esto ha tocado tus
labios: se ha retirado tu culpa, tu pecado está expiado.»
8 Y percibí la voz del Señor que decía: «¿A quién enviaré?
¿y quién irá de parte nuestra»? Dije: «Heme aquí: envíame.»
9 Dijo: «Ve y di a ese pueblo: "Escuchad bien, pero no
entendáis, ved bien, pero no comprendáis."
10 Engorda el corazón de ese pueblo hazle duro de oídos, y pégale
los ojos, no sea que vea con sus ojos. y oiga con sus oídos, y entienda
con su corazón, y se convierta y se le cure.»
11 Yo dije: «¿Hasta dónde, Señor?» Dijo: «Hasta que se vacíen
las ciudades y queden sin habitantes, las casas sin hombres, la campiña
desolada,
12 y haya alejado Yahveh a las gentes, y cunda el abandono dentro
del país.
13 Aun el décimo que quede en él volverá a ser devastado como la
encina o el roble, en cuya tala queda un tocón: semilla santa será su
tocón.»
7
1 En tiempo de Ajaz, hijo de Jotam, hijo de Ozías, rey de Judá,
subió Rasón, rey de Aram, con Pécaj, hijo de Remalías, rey de
Israel, a Jerusalén para atacarla, más no pudieron hacerlo.
2 La casa de David había recibido este aviso: «Aram se ha unido
con Efraím», y se estremeció el corazón del rey y el corazón de su
pueblo, como se estremecen los árboles del bosque por el viento.
3 Entonces Yahveh dijo a Isaías: «Ea, sal con tu hijo Sear Yasub al
final del caño de la alberca superior, por la calzada del campo del
Batanero, al encuentro de Ajaz,
4 y dile: «¡Alerta, pero ten calma! No temas, ni desmaye tu
corazón por ese par de cabos de tizones humeantes,
5 ya que Aram, Efraím y el hijo de Remalías han maquinado tu
ruina diciendo:
6 Subamos contra Judá y desmembrémoslo, abramos brecha en él y
pongamos allí por rey al hijo de Tabel."
7 Así ha dicho el Señor Yahveh: No se mantendrá, ni será así;
8 porque la capital de Aram es Damasco, y el cabeza de Damasco,
Rasón; Pues bien: dentro de sesenta y cinco años, Efraím dejará de
ser pueblo.
9 La capital de Efraím es Samaría, y el cabeza de Samaría, el
hijo de Remalías. Si no os afirmáis en mí no seréis firmes.»
10 Volvió Yahveh a hablar a Ajaz diciendo:
11 «Pide para ti una señal de Yahveh tu Dios en lo profundo del
seol o en lo más alto.»
12 Dijo Ajaz: «No la pediré, no tentaré a Yahveh.»
13 Dijo Isaías: «Oíd, pues, casa de David: ¿Os parece poco cansar a
los hombres, que cansáis también a mi Dios?
14 Pues bien, el Señor mismo va a daros una señal: He aquí que
una doncella está encinta y va a dar a luz un hijo, y le pondrá por
nombre Emmanuel.
15 Cuajada y miel comerá hasta que sepa rehusar lo malo y elegir
lo bueno.
16 Porque antes que sepa el niño rehusar lo malo y elegir lo
bueno, será abandonado el territorio cuyos dos reyes te dan miedo.
17 Yahveh atraerá sobre ti y sobre tu pueblo y sobre la casa de
tu padre, días cuales no los hubo desde aquel en que se apartó Efraím
de Judá (el rey de Asur).
18 Aquel día silbará Yahveh al enjambre que hay en los confines
de los ríos de Egipto, y a las abejas que hay en tierra de Asur;
19 vendrán y se posarán todas ellas en las quebradas, en los
resquicios de las peñas, en todas las corrientes y en todos los
arroyos.
20 Aquel día repará el Señor con navaja alquilada allende el Río,
con el rey de Asur, la cabeza y el vello de las piernas y también la
barba afeitará,
21 Aquel día criará cada uno una novilla y un par de ovejas.
22 Y así de tanto dar leche, comerá cuajada, porque «cuajada y
miel comerá todo el que quedare dentro del país».
23 Aquel día, cualquier lugar donde antes hubo mil cepas por valor de
mil piezas de plata, será de la zarza y el abrojo.
24 Con flechas y arco se entrará allí, pues zarza y abrojo será
toda la tierra,
25 y en ninguno de los montes que se desbrozan con la azada se
podrá entrar por temor de las zarzas y abrojos; será dehesa de bueyes
y pastizal de ovejas.»
8
1 Yahveh me dijo: «Toma una placa grande, escribe en ella con
buril: de Maher Salal Jas Baz,
2 y toma por fieles testigos míos al sacerdote Urías y a Zacarías,
hijo de Baraquías.»
3 Me acerqué a la profetisa, que concibió y dio a luz un hijo, Yahveh
me dijo: «Llámale Maher Salal Jas Baz,
4 pues antes que sepa el niño decir "papá" y "mamá",
la riqueza de Damasco y el botín de Samaría serán llevados ante el
rey de Asur.»
5 Volvió Yahveh a hablarme de nuevo:
6 «Porque ha rehusado ese pueblo las aguas de Siloé que van de
vagar y se ha desmoralizado ante Rasón y el hijo de Remalías,
7 por lo mismo, he aquí que el Señor hace subir contra ellos las
aguas del Río embravecidas y copiosas. Desbordará por todos sus
cauces, (el rey de Asur y todo su esplendor) invadirá todas sus
riberas.
8 Seguirá por Judá anegando a su paso, hasta llegar al cuello. Y
la envergadura de sus alas abarcará la anchura de tu tierra, Emmanuel.
9 Sabedlo, pueblos: seréis destrozados; escuchad, confines todos
de la tierra; en guardia: seréis destrozados; en guardia: seréis
destrozados.
10 Trazad un plan: fracasará. Decid una palabra: no se cumplirá.
Porque con nosotros está Dios.
11 Pues así me ha dicho Yahveh cuando me tomó de la mano y me
apartó de seguir por el camino de ese pueblo:
12 No llaméis conspiración a lo que ese pueblo llama conspiración,
ni temáis ni tembléis de lo que él teme.
13 A Yahveh Sebaot, a ése tened por santo, sea él vuestro temor y él
vuestro temblor.
14 Será un santuario y piedra de tropiezo y peña de escándalo
para entrambas Casas de Israel; lazo y trampa para los moradores de
Jerusalén.
15 Allí tropezarán muchos, caerán, se estrellarán y serán
atrapados y presos.
16 Envuelve el testimonio, sella la enseñanza entre mis discípulos.
17 Aguardaré por Yahveh, el que vela su faz de la casa de Jacob,
y esperaré por él.
18 Aquí estamos yo y los hijos que me ha dado Yahveh, por señales
y pruebas en Israel, de parte de Yahveh Sebaot, el que reside en el
monte Sión.
19 Y cuando os dijeren: «Consultad a los nigromantes y a los
adivinos que bisbisean y murmujean; ¿es que no consulta un pueblo a sus
dioses, por los vivos a los muertos?»:
20 en pro de la enseñanza y el testimonio ¡Vaya si dirán cosa
tal! Lo que no tiene provecho.
21 Pasará por allí lacerado y hambriento, y así que le dé el
hambre, se enojará y faltará a su rey y a su Dios. Volverá el rostro
a lo alto,
22 la tierra oteará, y sólo habrá cerrazón y negrura,
lobreguez prieta y tiniebla espesa.
23 Pues, ¿no hay lobreguez para quien tiene apretura? Como el tiempo
primero ultrajó a la tierra de Zabulón y a la tierra de Neftalí, así
el postrero honró el camino del mar, allende el Jordán, el distrito de
los Gentiles.
9
1 El pueblo que andaba a oscuras
2 vio una luz grande. Los que vivían en tierra de sombras, una
luz brilló sobre ellos. Acrecentaste el regocijo, hiciste grande la
alegría. Alegría por tu presencia, cual la alegría en la siega, como
se regocijan repartiendo botín.
3 Porque el yugo que les pesaba y la pinga de su hombro - la vara de su
tirano - has roto, como el día de Madián.
4 Porque toda bota que taconea con ruido, y el manto rebozado en
sangre serán para la quema, pasto del fuego.
5 Porque una criatura nos ha nacido, un hijo se nos ha dado. Estará
el señorío sobre su hombro, y se llamará su nombre «Maravilla de
Consejero», «Dios Fuerte», «Siempre Padre», «Príncipe de Paz».
6 Grande es su señorío y la paz no tendrá fin sobre el trono de
David y sobre su reino, para restaurarlo y consolidarlo por la equidad y
la justicia, Desde ahora y hasta siempre, el celo de Yahveh Sebaot hará
eso.
7 Una palabra ha proferido el Señor en Jacob, y ha caído en
Israel.
8 Sabedla, pueblo todo, Efraím y los habitantes de Samaría, los
que con arrogancia y engreimiento dicen:
9 «Los ladrillos han caído, pero de sillar edificaremos; los sicómoros
fueron talados, pero por cedros los cambiaremos.»
10 Pues bien, Yahveh ha dado ventaja a su adversario, Rasón, y
azuzó a sus enemigos:
11 Aram por delante y los filisteos por detrás, devoraron a
Israel a boca llena. Con todo eso no se ha calmado su ira, y aún sigue
su mano extendida.
12 Pero el pueblo no se volvió hacia el que le castigaba, no
buscaron a Yahveh Sebaot.
13 Por eso ha cercenado Yahveh a Israel cabeza y cola, palmera y junco,
en un mismo día.
14 El anciano y honorable es la cabeza, y el profeta impostor es
la cola.
15 Los directores de este pueblo han resultado desviadores, y sus
dirigidos, extraviados.
16 Por eso, de sus jóvenes no se apiadará el Señor, con sus huérfanos
y viudas no tendrá misericordia, pues todos son impíos y malvados, y
toda boca profiere majadería Con todo eso no se ha calmado su ira, y aún
sigue su mano extendida.
17 Porque ha ardido como fuego la maldad, zarza y espino devora, y
va a prender en las espesuras del bosque: ya se estiran en columna de
humo.
18 Por el arrebato de Yahveh la tierra ha sido quemada, y es el
pueblo como pasto de fuego; nadie tiene piedad de su hermano,
19 Corta a diestra y queda con hambre, come a siniestra y no se
sacia; cada uno se come la carne de su brazo.
20 Manasés devora a Efraím Efraím a Manasés, y ambos a una van
contra Judá. Con todo eso no se ha calmado su ira, y aún sigue su mano
extendida.
10
1 ¡Ay! los que decretan decretos inicuos, y los escribientes
que escriben vejaciones,
2 excluyendo del juicio a los débiles, atropellando el derecho de
los míseros de mi pueblo, haciendo de las viudas su botín, y
despojando a los huérfanos.
3 Pues ¿qué haréis para el día de la cuenta y la devastación que de
lontananza viene? ¿a quién acudiréis para pedir socorro? ¿dónde
dejaréis vuestra gravedad?
4 Con tal de no arrodillarse entre los prisioneros, entre los
muertos caerían. Con todo eso no se ha calmado su ira, y aún sigue su
mano extendida.
5 ¡Ay, Asur, bastón de mi ira, vara que mi furor maneja!
6 Contra gente impía voy a guiarlo, contra el pueblo de mi cólera
voy a mandarlo, a saquear saqueo y pillar pillaje, y hacer que lo pateen
como el lodo de las calles.
7 Pero él no se lo figura así, ni su corazón así lo estima,
sino que su intención es arrasar y exterminar gentes no pocas.
8 Pues dice: «¿No son mis jefes todos ellos reyes?
9 ¿No es Kalnó como Karkemis? ¿No es Jamat como Arpad? ¿No es
Samaría como Damasco?
10 Como alcanzó mi mano a los reinos de los ídolos - cuyas
estatuas eran más que las de Jerusalén y Samaría -
11 como hice con Samaría y sus ídolos, ¿no haré asimismo con
Jerusalén y sus simulacros?»
12 Pues bien, cuando hubiere dado remate el Señor a todas sus
empresas en el monte Sión y en Jerusalén, pasará revista al fruto del
engreimiento del rey de Asur y al orgullo altivo de sus ojos.
13 Porque dijo: «Con el poder de mi mano lo hice, y con mi sabiduría,
porque soy inteligente, he borrado las fronteras de los pueblos, sus
almacenes he saqueado, y he abatido como un fuerte a sus habitantes.
14 Como un nido ha alcanzado mi mano la riqueza de los pueblos, y
como se recogen huevos abandonados, he recogido yo toda la tierra, y no
hubo quien aleteara ni abriera el pico ni piara.»
15 ¿Acaso se jacta el hacha frente al que corta con ella? ¿o se
tiene por más grande la sierra que el que la blande? ¡como si la vara
moviera al que la levanta! ¡como si a quien no es madera el bastón
alzara!
16 Por eso enviará Yahveh Sebaot entre sus bien comidos,
enflaquecimiento, y, debajo de su opulencia, encenderá un incendio como
de fuego.
17 La luz de Israel vendrá a ser fuego, y su Santo, llama; arderá
y devorará su espino y su zarza en un solo día,
18 y el esplendor de su bosque y de su vergel en alma y en cuerpo
será consumido: será como el languidecer de un enfermo.
19 Lo que quede de los árboles de su bosque será tan poco, que
un niño los podrá contar.
20 Aquel día no volverán ya el resto de Israel y los bien
librados de la casa de Jacob a apoyarse en el que los hiere, sino que se
apoyarán con firmeza en Yahveh.
21 Un resto volverá, el resto de Jacob, al Dios poderoso.
22 Que aunque sea tu pueblo, Israel, como la arena del mar, sólo
un resto de él volverá. Exterminio decidido, rebosante de justicia.
23 Porque es un exterminio decidido lo que Yahveh Sebaot realizará en
medio de toda la tierra.
24 Por tanto, así dice el Señor Yahveh Sebaot: «No temas,
pueblo mío que moras en Sión, a Asur que con la vara te da golpes y su
bastón levanta contra ti (en el camino de Egipto).
25 Porque un poquito más y se habrá consumado el furor, y mi ira
los consumirá.»
26 Despertará contra él Yahveh Sebaot un azote, como cuando la
derrota de Madián en la peña de Horeb, o cuando levantó su bastón
contra el mar en el camino de Egipto.
27 Aquel día te quitará su carga de encima del hombro y su yugo
de sobre tu cerviz será arrancado. Y el yugo será destruido (...)
28 Vino sobre Ayyat, pasó por Migrón, en Mikmás pasó revista.
29 Han pasado el Vado: «Haremos noche en Gueba.» Temblaba Ramá,
Guibeá de Saúl huía.
30 ¡Da gritos de júbilo, Bat Gallim, escucha Laisa! ¡Respóndele,
Anatot!
31 Se desbandó Madmená. Los habitantes de Guebim se han puesto a
salvo.
32 Hoy mismo en Nob haciendo alto menea su mano contra el Monte de
la hija de Sión, la colina de Jerusalén.
33 He aquí que el Señor Yahveh Sebaot sacude el ramaje con estrépito;
las guías más altas están partidas y las elevadas van a caer.
34 Golpeará las espesuras del bosque con el hierro, y por los
golpes de un Poderoso, caerá.
11
1 Saldrá un vástago del tronco de Jesé, y un retoño de sus
raíces brotará.
2 Reposará sobre él el espíritu de Yahveh: espíritu de sabiduría
e inteligencia, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y
temor de Yahveh.
3 Y le inspirará en el temor de Yahveh. No juzgará por las
apariencias, ni sentenciará de oídas.
4 Juzgará con justicia a los débiles, y sentenciará con
rectitud a los pobres de la tierra. Herirá al hombre cruel con la vara
de su boca, con el soplo de sus labios matará al malvado.
5 Justicia será el ceñidor de su cintura, verdad el cinturón de
sus flancos.
6 Serán vecinos el lobo y el cordero, y el leopardo se echará
con el cabrito, el novillo y el cachorro pacerán juntos, y un niño
pequeño los conducirá.
7 La vaca y la osa pacerán, juntas acostarán sus crías, el león,
como los bueyes, comerá paja.
8 Hurgará el niño de pecho en el agujero del áspid, y en la
hura de la víbora el recién destetado meterá la mano.
9 Nadie hará daño, nadie hará mal en todo mi santo Monte,
porque la tierra estará llena de conocimiento de Yahveh, como cubren
las aguas el mar.
10 Aquel día la raíz de Jesé que estará enhiesta para
estandarte de pueblos, las gentes la buscarán, y su morada será
gloriosa.
11 Aquel día volverá el Señor a mostrar su mano para recobrar
el resto de su pueblo que haya quedado de Asur y de Egipto, de Patrós,
de Kus, de Elam, de Senaar, de Jamat y de las islas del mar.
12 Izará bandera a los gentiles, reunirá a los dispersos de
Israel, y a los desperdigados de Judá agrupará de los cuatro puntos
cardinales.
13 Cesará la envidia de Efraím, y los opresores de Judá serán
exterminados. Efraím no envidiará a Judá y Judá no oprimirá a Efraím.
14 Ellos se lanzarán sobre la espalda de Filistea Marítima, a
una saquearán a los hijos de Oriente. Edom y Moab bajo el dominio de su
mano, y los ammonitas bajo su obediencia.
15 Secará Yahveh el golfo del mar de Egipto y agitará su mano
contra el Río. Con la violencia de su soplo lo partirá en siete
arroyos, y hará posible pasarlo en sandalias;
16 habrá un camino real para el resto de su pueblo que haya
sobrevivido de Asur, como lo hubo para Israel, cuando subió del país
de Egipto.
12
1 Y dirás aquel día: «Yo te alabo, Yahveh, pues aunque te
airaste contra mí, se ha calmado tu ira y me has compadecido.
2 He aquí a Dios mi Salvador: estoy seguro y sin miedo, pues
Yahveh es mi fuerza y mi canción, él es mi salvación,»
3 Sacaréis agua con gozo de los hontanares de salvación.»
4 y diréis aquel día: «Dad gracias a Yahveh, aclamad su nombre,
divulgad entre los pueblos sus hazañas, pregonad que es sublime su
nombre.
5 Cantad a Yahveh, porque ha hecho algo sublime, que es digno de
saberse en toda la tierra.
6 Dad gritos de gozo y de júbilo, moradores de Sión, que grande
es en medio de ti el Santo de Israel.»
13
1 Oráculo contra Babilonia, que contempló Isaías, hijo de Amós.
2 Sobre el monte pelado izad la bandera, levantad la voz a ellos,
agitad la mano y que entren por las puertas de los nobles.
3 Yo he mandado a mis consagrados y también he llamado a mis valientes,
para ejecutar mi ira a mis gallardos.
4 ¡Ruido estruendoso en los montes, como de mucha gente! ¡Ruido
estrepitoso de reinos, naciones reunidas! Yahveh Sebaot pasa revista a
su tropa de combate.
5 Vienen de tierra lejana, del cabo de los cielos, Yahveh y los
instrumentos de su enojo para arrasar toda la tierra.
6 Ululad, que cercano está el Día de Yahveh, como la destrucción
de Sadday viene.
7 Por eso todos los brazos decaen y todo corazón humano se
derrite.
8 Se empavorecen, angustias y apuros les sobrecogen, cual
parturienta se duelen. Cada cual se asusta de su prójimo. Son los suyos
rostros llameantes.
9 He aquí que el Día de Yahveh viene implacable, el arrebato, el
ardor de su ira, a convertir la tierra en yermo y exterminar de ella a
los pecadores.
10 Cuando las estrellas del cielo y la constelación de Orión no
alumbren ya, esté oscurecido el sol en su salida y no brille la luz de
la luna,
11 pasaré revista al orbe por su malicia y a los malvados por su
culpa. Haré cesar la arrogancia de los insolentes, y la soberbia de los
desmandados humillaré.
12 Haré que el hombre sea más escaso que el oro fino, y la
humanidad más que metal de Ofir.
13 Por eso haré temblar los cielos, y se removerá la tierra de su
sitio, en el arrebato de Yahveh Sebaot, en el día de su ira hirviente.
14 Será como gacela acosada, como ovejas cuando no hay quien las
reúna: cada uno enfilará hacia su pueblo, cada uno huirá hacia su
tierra.
15 Todo el que fuere descubierto será traspasado, y todo el que
fuere apresado caerá por la espada.
16 Sus párvulos serán estrellados ante sus ojos, serán
saqueadas sus casas, y sus mujeres violadas.
17 He aquí que yo despierto contra ellos a los medos, que no
estiman la plata, ni desean el oro.
18 Machacarán a todos sus muchachos, estrellarán a todas sus
muchachas, del fruto del vientre no se apiadarán ni de las criaturas
tendrán lástima sus ojos.
19 Babilonia, la flor de los reinos, prez y orgullo de Caldea, será
semejante a Sodoma y Gomorra, destruidas por Dios.
20 No será habitada jamás ni poblada en generaciones y
generaciones, ni pondrá tienda allí el árabe, ni pastores apacentarán
allí.
21 Allí tendrán aprisco bestias del desierto y se llenarán sus
casas de mochuelos. Allí morarán las avestruces y los sátiros brincarán
allí.
22 Se responderán las hienas en sus alcázares y los chacales en
sus palacios de recreo. Su hora está para llegar y sus días no tendrán
prórroga.
14
1 Cuando se compadezca Yahveh de Jacob y prefiera todavía a
Israel, los afincará en el solar de ellos, y se les juntarán
forasteros, que serán incorporados a la casa de Jacob.
2 Tomarán a otros pueblos y, llevándoselos a su lugar, se los
apropiará la casa de Israel sobre el solar de Yahveh como esclavos y
esclavas. Harán cautivos a sus cautivadores, y dominarán sobre sus
tiranos.
3 Entonces, cuando te haya calmado Yahveh de tu disgusto y tu desazón y
de la dura servidumbre a que fuiste sometido,
4 dirigirás esta sátira al rey de Babilonia. Dirás: ¡Cómo ha
acabado el tirano, cómo ha cesado su arrogancia!
5 Ha quebrado Yahveh la vara de los malvados, el bastón de los déspotas,
6 que golpeaba a los pueblos con saña golpes sin parar, que
dominaba con ira a las naciones acosándolas sin tregua.
7 Está tranquila y quieta la tierra toda, prorrumpe en
aclamaciones.
8 Hasta los cipreses se alegran por ti, los cedros del Líbano: «Desde
que tú has caído en paz, no sube el talador a nosotros.»
9 El seol, allá abajo, se estremeció por ti saliéndote al
encuentro; por ti despierta a las sombras, a todos los jerifaltes de la
tierra; hace levantarse de sus tronos a los reyes de todas las naciones.
10 Todos ellos responden y te dicen: «¡También tú te has
vuelto débil como nosotros, y a nosotros eres semejante!
11 Ha sido precipitada al seol tu arrogancia al son de tus cítaras.
Tienes bajo ti una cama de gusanos, tus mantas son gusanera.
12 ¡Cómo has caído de los cielos, Lucero, hijo de la Aurora! ¡Has
sido abatido a tierra, dominador de naciones!
13 Tú que habías dicho en tu corazón: «Al cielo voy a subir, por
encima de las estrellas de Dios alzaré mi trono, y me sentaré en el
Monte de la Reunión, en el extremo norte.
14 Subiré a las alturas del nublado, me asemejaré al Altísimo.
15 ¡Ya!: al seol has sido precipitado, a lo más hondo del pozo.»
16 Los que te ven, en ti se fijan; te miran con atención: «¿Ese
es aquél, el que hacía estremecer la tierra, el que hacía temblar los
reinos,
17 el que puso el orbe como un desierto, y asoló sus ciudades, el
que a sus prisioneros no abría la cárcel?»
18 Todos los reyes de las naciones, todos ellos yacen con honor,
cada uno en su morada.
19 Pero tú has sido arrojado fuera de tu sepulcro, como un brote
abominable, recubierto de muertos acuchillados, arrojados sobre las
piedras de la fosa, como cadáver pisoteado.
20 No tendrás con ellos sepultura, porque tu tierra has
destruido, a tu pueblo has asesinado. No se nombrará jamás la
descendencia de los malhechores.
21 Preparad a sus hijos degollina por la culpa de sus padres: no
sea que se levanten y se apoderen de la tierra, y llenen de ciudades la
haz del orbe.
22 Yo me alzaré contra ellos - oráculo de Yahveh Sebaot - y
suprimiré en Babilonia el nombre y resto, hijos y nietos - oráculo de
Yahveh.
23 La convertiré en patrimonio de erizos y tierra pantanosa, la barreré
con escoba exterminadora - oráculo de Yahveh Sebaot.
24 Ha jurado Yahveh Sebaot diciendo: «Tal como lo había ideado,
así fue. Y como lo planeé, así se cumplirá:
25 Quebrantaré a Asur en mi tierra, sobre mis montes le pisotearé.
Se apartará su yugo de sobre ellos, su fardo de sobre sus hombros se
apartará.»
26 Este es el plan tocante a toda la tierra, y ésta la mano
extendida sobre las naciones.
27 Si Yahveh Sebaot toma una decisión, ¿quién la frustrará? Si
él extiende su mano, ¿quién se la hará retirar?
28 El año en que murió el rey Ajaz hubo esta oráculo:
29 No te alegres, Filistea toda, porque se haya quebrado la vara
del que te hería; pues de raíz de culebra saldrá víbora, y su fruto
será dragón volador.
30 Los débiles pacerán en mis pastos y los pobres en seguro se
acostarán, mientras que haré morir de hambre tu posteridad, y mataré
lo que de ti reste
31 ¡Ulula, puerta! ¡grita, ciudad! ¡derrítete, Filistea toda,
que del norte una humareda viene, y nadie deserta en sus columnas!
32 ¿Y qué se responderá a los mensajeros de esa gente?: «Que
Yahveh fundó a Sión, y en ella se refugiarán los pobres de su pueblo.»
15
1 Oráculo sobre Moab. Porque de noche ha sido saqueada, Ar
Moab ha perecido Porque de noche ha sido saqueada, Quir Moab ha
perecido.
2 Subía la hija de Dibbón a los oteros llorando: sobre el Nebo y
sobre Medba Moab ulula. En todas sus cabezas, calvicie; toda barba, raída.
3 En sus calles se han ceñido sayal, sobre sus azoteas y en sus plazas
todo el mundo ulula, baja llorando.
4 Gritaban Jesbón y Elalé, hasta Yahas se oía su voz. Por eso
los guerreros de Moab tiemblan, su alma le tiembla dentro.
5 Su corazón por Moab clama, sus fugitivos van hasta Soar (Eglat
Selisiyyá). ¡La cuesta de Lujit la suben llorando, y por el camino de
Joronáyim dan gritos desgarrados!
6 ¡Las aguas de Nimrim son un sequedal, y se ha secado la hierba,
se agostó el césped, no hay verdor!
7 Por eso hicieron ahorros... y sus reservas allende el arroyo de
los Sauces se las llevan.
8 ¡Los gritos han rodeado las fronteras de Moab; hasta Egláyim
llega su ulular, en Beer Elim su ulular!
9 ¡Las aguas de Dimón van llenas de sangre! ¡Aún más añadiré
sobre Dimón! ¡Contra los escapados de Moab, y contra los que queden en
su suelo un león!
16
1 Enviad corderos al señor del país desde la Roca del
Desierto al monte de la hija de Sión.
2 Como aves espantadas, nidada dispersa, serán las hijas de Moab
cabe los vados del Arnón.
3 Presenta algún plan, toma una decisión. Haz tu sombra como la noche
en pleno mediodía; esconde a los acosados, al fugitivo no delates.
4 Acójanse en ti los acosados de Moab; sé para ellos cobijo ante
el devastador. Cuando no queden tiranos, acabe la devastación, y
desaparezcan del país los opresores,
5 será establecido sobre la piedad el trono, y se sentará en él
con lealtad - en la tienda de David - un juez que busque el derecho, y
sea presto a la justicia.
6 Hemos oído la arrogancia de Moab: ¡una gran arrogancia! Su
altanería, su arrogancia y su furor y sus bravatas sin fuerza.
7 Por eso, que ulule Moab por Moab; ulule todo él. Por los panes
de uvas de Quir Jaréset gimen: «¡Ay, abatidos!»
8 Pues la campiña de Jesbón se ha marchitado, el viñedo de Sibmá,
cuyas cepas majaron los señores de las gentes. Hasta Yazer alcanzaban,
se perdían por el desierto, sus frondas se extendían, pasaban la mar.
9 Por eso voy a llorar como llora Yazer, viña de Sibmá. Te regaré
con mis lágrimas, Jesbón y Elalé, porque sobre tu cosecha y sobre tu
segada se ha extinguido el clamor,
10 y se retira del vergel alegría y alborozo, y en las viñas no
se lanzan cantos de júbilo, ni gritos. Vino en los lagares no pisa el
pisador: el clamor ha cesado.
11 Por eso mis entrañas por Moab como el arpa resuenan, y mi
interior por Quir Jeres.
12 Luego, cuando vea Moab que se cansa sobre el alto, entrará a
su santuario a orar, pero nada podrá.
13 Esta es la palabra que en un tiempo pronunció Yahveh acerca de Moab.
14 Y ahora ha hablado Yahveh diciendo: «Dentro de tres años,
como años de jornalero, será despreciada la gloria de Moab con toda su
numerosa muchedumbre, y el resto será pequeñísimo, insignificante.»
17
1 Oráculo contra Damasco. He aquí que Damasco deja de ser
ciudad, y va a ser montón de derribo.
2 Abandonadas sus ciudades para siempre, serán para los ganados;
se acostarán allí y no habrá quien los espante.
3 Dejará de existir el baluarte de Efraím y el reinado de Damasco, y
el resto de Aram vendrá a ser como la gloria de los israelitas - oráculo
de Yahveh Sebaot -.
4 Aquel día, será debilitada la gloria de Jacob, y su gordura
enflaquecerá.
5 Será como cuando apuña un segador la mies, y su brazo las
espigas siega; será como espigador en el valle de Refaím,
6 - que quedan en él rebuscos -; como en el vareo del olivo: dos,
tres bayas en la punta de la guía; cuatro, cinco en sus ramas fructíferas
- oráculo de Yahveh, el Dios de Israel -.
7 Aquel día se dirigirá el hombre a su Hacedor, y sus ojos hacia
el Santo de Israel mirarán.
8 No se fijará en los altares, obras de sus manos, ni lo que
hicieron sus dedos mirará: los cipos y las estelas solares.
9 Aquel día estarán tus ciudades abandonadas, como cuando el
abandono de los bosques y matorrales, ante los hijos de Israel: habrá
desolación.
10 Porque olvidaste a Dios tu salvador, y de la Roca de tu
fortaleza no te acordaste. Por eso plantabas plantíos deleitosos, y de
mugrón extranjero los sembraste.
11 Hoy tu plantío veías crecer, y florecer desde la mañana tu
simiente. Pero desaparecerá la mies el día de la enfermedad, y el
dolor será incurable.
12 ¡Ay!, bramar de muchos pueblos, como bramar de mares braman.
Retumbar de naciones que retumban como retumbo de crecidas aguas.
13 (De naciones que retumban como retumbo de crecidas aguas.) Pero él
las increpa, y de lejos huyen, y son perseguidas como el tamo de los
montes por el viento, y como torbellino por el huracán.
14 A la hora del atardecer se presenta el miedo, antes de la mañana
ya no existen. Esea sea la parte de nuestros despojadosres, la suerte de
nuestros saqueadores.
18
1 ¡Ay, tierra de susurro de alas, la de allende los ríos de
Kus,
2 la que envía por mar embajadores, y en barcos de juncos sobre
la haz de las aguas! Id, mensajeros ligeros, a la nación esbelta y de
brillante piel, al pueblo temible desde siempre, nación vigorosa y
dominadora, cuya tierra surcan ríos.
3 Todos los moradores del orbe y habitantes de la tierra, al izarse pendón
en los montes, mirad, al tañerse el cuerno, escuchad;
4 que así me ha dicho Yahveh: Estaré quedo y observaré desde mi
puesto, como calor ardiente al brillar la luz, como nube de rocío en el
calor de la siega.
5 Pues antes de la siega, al acabar la floración, cuando su fruto
en cierne comience a madurar, cortará los sarmientos con la podadera y
los pámpanos viciosos arrancará y podará.
6 Serán dejados juntamente a merced de las aves rapaces de los
montes y de las bestias de la tierra; pasarán allí el verano las
rapaces y toda bestia terrestre allí invernará.
7 En aquel tiempo se presentará un obsequio a Yahveh Sebaot, al
lugar del nombre de Yahveh Sebaot, el monte Sión, de parte de un pueblo
esbelto y de brillante piel, y de parte de un pueblo temible desde
siempre, nación vigorosa y dominadora, cuya tierra surcan ríos.
19
1 Oráculo contra Egipto. Allá va Yahveh cabalgando sobre nube
ligera y entra en Egipto, se tambalean los ídolos de Egipto ante él y
el corazón de Egipto se derrite en su interior.
2 Revolveré a egipcios contra egipcios, peleará cada cual con su
hermano, y cada uno con su compañero, ciudad contra ciudad, reino
contra reino.
3 Se trastornará el espíritu de Egipto en su interior, y sus planes
anularé. Consultarán a los ídolos, a los brujos, a los nigromantes y
los adivinos.
4 Entregaré a Egipto en manos de un señor duro, y un rey cruel
los dominará - oráculo del Señor Yahveh Sebaot -.
5 Se desecarán las aguas del mar, y el Río se secará y quedará
seco; hederán los ríos,
6 menguarán y se secarán los canales de Egipto. La caña y el
junco se marchitarán.
7 Los prados junto al canal, junto al borde del canal, y todo
sembrado del canal se secarán, serán aventados y desaparecerán.
8 Gemirán los pescadores, y se lamentarán todos los que echan en
el canal anzuelo; y los que extienden red sobre las aguas, languidecerán.
9 Estarán confusos los que trabajan el lino, cardadoras y
tejedores palidecerán.
10 Estarán sus tejedores abatidos, todos los jornaleros
desanimados.
11 En verdad, están locos los príncipes de Soán, los sabios
consejeros de Faraón forman un estúpido consejo. ¿Cómo decís a Faraón:
«Hijo de sabios soy, hijo de reyes antiguos?»
12 Pues entonces, ¿dónde están tus sabios? Que te manifiesten,
pues, y te hagan conocer lo que ha planeado Yahveh Sebaot tocante a
Egipto.
13 Han enloquecido los príncipes de Soán, han sido engañados los príncipes
de Nof; los jefes de sus tribus extravían a Egipto.
14 Yahveh ha infundido en ellos espíritu de vértigo que hace dar
tumbos a Egipto en todas sus empresas, como se tambalea el ebrio en su
vomitona.
15 Y no le sale bien a Egipto empresa alguna que haga la cabeza o
la cola, la palmera o el junco.
16 Aquel día será Egipto como las mujeres. Temblará y se
espantará cada vez que Yahveh Sebaot menee su mano contra él.
17 El territorio de Judá será la afrenta de Egipto: cada vez que
se lo mienten, se espantará ante los planes que Yahveh Sebaot está
trazando contra él.
18 Aquel día habrá cinco ciudades en tierra de Egipto que hablarán
la lengua de Canaán y que jurarán por Yahveh Sebaot: Ir Haheres se
llamará una de ellas.
19 Aquel día habrá un altar de Yahveh en medio del país de
Egipto y una estela de Yahveh junto a su frontera.
20 Estará como señal y testimonio de Yahveh Sebaot en el país
de Egipto. Cuando clamen a Yahveh a causa de los opresores, les enviará
un libertador que los defenderá y librará.
21 Será conocido Yahveh de Egipto, y conocerá Egipto a Yahveh
aquel día, le servirán con sacrificio y ofrenda, harán votos a Yahveh
y los cumplirán.
22 Yahveh herirá a Egipto, pero al punto le curará. Se convertirán
a Yahveh, y él será propicio y los curará.
23 Aquel día habrá una calzada desde Egipto a Asiria. Vendrá Asur a
Egipto y Egipto a Asiria, y Egipto servirá a Asur.
24 Aquel día será Israel tercero con Egipto y Asur, objeto de
bendición en medio de la tierra,
25 pues le bendecirá Yahveh Sebaot diciendo: «Bendito sea mi
pueblo Egipto, la obra de mis manos Asur, y mi heredad Israel.»
20
1 El año en que vino el copero mayor a Asdod - cuando le envió
Sargón, rey de Asur, y atacó a Asdod y la tomó -,
2 en aquella sazón habló Yahveh por medio de Isaías, hijo de Amós,
en estos términos: «Ve y desata el sayal de tu cintura, y quítate las
sandalias de los pies.» El lo hizo así, y anduvo desnudo y descalzo.
3 Dijo Yahveh: «Así como ha andado mi siervo Isaías desnudo y
descalzo tres años como señal y presagio respecto a Egipto y Kus,
4 así conducirá el rey de Asur a los cautivos de Egipto y a los
deportados de Kus, mozos y viejos, desnudos, descalzos y nalgas al aire
- desnudez de Egipto.
5 Se quedarán asustados y confusos por Kus, su esperanza, y por
Egipto, su prez.
6 Y dirán los habitantes de esta costa aquel día: «Ahí tenéis
en qué ha parado la esperanza nuestra, adonde acudíamos en busca de
auxilio para librarnos del rey de Asur. Pues ¿cómo nos escaparemos
nosotros?
21
1 Oráculo sobre el Desierto Marítimo. Como torbellinos
pasando por el Négueb vienen del desierto, del país temible.
2 Una visión dura me ha sido mostrada: El saqueador saquea y el
devastador devasta. Sube Elam; asedia, Media. He hecho cesar todo
suspiro.
3 Por eso mis riñones se han llenado de espanto. En mí hacen presa
dolores, como dolores de parturienta. Estoy pasmado sin poder oír, me
estremezco sin ver.
4 He perdido el sentido, escalofríos me sobrecogen. El crepúsculo
de mis anhelos se me convierte en sobresalto.
5 Se prepara la mesa, se despliega el mantel, se come y se bebe. -
¡Levantaos, jefes, engrasad el escudo!
6 Pues así me ha dicho el Señor: «Anda, pon un vigía que vea y
avise.
7 Cuando vea carros, troncos de caballos, jinetes en burro,
jinetes en camello, preste atención, mucha atención.»
8 Y exclamó el vigía: «Sobre la atalaya, mi señor, estoy firme
a lo largo del día, y en mi puesto de guardia estoy firme noches
enteras.
9 Pues bien: por ahí vienen jinetes, troncos de caballos.»
Replicó y dijo: «¡Cayó, cayó Babilonia, y todas las estatuas de sus
dioses se han estrellado contra el suelo!»
10 Trilla mía y parva de mi era: lo que he oído de parte de
Yahveh Sebaot, Dios de Israel, os lo he anunciado.
11 Oráculo sobre Duma. Alguien me grita desde Seír: «Centinela,
¿qué hay de la noche? centinela, ¿qué hay de la noche?»
12 Dice el centinela: «Se hizo de mañana y también de noche. Si
queréis preguntar, volveos, venid.»
13 Oráculo en la estepa. En el bosque, en la estepa, haced noche,
caravanas de dedanitas.
14 Al encuentro del sediento llevad agua, habitantes del país de
Temá; salid con pan al encuentro del fugitivo.
15 Pues de las espadas huyen, de la espada desnuda, del arco
tendido, de la pesadumbre de la guerra.
16 Pues así me ha dicho el Señor: «Al cabo de un año como año
de jornalero se habrá consumido toda la gloria de Quedar.
17 Del resto de los arqueros, de los paladines, de los bravos de
los hijos de Quedar, quedarán pocos, porque Yahveh, Dios de Israel, lo
ha dicho.»
22
1 Oráculo contra el valle de la Visión. ¿Qué tienes ahora,
que has subido en pleno a las azoteas,
2 de rumores henchida, ciudad alborotada, villa bullanguera? Tus
caídos no son caídos a espada ni muertos en guerra.
3 Todos sus jefes huyeron a una: del arco escapaban. Todos tus valientes
fueron apresados a una: lejos huían.
4 Por eso he dicho: «¡Apartaos de mí! Voy a llorar amargamente.
No os empeñéis en consolarme por la devastación de la hija de mi
pueblo.»
5 Porque es día de perturbación, de extravío y de aplastamiento
para el Señor Yahveh Sebaot. En el valle de la Visión se zapa un muro
y el grito de socorro llega a la montaña,
6 Elam lleva el carcaj, Aram monta a caballo, Quir desnuda el
escudo.
7 Tus mejores valles se vieron llenos de carros, y los de a
caballo formaron frente a la puerta.
8 Entonces cayó la defensa de Judá. Contemplasteis aquel día el
arsenal de la Casa del Bosque.
9 Y las brechas de la ciudad de David visteis que eran muchas, y
reunisteis las aguas de la alberca inferior.
10 Las casas de Jerusalén contasteis, y demolisteis casas para
fortificar la muralla.
11 Un estanque hicisteis entre ambos muros para las aguas de la
alberca vieja; pero no os fijasteis en su Hacedor, al que desde antiguo
lo ideó de lejos no le visteis.
12 Llamaba el Señor Yahveh Sebaot aquel día a lloro y a lamento
y a raparse y ceñirse de sayal,
13 mas lo que hubo fue jolgorio y alegría, matanza de bueyes y degüello
de ovejas, comer carne y beber vino: «¡Comamos y bebamos, que mañana
moriremos!»
14 Entonces me reveló al oído Yahveh Sebaot: «No será expiada
esa culpa hasta que muráis» - ha dicho el Señor Yahveh Sebaot -.
15 Así dice el Señor Yahveh Sebaot: Preséntate al mayordomo, a
Sebná, encargado del palacio,
16 el que labra en alto su tumba, el que se talla en la peña una
morada: «¿Qué es tuyo aquí y a quién tienes aquí, que te has
labrado aquí una tumba?»
17 He aquí que Yahveh te hace rebotar, hombre, y te vuelve a
agarrar.
18 Te enrolla en ovillo, como una pelota en tierra de amplios
espacios. Allí morirás, y allí irán tus carrozas gloriosas, vergüenza
del palacio de tu señor.
19 Te empujaré de tu peana y de tu pedestal te apearé.
20 Aquel día llamaré a mi siervo Elyaquim, hijo de Jilquías.
21 Le revestiré de tu túnica, con tu fajín le sujetaré, tu
autoridad pondré en su mano, y será él un padre para los habitantes
de Jerusalén y para la casa de Judá.
22 Pondré la llave de la casa de David sobre su hombro; abrirá,
y nadie cerrará, cerrará, y nadie abrirá.
23 Le hincaré como clavija en lugar seguro, y será trono de gloria
para la casa de su padre.
24 Colgarán allí todo lo de valor de la casa de su padre - sus
descendientes y su posteridad -, todo el ajuar menudo, todas las tazas y
cántaros.
25 Aquel día - oráculo de Yahveh Sebaot - se removerá la
clavija hincada en sitio seguro, cederá y caerá, y se hará añicos el
peso que sostenía, porque Yahveh ha hablado.
23
1 Oráculo sobre Tiro. Ululad, naves de Tarsis, porque ha sido
destruida vuestra fortaleza. De vuelta del país de Kittim les ha sido
descubierto.
2 Quedad mudos, habitantes de la costa, mercaderes de Sidón,
cuyos viajantes atravesaban el mar
3 por las aguas inmensas. La siembra del canal, la siega del Nilo, era
su riqueza, y ella era el mercado de las naciones.
4 Avergüénzate, Sidón, porque ha dicho la mar: «No tuve
dolores ni di a luz, ni crié mancebos, ni eduqué doncellas.»
5 En cuanto se oiga la nueva en Egipto, se dolerán de las nuevas
de Tiro.
6 Pasad a Tarsis, ululad, habitantes de la costa:
7 ¿Es ése vuestro emporio arrogante, de remota antigüedad,
cuyos pies le llevaron lejos en sus andanzas?
8 ¿Quién ha planeado esto conta Tiro, la coronada cuyos
comerciantes eran príncipes, cuyos traficantes eran nobles de la
tierra?
9 Es Yahveh Sebaot quien ha planeado profanar el orgullo de toda
su magnificencia y envilecer a todos los nobles de la tierra.
10 Cultiva tu tierra, hija de Tarsis: no hay puerto ya.
11 Su mano extendió él sobre la mar, hizo estremecer los reinos.
Yahveh mandó respecto a Canaán, demoler sus castillos,
12 y dijo: No vuelvas más a rebullir, doncella oprimida, hija de
Sidón. Levántate y vete a Kittim, que tampoco allí tendrás reposo.
13 Ahí tienes la tierra de los caldeos; no eran un pueblo; Asur la fundó
para las bestias del desierto. Levantaron torres de asalto, demolieron
sus alcázares, la convirtieron en ruinas.
14 Ululad, naves de Tarsis, porque ha sido destruida vuestra
fortaleza.
15 Aquel día quedará en olvido Tiro durante setenta años. En
los días de otro rey, al cabo de setenta años, le sucederá a Tiro
como en la canción de la ramera:
16 «Toma el arpa, rodea la ciudad, ramera olvidada: tócala bien,
canta a más y mejor, para que seas recordada.»
17 Bien, al cabo de los setenta años visitará Yahveh a Tiro, y
ella volverá a su ganancia y se prostituirá a todos los reinos de la
tierra sobre la haz de la tierra.
18 Será su mercadería y su ganancia consagrada a Yahveh. No será
atesorada ni almacenada, sino que para los que moren delante de Yahveh
será su mercadería, para comer a saciedad y para cubrirse espléndidamente.
24
1 He aquí que Yahveh estraga la tierra, la despuebla,
trastorna su superficie y dispersa a los habitantes de ella:
2 al pueblo como al sacerdote; al siervo como al señor; a la
criada como a su señora; al que compra como al que vende; al que presta
como al prestatario; al acreedor como a su deudor.
3 Devastada será la tierra y del todo saqueada, porque así ha hablado
Yahveh.
4 En duelo se marchitó la tierra, se amustia, se marchita el
orbe, el cielo con la tierra se marchita.
5 La tierra ha sido profanada bajo sus habitantes, pues
traspasaron las leyes, violaron el precepto, rompieron la alianza
eterna.
6 Por eso una maldición ha devorado la tierra, y tienen la culpa
los que habitan en ella. Por eso han sido consumidos los habitantes de
la tierra, y quedan pocos del linaje humano.
7 El mosto estaba triste, la viña mustia: se trocaron en suspiros
todas las alegrías del corazón.
8 Cesó el alborozo de los tímpanos, suspendióse el estrépito
de los alegres, cesó el alborozo del arpa.
9 No beben vino cantando: amarga el licor a sus bebedores.
10 Ha quedado la villa vacía, ha sido cerrada toda casa, y no se
puede entrar.
11 Se lamentan en las calles por el vino. Desapareció toda alegría,
emigró el alborozo de la tierra.
12 Ha quedado en la ciudad soledad, y de desolación está herida
la puerta.
13 Porque en medio de la tierra, en mitad de los pueblos, pasa como en
el vareo del olivo, como en los rebuscos cuando acaba la vendimia.
14 Ellos levantan su voz y lanzan hurras; la majestad de Yahveh
aclaman desde el mar.
15 Por eso, en Oriente glorificad a Yahveh, en las islas del mar
el nombre de Yahveh, Dios de Israel.
16 Desde el confín de la tierra cánticos hemos oído: «¡Gloria
al justo!» Y digo: «¡Menguado de mí, menguado de mí! ¡Ay de mí, y
de estos malvados que hacen maldad, los maldados que han consumado la
maldad!»
17 ¡Pánico, hoya y trampa contra ti, morador de la tierra!
18 Sucederá que el que escape del pánico, caerá en la hoya, y
el que suba de la hoya, será preso en la trampa. Porque las esclusas de
lo alto han sido abiertas, y se estremecen los cimientos de la tierra,
19 Estalla, estalla la tierra, se hace pedazos la tierra, sacudida
se bambolea la tierra,
20 vacila, vacila la tierra como un beodo, se balancea como una
cabaña; pesa sobre ella su rebeldía, cae, y no volverá a levantarse.
21 Aquel día castigará Yahveh al ejército de lo alto en lo alto
y a los reyes de la tierra en la tierra;
22 serán amontonados en montón los prisioneros en el pozo, serán
encerrados en la cárcel y al cabo de muchos días serán visitados.
23 Se afrentará la luna llena, se avergonzará el pleno sol, cuando
reine Yahveh Sebaot en el monte Sión y en Jerusalén, y esté la Gloria
en presencia de sus ancianos.
25
1 Yahveh, tú eres mi Dios, yo te ensalzo, alabo tu nombre,
porque has hecho maravillas y planes muy de antemano que no fallan.
2 Porque has puesto la ciudad como un majano, y la villa
fortificada, hecha como una ruina; el alcázar de orgullosos no es ya
ciudad, y nunca será reedificado.
3 Por eso te glorificará un pueblo poderoso, villa de gentes despóticas
te temerá.
4 Porque fuiste fortaleza para el débil, fortaleza para el pobre
en su aprieto, parapeto contra el temporal, sombra contra el calor.
Porque el aliento de los déspotas es como lluvia de invierno.
5 Como calor en sequedal humillarás el estrépito de los
poderosos; como el calor a la sombra de una nube, el himno de los déspotas
se debilitará.
6 Hará Yahveh Sebaot a todos los pueblos en este monte un convite
de manjares frescos, convite de buenos vinos: manjares de tuétanos,
vinos depurados;
7 consumirá en este monte el velo que cubre a todos los pueblos y
la cobertura que cubre a todos los gentes;
8 consumirá a la Muerte definitivamente. Enjugará el Señor
Yahveh las lágrimas de todos los rostros, y quitará el oprobio de su
pueblo de sobre toda la tierra, porque Yahveh ha hablado.
9 Se dirá aquel día: «Ahí tenéis a nuestro Dios: esperamos
que nos salve; éste es Yahveh en quien esperábamos; nos regocijamos y
nos alegramos por su salvación.»
10 Porque la mano de Yahveh reposará en este monte, Moab será
aplastado en su sitio como se aplasta la paja en el muladar.
11 Extenderá en medio de él sus manos como las extiende el
nadador al nadar, pero Yahveh abajará su altivez y el esfuerzo de sus
manos.
12 La fortificación inacessible de tus murallas derrocará,
abajará, la hará tocar la tierra, hasta el polvo.
26
1 Aquel día se cantará este cantar en tierra de Judá: «Ciudad
fuerte tenemos; para protección se le han puesto murallas y antemuro.
2 Abrid las puertas, y entrará una gente justa que guarda
fidelidad;
3 de ánimo firme y que conserva la paz, porque en ti confió.
4 Confiad en Yahveh por siempre jamás, porque en Yahveh tenéis
una Roca eterna.
5 Porque él derroca a los habitantes de los altos, a la villa
inacessible; la hace caer, la abaja hasta la tierra, la hace tocar el
polvo;
6 la pisan pies, pies de pobres, pisadas de débiles.»
7 La senda del justo es recta; tú allanas la senda recta del
justo.
8 Pues bien, en la senda de tus juicios te esperamos, Yahveh; tu
nombre y tu recuerdo son el anhelo del alma.
9 Con toda mi alma te anhelo en la noche, y con todo mi espíritu
por la mañana te busco. Porque cuando tú juzgas a la tierra, aprenden
justicia los habitantes del orbe.
10 Aunque se haga gracia al malvado, no aprende justicia; en
tierra recta se tuerce, y no teme la majestad de Yahveh.
11 Yahveh, alzada está tu mano, pero no la ven; verán tu celo
por el pueblo y se avergonzarán, tu ira ardiente devorará a tus
adversarios.
12 Yahveh, tú nos pondrás a salvo, que también llevas a cabo
todas nuestras obras.
13 Yahveh, Dios nuestro, nos han dominado otros señores fuera de ti,
pero no recordaremos otro Nombre sino el tuyo.
14 Los muertos no vivirán, las sombras no se levantarán, pues
los has castigado, los has exterminado y has borrado todo recuerdo de
ellos.
15 Has aumentado la nación, Yahveh, has aumentado la nación y te
has glorificado, has ampliado todos los límites del país.
16 Yahveh, en el aprieto de tu castigo te buscamos; la angustia de
la opresión era tu castigo para nosotros.
17 Como cuando la mujer encinta está próxima al parto sufre, y
se queja en su trance, así éramos nosotros delante de ti, Yahveh.
18 Hemos concebido, tenemos dolores como si diésemos a luz
viento; pero no hemos traído a la tierra salvación, y no le nacerán
habitantes al orbe.
19 Revivirán tus muertos, tus cadáveres resurgirán, despertarán
y darán gritos de júbilo los moradores del polvo; porque rocío
luminoso es tu rocío, y la tierra echará de su seno las sombras.
20 Vete, pueblo mío, entra en tus cámaras y cierra tu puerta
tras de ti, escóndete un instante hasta que pase la ira.
21 Porque he ahí a Yahveh que sale de su lugar a castigar la
culpa de todos los habitantes de la tierra contra él; descubre la
tierra sus manchas de sangre y no tapa ya a sus asesinados.
27
1 Aquel día castigará Yahveh con su espada dura, grande,
fuerte, a Leviatán, serpiente huidiza, a Leviatán, serpiente tortuosa,
y matará al dragón que hay en el mar.
2 Aquel día se dirá: Viña deliciosa, cantadla.
3 Yo, Yahveh, soy su guardián. A su tiempo la regaré. Para que no se
la castigue, de noche y de día la guardaré.
4 - Ya no tengo muralla. ¿Quién me ha convertido en espinos y
abrojos? - Yo les haré guerra y los pisotearé, los quemaré todos a
una,
5 o que se acojan a mi amparo, que hagan la paz conmigo, que
conmigo hagan la paz.
6 En los días que vienen arraigará Jacob, echará Israel flores
y frutos, y se llenará la haz de la tierra de sus productos.
7 ¿Acaso le ha herido como hirió a quien le hería? ¿ha sido
muerto él como fueron muertos sus matadores?
8 Te querellaste con ella y la echaste, la despediste; la echó
con su aliento áspero como viento de Oriente.
9 En verdad, con esto sería expiada la culpa de Jacob, y éste
sería todo el fruto capaz de apartar su pecado; dejar todas las piedras
que le sirven de ara de altar como piedras de cal desmenuzadas. Cipos y
estelas del sol no se erigirán,
10 pues la ciudad fortificada ha quedado solitaria, mansión
dejada y abandonada como un desierto donde el novillo pace, se tumba y
ramonea.
11 Cuando se seca su ramaje es quebrado en astillas: vienen
mujeres y le prenden fuego. Por no ser éste un pueblo inteligente, por
eso no le tiene piedad su Hacedor, su Plasmador no le otorga gracia.
12 Aquel día vareará Yahveh desde la corriente del Río hasta el
torrente de Egipto, y vosotros seréis reunidos de uno en uno, hijos de
Israel.
13 Aquel día se tocará un cuerno grande, y vendrán los perdidos por
tierra de Asur y los dispersos por tierra de Egipto, y adorarán a
Yahveh en el monte santo de Jerusalén.
28
1 ¡Ay, corona de arrogancia - borrachos de Efraím - y capullo
marchito - gala de su adorno - que está en el cabezo del valle fértil,
aficionados al vino!
2 He aquí que uno, fuerte y robusto, enviado por el Señor, como
una granizada, como huracán devastador, como aguacero torrencial de
desbordadas aguas, los echará a tierra con la mano.
3 Con los pies será hollada la corona de arrogancia, los borrachos de
Efraím,
4 y el capullo marchito, gala de su adorno, que está en el cabezo
del valle fértil; y serán como la breva que precede al verano, que, en
cuanto la ve uno, la toma con la mano y se la come.
5 Aquel día será Yahveh Sebaot corona de gala, diadema de adorno
para el resto de su pueblo,
6 espíritu de juicio para el que se siente en el tribunal, y
energía para los que rechazan hacia la puerta a los atacantes.
7 También ésos por el vino desatinan y por el licor divagan:
sacerdotes y profetas desatinan por el licor, se ahogan en vino, divagan
por causa del licor, desatinan en sus visiones, titubean en sus
decisiones.
8 Porque todas las mesas están cubiertas de vómito asqueroso,
sin respetar sitio.
9 «¿A quién se instruirá en el conocimiento? ¿a quién se le
hará entender lo que oye? A los recién destetados, a los retirados de
los pechos.
10 Porque dice: = Sau la sau, sau la sau, cau la cau, cau la cau,
zeer sam, zeer sam. =»
11 Sí, con palabras extrañas y con lengua extranjera hablará a
este pueblo
12 él, que les había dicho: «¡Ahora, descanso! Dejad reposar
al fatigado. ¡Ahora, calma!» Pero ellos no han querido escuchar.
13 Ahora Yahveh les dice: «= Sau la sau, sau la sau, cau la cau, cau la
cau, zeer sam, zeer sam =», de suerte que vayan y caigan hacia atrás y
se fracturen, caigan en la trampa y sean presos.
14 Por tanto oíd la palabra de Yahveh, hombres burlones, señores
de este pueblo de Jerusalén.
15 Porque habéis dicho: «Hemos celebrado alianza con la muerte,
y con el seol hemos hecho pacto, cuando pasare el azote desbordado, no
nos alcanzará, porque hemos puesto la mentira por refugio nuestro y en
el engaño nos hemos escondido.»
16 Por eso, así dice el Señor Yahveh: «He aquí que yo pongo
por fundamento en Sión una piedra elegida, angular, preciosa y
fundamental: quien tuviere fe en ella no vacilará.
17 Pondré la equidad como medida y la justicia como nivel.»
Barrerá el granizo el refugio de mentira y las aguas inundarán el
escondite.
18 Será rota vuestra alianza con la muerte y vuestro pacto con el
seol no se mantendrá. Cuando pasare el azote desbordado, os aplastará.
19 Siempre que pase os alcanzará. Porque mañana tras mañana
pasará, de día y de noche, y habrá estremecimiento sólo con oírlo.
20 La cama será corta para poder estirarse y el cobertor será
estrecho para poder taparse.
21 Porque como en el monte Perasim surgirá Yahveh, como en el
valle de Gabaón se enfurecerá para hacer su acción, su extraña acción,
y para trabajar su trabajo, su exótico trabajo.
22 Ahora no os burléis, no sea que se aprieten vuestras
ligaduras. Porque cosa concluida y decidida he oído de parte de Yahveh
Sebaot, tocante a toda la tierra.
23 Escuchad y oíd mi voz, atended y oíd mi palabra.
24 ¿Acaso cada día ara al arador para sembrar, abre y rompe su
terreno?
25 Luego que ha igualado su superficie, ¿no esparce la neguilla,
y desparrama el comino, y pone trigo, cebada y espelta, cada cosa en su
tablar?
26 Quien le enseña esta usanza, quien le instruye es su Dios.
27 Porque no con el trillo es trillada la neguilla, ni se hace
girar rueda de carreta sobre el comino; sino que con el bastón es
apaleada la neguilla, y el comino con la vara.
28 ¿Se tritura el grano? No. No se le trilla indefinidamente; se
hace girar la rueda de la carreta, y se le limpia, pero sin triturarlo.
29 También esto de Yahveh Sebaot ha salido: trazar un plan
maravilloso, llevar a un gran acierto.
29
1 ¡Ay, Ariel, Ariel, villa donde acampó David! Añadid año
sobre año, las fiestas completen su ciclo,
2 y pondré en angustias a Ariel, y habrá llanto y gemido. Ella
será para mí un Ariel;
3 acamparé en círculo contra ti, estrecharé contra ti la estacada, y
levantaré contra ti trinchera;
4 serás abatida, desde la tierra hablarás, por el polvo será
ahogada tu palabra, tu voz será como un espectro de la tierra, y desde
el polvo tu palabra será como un susurro.
5 Y será como polvareda fina la turba de tus soberbios, y como
tamo que pasa la turba de tus potentados. Sucederá que, de un momento a
otro,
6 de parte de Yahveh Sebaot serás visitada con trueno, estrépito
y estruendo, turbión, ventolera y llama de fuego devoradora,
7 Será como un sueño, visión nocturna, la turba de todas las
gentes que guerrean contra Ariel, todas sus milicias y las máquinas de
guerra que la oprimen.
8 Será como cuando el hambriento sueña que está comiendo, pero
despierta y tiene el estómago vacío; como cuando el sediento sueña
que está bebiendo, pero se despierta cansado y sediento. Así será la
turba de todas las gentes, que guerrean contra el monte Sión.
9 Idiotizaos y quedad idiotas, cegaos y quedad ciegos;
emborrachaos, pero no de vino, tambaleaos, y no por el licor.
10 Porque ha vertido sobre vosotros Yahveh espíritu de sopor, he
pegado vuestros ojos (profetas) y ha cubierto vuestras cabezas
(videntes).
11 Toda revelación será para vosotros como palabras de un libro
sellado, que da uno al que sabe leer diciendo: «Ea, lee eso»; y dice
el otro: «No puedo, porque está sellado»;
12 y luego pone el libro frente a quien no sabe leer, diciendo: «Ea,
lee eso»; y dice éste: «No sé leer»
13 Dice el Señor: Por cuanto ese pueblo se me ha allegado con su boca,
y me han honrado con sus labios, mientras que su corazón está lejos de
mí, y el temor que me tiene son preceptos enseñados por hombres,
14 por eso he aquí que yo sigo haciendo maravillas con ese
pueblo, haciendo portentosas maravillas; perderé la sabiduría de sus
sabios, y eclipsaré el entendimiento de sus entendidos.
15 Ay de los que se esconden de Yahveh para ocultar sus planes, y
ejecutan sus obras en las tienieblas, y dicen: «¿Quién nos ve, quién
nos conoce?»
16 ¡Qué error el vuestro! ¿Es el alfarero como la arcilla, para
que diga la obra a su hacedor: «No me ha hecho», y la vasija diga de
su alfarero: «No entiende el oficio?»
17 ¿Acaso no falta sólo un poco, para que el Líbano se
convierta en vergel, y el vergel se considere una selva?
18 Oirán aquel día los sordos palabras de un libro, y desde la
tiniebla y desde la oscuridad los ojos de los ciegos las verán,
19 los pobres volverán a alegrarse en Yahveh, y los hombres más
pobres en el Santo de Israel se recocijarán.
20 Porque se habrán terminado los tiranos, se habrá acabado el
hombre burlador, y serán exterminados todos los que desean el mal;
21 los que declaran culpable a otro con su palabra, y tienden
lazos al que juzga en la puerta, y desatienden al justo por una nonada.
22 Por tanto, así dice Yahveh, Dios de la casa de Jacob, el que
rescató a Abraham: «No se avergonzará en adelante Jacob, ni en
adelante su rostro palidecerá;
23 porque en viendo a sus hijos, las obras de mis manos, en medio de él,
santificarán mi Nombre.» Santificarán al Santo de Jacob, y al Dios de
Israel tendrán miedo.
24 Los descarriados alcanzarán inteligencia, y los murmuradores
aprenderán doctrina.
30
1 ¡Ay de los hijos rebeldes - oráculo de Yahveh - para
ejecutar planes, que no son míos, y para hacer libaciones de alianza,
mas no a mi aire, amontonando pecado sobre pecado!
2 Los que bajan a Egipto sin consultar a mi boca, para buscar
apoyo en la fuerza de Faraón y ampararse a la sombra de Egipto.
3 La fuerza del Faraón se os convertirá en vergüenza, y el amparo de
la sombra de Egipto, en confusión.
4 Cuando estuvieron en Soán sus jefes, y cuando sus emisarios
llegaron a Janés,
5 todos llevaron presentes a un pueblo que les será inútil, a un
pueblo que no sirve de ayuda - ni de utilidad - sino de vergüenza y de
oprobio.
6 Oráculo sobre los animales del Négueb. Por tierra de angustia
y aridez, de leona y de león rugiente, de áspid y dragón volador,
llevan a lomos de pollinos su riqueza, y sobre jiba de camellos sus
tesoros hacia un pueblo que no les será útil,
7 a Egipto, cuyo apoyo es huero y vano. Por eso he llamado a ese
pueblo «Ráhab la cesante.»
8 Ahora ven, escríbelo en una tablilla, grábalo en un libro, y
que dure hasta el último día, para testimonio hasta siempre:
9 Que es un pueblo terco, criaturas hipócritas, hijos que no
aceptan escuchar la instrucción de Yahveh;
10 que han dicho a los videntes: «No veáis»; y a los
visionarios: «No veáis para nosotros visiones verdaderas; habladnos
cosas halagüeñas, contemplad ilusiones.
11 Apartaos del camino, desviaos de la ruta, dejadnos en paz del
Santo de Israel.»
12 Por tanto, así dice el Santo de Israel: Por cuanto habéis
rechazado vosotros esta palabra, y por cuanto habéis fiado en lo
torcido y perverso y os habéis apoyado en ello,
13 por eso será para vosotros esta culpa como brecha ruinosa en una
alta muralla, cuya quiebra sobrevendrá de un momento a otro,
14 y va a ser su quiebra como la de una vasija de alfarero, rota
sin compasión, en la que al romperse no se encuentra una sola tejoleta
bastante grande para tomar fuego del hogar o para extraer agua del
aljibe.
15 Porque así dice el Señor Yahveh, el Santo de Israel: «Por la
conversión y calma seréis liberados, en el sosiego y seguridad estará
vuestra fuerza.» Pero no aceptasteis,
16 sino que dijisteis: «No, huiremos a caballo.» ¡Pues, bien,
huid! Y «sobre rápidos carros montaremos». ¡Pues bien, rápidamente
seréis perseguidos!
17 Mil temblarán ante la amenaza de uno solo; ante la amenaza de
cinco huiréis, hasta que seáis dejados como mástil en la cúspide del
monte y como gallardete sobre una colina.
18 Sin embargo aguardará Yahveh para haceros gracia, y así se
levantará para compadeceros, porque Dios de equidad es Yahveh: ¡dichosos
todos los que en él esperan!
19 Sí, pueblo de Sión que habitas en Jerusalén, no llorarás ya
más; de cierto tendrá piedad de ti, cuando oiga tu clamor; en cuanto
lo oyere, te responderá.
20 Os dará el Señor pan de asedio y aguas de opresión, y después
no será ya ocultado el que te enseña; con tus ojos verás al que te
enseña,
21 y con tus oídos oirás detrás de ti estas palabras: «Ese es
el camino, id por él», ya sea a la derecha, ya a la izquierda.
22 Declararás impuro el revestimiento de tus ídolos de plata y
el ornato de tus imágenes fundidas en oro. Los rechazarás como paño
inmundo: «¡Fuera de aquí!», les dirás.
23 El dará lluvia a tu sementera con que hayas sembrado el suelo, y la
tierra te producirá pan que será pingüe y sustancioso. Pacerán tus
ganados aquel día en pastizal dilatado;
24 los bueyes y asnos que trabajan el suelo comerán forraje
salado, cribado con bieldo y con criba.
25 Habrá sobre todo monte alto y sobre todo cerro elevado
manantiales que den aguas perennes, el día de la gran matanza, cuando
caigan las fortalezas.
26 Será la luz de la luna como la luz del sol meridiano, y la luz
del sol meridiano será siete veces mayor - con luz de siete días - el
día que vende Yahveh la herida de su pueblo y cure la contusión de su
golpe.
27 He aquí que el nombre de Yahveh viene de lejos, ardiente su
ira y pesada su opresión. Sus labios llenos están de furor, su lengua
es como fuego que devora,
28 y su aliento como torrente desbordado que cubre hasta el
cuello. Cribará a las naciones con criba nefasta, pondrá el bocado de
sus bridas en la mandíbula de sus pueblos.
29 Vosotros cantaréis como en la noche de santificar fiesta; se
os alegrará el corazón como el de quien va al son de flauta a entrar
en el monte de Yahveh, a la Peña de Israel.
30 Hará oír Yahveh la majestad de su voz, y mostrará la
descarga de su brazo con ira inflamada y llama de fuego devoradora,
turbión, aguacero y granizo.
31 Pues por la voz de Yahveh será hecho añicos Asur: con un bastón
le golpeará.
32 A cada pasada de la vara de castigo que Yahveh descargue sobre
él - con adufes y con arpas - y con guerras de sacudir las manos
guerreará contra él.
33 Porque de antemano está preparado un Tófet - también para el rey -
un foso profundo y ancho; hay paja y madera en abundancia. El aliento de
Yahveh, cual torrente de azufre, lo enciende.
31
1 ¡Ay, los que bajan a Egipto por ayuda! En la caballería se
apoyan, y fían en los carros porque abundan y en los jinetes porque son
muchos; mas no han puesto su mirada en el Santo de Israel, ni a Yahveh
han buscado.
2 Pero también él es sabio, hará venir el mal, y no retirará
sus palabras; se levantará contra la casa de los malhechores y contra
la ayuda de los que obran la iniquidad.
3 En cuanto a Egipto, es humano, no divino, y sus caballos, carne, y no
espíritu; Yahveh extenderá su mano, tropezará el ayudador y caerá el
ayudado y todos a una perecerán.
4 Porque así me ha dicho Yahveh: Como ruge el león y el cachorro
sobre su presa, y cuando se convoca contra él a todos los pastores, de
sus voces no se intimida, ni de su tumulto se apoca: tal será el
descenso de Yahveh Sebaot para guerrear sobre el monte Sión y sobre su
colina.
5 Como pájaros que vuelan, así protegerá Yahveh Sebaot a
Jerusalén, protegerá y librará, perdonará y salvará.
6 Volveos a aquel de quien profundamente os apartasteis, hijos de
Israel.
7 Porque aquel día repudiará cada uno las divinidades de plata y
las divinidades de oro que hicieron vuestras manos pecadoras.
8 Caerá Asur por espada no de hombres, y por espada no humana serán
devorados; se dará a la fuga ante la espada, y sus mejores guerreros
serán destinados a trabajos.
9 Aterrado, abandonará su tropa, y sus jefes espantados abandonarán
su estandarte. Oráculo de Yahveh, que tiene fuego en Sión, y horno en
Jerusalén.
32
1 He aquí que para hacer justicia reinará un rey, y los jefes
juzgarán según derecho.
2 Será cada uno como un sitio abrigado contra el viento y a
cubierto del temporal; como fluir de aguas en sequedal, como sombra de
peñón en tierra agostada.
3 No se cerrarán los ojos de los videntes, y los oídos de los que
escuchan percibirán;
4 el corazón de los alocados se esforzará en aprender, y la
lengua de los tartamudos hablará claro y ligero.
5 No se llamará ya noble al necio, ni al desaprensivo se le
llamará magnífico.
6 Porque el necio dice necedades y su corazón medita el mal,
haciendo impiedad y profiriendo contra Yahveh desatinos, dejando vacío
el estómago hambriento y privando de bebida al sediento.
7 Cuanto al desaprensivo, sus tramas son malas, se dedica a
inventar maquinaciones para sorprender a los pobres con palabras engañosas,
cuando el pobre expone su causa.
8 Mientras que el noble medita nobles cosas, y en las cosas nobles
está firme.
9 Mujeres indolentes, ¡arriba!, oíd mi voz; hijas confiadas,
escuchad mi palabra.
10 Dentro de un año y algunos días temblaréis las que confiáis,
pues se habrá acabado la vendimia para no volver más.
11 Espantaos, indolentes, temblad, confiadas, desvestíos,
desnudaos, ceñid vuestra cintura,
12 golpeaos el pecho, por los campos atrayentes, por las viñas
fructíferas.
13 Sobre el solar de mi pueblo zarza y espino crecerá, y también sobre
todas las casas de placer de la villa alegre,
14 porque el alcázar habrá sido abandonado, el genio de la
ciudad habrá desaparecido; Ofel y el Torreón quedarán en adelante vacíos
por siempre, para delicia de asnos y pastizal de rebaños.
15 Al fin será derramado desde arriba sobre nosotros espíritu.
Se hará la estepa un vergel, y el vergel será considerado como selva.
16 Reposará en la estepa la equidad, y la justicia morará en el
vergel;
17 el producto de la justicia será la paz, el fruto de la
equidad, una seguridad perpetua.
18 Y habitará mi pueblo en albergue de paz, en moradas seguras y
en posadas tranquilas.
19 - La selva será abatida y la ciudad hundida.
20 Dichosos vosotros, que sembraréis cabe todas las corrientes, y
dejaréis sueltos el buey y el asno.
33
1 ¡Ay, tú que saqueas, y no has sido saqueado, que despojas,
y no has sido despojado! En terminando tú de saquear, serás saqueado;
así que acabes de despojar, serás despojado;
2 Yahveh, ten piedad de nosotros, en ti esperamos. Sé nuestro
brazo por las mañanas y nuestra salvación en tiempo de apretura.
3 Al fragor del estrépito se dispersan los pueblos, al alzarte tú se
desperdigan las gentes,
4 se amontona el botín como quien amontona saltamontes, se
alabanzan sobre él, como se alabanzan las langostas.
5 Exaltado sea Yahveh, pues reposa en lo alto; llene a Sión de
equidad y de justicia.
6 Sean tus días estables; la riqueza que salva son la sabiduría
y la ciencia, el temor de Yahveh sea tu tesoro.
7 ¡Mirad! Ariel se lamenta por las calles, los embajadores de paz
amargamente lloran.
8 Han quedado desiertas las calzadas, ya no hay transeúntes por
los caminos. Han violado la alianza, han recusado los testimonios, no se
tiene en cuenta a nadie.
9 La tierra está en duelo, languidece; el líbano está ajado y
mustio. Ha quedado el Sarón como la estepa, se van pelando el Basán y
el Carmelo.
10 «Ahora me levanto - dice Yahveh - ahora me exalto, ahora me
elevo.
11 Concebiréis forraje, pariréis paja, y mi soplo como fuego os
devorará;
12 los pueblos serán calcinados, espinos cercenados que en fuego
arderán.
13 Oíd, los alejados, lo que he hecho; enteraos, los cercanos, de mi
fuerza.»
14 Se espantaron en Sión los pecadores, sobrecogió el temblor a
los impíos: ¿Quién de nosotros podrá habitar con el fuego
consumidor? ¿quién de nosotros podrá habitar con las llamas eternas?
15 El que anda en justicia y habla con rectitud; el que rehúsa
ganancias fraudulentas, el que se sacude la palma de la mano para no
aceptar soborno, el que se tapa las orejas para no oír hablar de
sangre, y cierra sus ojos para no ver el mal.
16 Ese morará en las alturas, subirá a refugiarse en la
fortaleza de las peñas, se le dará su pan y tendrá el agua segura.
17 Tus ojos contemplarán un rey en su belleza, verán una tierra
dilatada.
18 Tu corazón musitará con sobresalto: «¿Dónde está el que
contaba, dónde el que pesaba, dónde el que contaba torres?»
19 Y no verás al pueblo audaz, pueblo de lenguaje oscuro,
incomprensible, al bárbaro cuya lengua no se entiende.
20 Contempla a Sión, villa de nuestras solemnidades: tus ojos verán
a Jerusalén, albergue fijo, tienda sin trashumancia, cuyas clavijas no
serán removidas nunca y cuyas cuerdas no serán rotas.
21 Sino que allí Yahveh será magnífico para con nosotros; como
un lugar de ríos y amplios canales, por donde no ande ninguna embarcación
de remos, ni navío de alto bordo lo atraviese.
22 (Porque Yahveh es nuestro juez, Yahveh nuestro legislador,
Yahveh nuestro rey: él nos salvará.)
23 Se han distendido las cuerdas, no sujetan derecho el mástil, no
despliegan estandarte. Entonces será repartido un botín numeroso:
hasta los cojos tendrán botín,
24 y no dirá ningún habitante: «Estoy enfermo»; al pueblo que
allí mora le será perdonada su culpa.
34
1 Acercaos, naciones, a oír, atended, pueblos; oiga la tierra
y cuanto hay en ella, el orbe y cuanto en él brota,
2 que ira tiene Yahveh contra todas las naciones, y cólera contra
todas sus mesnadas. Las ha anatematizado, las ha entregado a la matanza.
3 Sus heridos yacen tirados, de sus cadáveres sube el hedor, y sus
montes chorrean sangre;
4 se esfuma todo el ejército de los cielos. Se enrollan como un
libro los cielos, y todo su ejército palidece como palidece el
sarmiento de la cepa, como una hoja mustia de higuera.
5 Porque se ha emborrachado en los cielos mi espada; ya desciende
sobre Edom y sobre el pueblo de mi anatema para hacer justicia.
6 La espada de Yahveh está llena de sangre, engrasada de sebo, de
sangre de carneros y machos cabríos, de sebo de riñones de carneros,
porque tiene Yahveh un sacrificio en Bosrá, y gran matanza en Edom.
7 En vez de búfalos caerán pueblos, y en vez de toros un pueblo
de valientes. Se emborrachará su tierra con sangre, y su polvo será
engrasado de sebo.
8 Porque es día de venganza para Yahveh, año de desquite del
defensor de Sión.
9 Se convertirán sus torrentes en pez, su polvo en azufre, y se
hará su tierra pez ardiente.
10 Ni de noche ni de día se apagará, por siempre subirá el humo
de ella. De generación en generación quedará arruinada, y nunca jamás
habrá quien pase por ella.
11 La heredarán el pelícano y el erizo, el ibis y el cuervo
residirán en ella. Tenderá Yahveh sobre ella la plomada del caos y el
nivel del vacío.
12 Los sátiros habitarán en ella, ya no habrá en ella nobles
que proclamen la realeza, y todos sus príncipes serán aniquilados.
13 En sus alcázares crecerán espinos, ortigas y cardos en sus
fortalezas; será morada de chacales y dominio de avestruces.
14 Los gatos salvajes se juntarán con hienas y un sátiro llamará
al otro; también allí reposará Lilit y en él encontrará descanso.
15 Allí anidará la víbora, pondrá, incubará y hará salir del
huevo. También allí se juntarán los buitres.
16 Buscad el libro de Yahveh y leed; no faltará ninguno de ellos,
ninguno de ellos echará en falta a otro. Pues su misma boca lo ha
ordenado y su mismo espíritu los junta.
17 Es él mismo el que los echa a suertes, con su mano les reparte
el país a cordel; lo poseerán por siempre y morarán en él de
generación en generación.
35
1 Que el desierto y el sequedal se alegren, regocíjese la
estepa y la florezca como flor;
2 estalle en flor y se regocije hasta lanzar gritos de júbilo. La
gloria del Líbano le ha sido dada, el esplendor del Carmelo y del Sarón.
Se verá la gloria de Yahveh, el esplendor de nuestro Dios.
3 Fortaleced las manos débiles, afianzad las rodillas vacilantes.
4 Decid a los de corazón intranquilo: ¡Animo, no temáis! Mirad
que vuestro Dios viene vengador; es la recompensa de Dios, él vendrá y
os salvará.
5 Entonces se despegarán los ojos de los ciegos, y las orejas de
los sordos se abrirán.
6 Entonces saltará el cojo como ciervo, y la lengua del mudo
lanzará gritos de júbilo. Pues serán alumbradas en el desierto aguas,
y torrentes en la estepa,
7 se trocará la tierra abrasada en estanque, y el país árido en
manantial de aguas. En la guarida donde moran los chacales verdeará la
caña y el papiro.
8 Habrá allí una senda y un camino, vía sacra se la llamará;
no pasará el impuro por ella, ni los necios por ella vagarán.
9 No habrá león en ella, ni por ella subirá bestia salvaje, no
se encontrará en ella; los rescatados la recorrerán.
10 Los redimidos de Yahveh volverán, entrarán en Sión entre
aclamaciones, y habrá alegría eterna sobre sus cabezas. ¡Regocijo y
alegría les acompañarán! ¡Adiós, penar y suspiros!
36
1 En el año catorce del rey Ezequías subió Senaquerib, rey
de Asur, contra todas las ciudades fortificadas de Judá y se apoderó
de ellas.
2 El rey de Asur envió desde Lakís a Jerusalén, donde el rey
Ezequías, al copero mayor con un fuerte destacamento. Se colocó éste
en el canal de la alberca superior, que está junto al camino del campo
del Batanero.
3 El mayordomo de palacio, Elyaquim, hijo de Jilquías, el secretario
Sebná y el heraldo Yoaj, hijo de Asaf, salieron donde él.
4 El copero mayor les dijo: «Decid a Ezequías: Así habla el
gran rey, el rey de Asur: ¿Qué confianza es ésa en la que fías?
5 Te has pensado que meras palabras de los labios son consejo y
bravura para la guerra. Pero ahora ¿en quién confías, que te has
rebelado contra mí?
6 Mira: te has confiado al apoyo de esa caña rota, de Egipto, que
penetra y traspasa la mano del que se apoya sobre ella. Pues así es
Faraón, rey de Egipto, para todos los que confían en él.
7 Pero vais a decirme: "Nosotros confiamos en Yahveh nuestro
Dios." ¿No ha sido él, Ezequías, quien ha suprimido los altos y
los altares y ha dicho a Judá y a Jerusalén: "Os postraréis
delante de este altar?"
8 Pues apuesta ahora con mi señor, el rey de Asur: te daré dos
mil caballos si eres capaz de encontrarte jinetes para ellos.
9 ¿Cómo harías retroceder a uno solo de los más pequeños
servidores de mi señor? ¡Te fías de Egipto para tener carros y gentes
de carro!
10 Y ahora ¿acaso he subido yo contra esta tierra para
destruirla, sin contar con Yahveh? Yahveh me ha dicho: "Sube contra
esta tierra y destrúyela."»
11 Dijeron Elyaquim, Sebná y Yoaj al copero mayor: «Por favor, háblanos
a nosotros tus siervos en arameo, que lo entendemos; no nos hables en
lengua de Judá a oídos del pueblo que está sobre la muralla.»
12 El copero mayor dijo: «¿Acaso mi señor me ha enviado a decir
estas cosas a tu señor, o a ti, y no a los hombres que se encuentran
sobre la muralla, que tienen que comer sus excrementos y beber sus
orinas con vosotros?»
13 Se puso en pie el copero mayor y gritó con gran voz en lengua judía,
diciendo: «Escuchad las palabras del gran rey, el rey de Asur.
14 Así dice el rey: No os engañe Ezequías, porque no podrá
libraros.
15 Que Ezequías no os haga confíar en Yahveh diciendo: "De
cierto nos librará Yahveh, y esta ciudad no será entregada en manos
del rey de Asur."
16 No escuchéis a Ezequías, porque así dice el rey de Asur:
Haced paces conmigo, rendíos a mí, y comerá cada uno de su viña y de
su higuera, y beberá cada uno de su cisterna,
17 hasta que yo llegue y os lleve a una tierra como vuestra
tierra, tierra de trigo y de mosto, tierra de pan y de viñas.
18 Que no os engañe Ezequías, diciendo: "Yahveh nos librará."
¿Acaso los dioses de las naciones han librado cada uno a su tierra de
la mano del rey de Asur?
19 ¿Dónde están los dioses de Jamat y de Arpad, dónde los
dioses de Sefarváyim, dónde están los dioses de Samaría? ¿Acaso han
librado a Samaría de mi mano?
20 ¿Quiénes, de entre todos los dioses de los países, los han
librado de mi poder, para que libre Yahveh a Jerusalén de mi mano?»
21 Calló el pueblo y no le respondió una palabra, porque el rey
había dado esta orden diciendo: «No le respondáis.»
22 Elyaquim, hijo de Jilquías, mayordomo de palacio, el
secretario Sebná y el heraldo Yoaj, hijo de Asaf, fueron donde Ezequías,
desgarrados los vestidos, y le relataron las palabras del copero mayor.
37
1 Cuando lo oyó el rey Ezequías desgarró sus vestidos, se
cubrió de sayal y se fue a la Casa de Yahveh.
2 Envió a Elyaquim, mayordomo, a Sebná, secretario, y a los
sacerdotes ancianos cubiertos de sayal donde el profeta Isaías, hijo de
Amós.
3 Ellos le dijeron: «Así habla Ezequías: Este día es día de
angustia, de castigo y de vergüenza. Los hijos están para salir del
seno, pero no hay fuerza para dar a luz.
4 ¿No habrá oído Yahveh tu Dios las palabras del copero mayor
al que ha enviado el rey de Asur, su señor, para insultar al Dios vivo?
¿No castigará Yahveh tu Dios las palabras que ha oído? Dirige una
plegaria en favor del Resto que aún queda!»
5 Cuando los siervos del rey Ezequías llegaron donde Isaías,
6 éste les dijo: «Así diréis a vuestro señor: Esto dice
Yahveh: No tengas miedo por las palabras que has oído, con las que me
insultaron los criados del rey de Asur.
7 Voy a poner en él un espíritu, oirá una noticia y se volverá
a su tierra, y en su tierra yo lo haré caer a espada.»
8 El copero mayor se volvió y encontró al rey de Asur atacando a
Libná , pues había oído que había partido de Lakís,
9 porque había recibido esta noticia acerca de Tirhacá, rey de
Kus: «Ha salido a guerrear contra ti.» Senaquerib volvió a enviar
mensajeros para decir a Ezequías:
10 «Así hablaréis a Ezequías, rey de Judá: No te engañe tu
Dios en el que confías pensando: "No será entregada Jerusalén en
manos del rey de Asur".
11 Bien has oído lo que los reyes de Asur han hecho a todos los
países, entregándolos al anatema, ¡y tú te vas a librar!
12 ¿Acaso los dioses de las naciones salvaron a aquellos que mis
padres aniquilaron, a Gozán, a Jarán, a Résef, a los edenitas que
estaban en Tel Basar?
13 ¿Dónde está el rey de Jamat, el rey de Arpad, el rey de Laír, de
Sefarváyim, de Hená y de Ivvá?»
14 Ezequías tomó la carta de manos de los mensajeros y la leyó.
Luego subió a la Casa de Yahveh y Ezequías la desenrolló ante Yahveh.
15 Hizo Ezequías esta plegaria ante Yahveh:
16 «Yahveh Sebaot, Dios de Israel, que estás sobre los
Querubines, tú sólo eres Dios en todos los reinos de la tierra, tú el
que has hecho los cielos y la tierra.
17 «Tiende, Yahveh, tu oído y escucha; abre, Yahveh, tus ojos y
mira. Oye las palabras con |